26 de abril de 2013

Nunca me abandones, en La cueva del escritor



Mi reseña más actual en ese blog que me encargo de mantener vivito y coleando: La cueva del escritor (y deberían pasarse, publicamos consejos, entrevistas, columnas, noticias y reseñas, todo de interés literario). ¿Por qué todavía no se pasan? ¿Me quieren explicar? En fin… he aquí mi nueva reseña:  
En Hailsham se formaron los vértices de aquel triangulo que formaron ella, Ruth y Tommy durante toda su vida. Ruth, una muchacha vivaz, Kathy, algo más inocente e incrédula, y Tommy, con ataques de furia un día sí y un día también y con nulo talento para el arte… Sin embargo, a medida que el libro va avanzando, se forman esas preguntas en la mente del lector, ¿por qué los crían de esa manera?, ¿por qué les dan libertad sexual y les prohíben la nicotina?, ¿por qué se preocupan de manera exagerada por su salud?
 
Kathy relata el día a día reflexionando sobre los sentimientos de ese momento. Sobre lo que influyó su crianza en su vida posterior, como cuidadora. Su manera de ver el mundo, de preguntarse porqué Madame, que les tiene miedo (cosa que comprueban ella y sus cinco compañeras de cuarto) se lleva sus obras de arte a «La Galería». ¿Por qué esa galería? ¿Para qué?

Lee la reseña completa aquí.

24 de abril de 2013

Hablemos de poesía (XII): Táctica y estrategia


En memoria al recuento de mi vida amorosa y a los buenos recuerdos.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo
ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo
ni sé
con qué pretexto
por fin
me necesites.

23 de abril de 2013

Día del libro



Citando a mi esposa, Tanit, leer libros no te hace una buena persona. No te vas a volver la madre Teresa de Calcuta leyendo, te lo aseguro.

Presumir de todos los libros que has leído tampoco te va a volver más inteligente, o más culto.

Pero bueno, sigue leyendo.

Feliz día del libro. 

22 de abril de 2013

Inteligencia artificial, reflexión


Nota: este fue originalmente un trabajo para la materia de Orientación, el semestre pasado, cuando la maestra adoraba ponernos películas para no dar clase... Esperen, esa mujer nunca dio clase. 
La película propone un tema muy interesante: un robot que ame. ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Cómo programan algo artificial para que sienta como una persona? ¿Cómo programan los sentimientos?, ¿cómo crearlos de la nada? Un niño robot que ama. Sustituye al hijo —en  coma— de un matrimonio. Una vez programado ya no hay vuelta atrás: si un día la madre decide que no lo quiere, entonces tendrán que destruirlo.
Sin embargo, cuando el hijo despierta, el hijo de verdad, empiezan los problemas. Las competencias por ver quién de los dos quiere más a mamá y los engaños que la mente del robot no puede prever. No sabe nada de la vida, ni cuando lo crearon, no tienen ni siquiera un cumpleaños. Sólo ama.
Finalmente y después de una serie de eventos desafortunados y malentendidos por parte de los padres que no quisieron —no supieron, no previeron— la envidia del hijo y la ingenuidad ante la vida del robot, el niño robot se ve abandonado en el bosque en un mundo hostil donde es perseguido. Si lo encuentran, se acabó su existencia. Pero si no… él está decido a buscar —y entontrar— al Hada Azul que convirtió a Pinocho en un niño de verdad. ¿Por qué quiere ser un niño de verdad?, ¿qué espera lograr con eso?
La película me llevó a cuestionarme en determinado punto por qué el niño tenía tanto empeño en recuperar a su madre. ¿La ama de verdad o es sólo porque está programado para amarla? Quiero que lo vuelva a amar, que no lo vea como un monstro. Porque él, evidentemente, con la mente de un niño, no entiende qué pasó, por qué lo dejo de amar.
¿Cómo se puede crear un niño tan perfecto, que de verdad parezca un niño, capaz de amar y ser correspondido? Un niño como todos los demás: inocente y juguetón. Un niño desesperado por recuperar el amor de su madre y convertirse en un niño de verdad porque siente —y se ha dado cuenta— que como robot es marginado y relegado a otra parte. Sólo es un robot.
Me pareció que no estaba dispuesto a detenerse ante nada, con la tenacidad de un niño, hasta que lograra lo que se proponía: recuperar el amor de la mujer que considera su madre, creyendo que lo han marginado porque es un robot. Y un robot no es lo mismo que un niño humano, de carne y hueso, por más inteligencia que tenga. 

21 de abril de 2013

Reseñas en +bits



Escribí dos reseñas en +bits está esta semana de dos libros diametralmente opuestos: Hermosas criaturas (que ha pasado sin pena ni gloria por las librerías y por el cine después de una agresiva campaña de marketing que no dio resultado) y Battle Royale (algo
parecido a The Hunger Games, pero muy diferente).


Hermosas Criaturas

Lo vendieron como el nuevo Harry Potter, un fenómeno increíble, con super-ventas…, que no le ha llegado ni a los pies a Crepúsculo o a Los Juegos del Hambre, a pesar de ya tener una película que pasó sin pena ni gloria por las salas de cine al mismo tiempo que las nominadas a los óscares.
Evidentemente, no es lo que fue el fenómeno Harry Potter y mucho menos se le acerca. Hermosas Criaturas es un libro que hay que leer sin pretensiones, sin esperar nada, dejando que te entretenga.
Lee la reseña completa aquí.


Battle Royale

Acusaron a Los juegos del hambre de plagio de Battle Royale sin saber que lo único que los dos libros comparten es esa premisa de adolescentes matándose entre sí, sin saber que son historias con una psique y una profundidad muy diferente, ambas explorando distintos aspectos de una historia lejanamente parecida. Porque, ¿qué harías tú si tuvieras que matar a tus compañeros de clase, a esos que conoces desde que eres un niño, con los que has pasado gran parte de tu vida?
Al comienzo de la novela cuarenta y dos adolescentes que se disponen a disfrutar el viaje de fin de cursos son llevados hasta una isla mientras duermen y despertados con la noticia de que tienen tres días para matarse entre ellos y que quede uno sólo. Les dicen que participar en el Programa (Battle Royale) es una gran oportunidad, pero la mayoría lo considera sólo una pena de muerte…, les dicen que deben hacerlo con ganas y con entusiasmo, pero la inmensa mayoría se dejará arrasar por la desesperación que acabará por llevarlos a distintos caminos…
Lee la reseña completa aquí.

20 de abril de 2013

Por un fandom sin Rayita


Últimamente escribo patochadas llenas de estupideces, cada cuál más grande que otra, pero bueno, quitémosle un poco lo serio al blog.

¿Ya conocen a la petarda de rayita? Mejor conocida como “______”, se llama como tú y tiene una suerte de puta madre. También se puede encontrar en las modalidades “Historia del pendejo de turno & tú” y “TN” —tu nombre—. Protagonista de sinfín de cosas que no merecen ser llamadas novelas (pero que en Facebook así con conocidas por un montón de adolescentes hormonadas que no merecen ser llamadas escritoras…), ni siquiera fanfiction, que tienen un montón de recursos absurdos para escribir la historia que “todos quieren leer”, porque obvio obvio todas querríamos estar de novias con nuestro artista o personaje favorito.

Este es un ejemplo de cómo no se debe editar...,
digo, de novelas de Rayita & Justin Bieber en Facebook.
La imagen, ni idea de a quien pertece, pero tiene dueño.

Así que rayita tiene una suerte increíble, saber hablar inglés perfectamente y lo más importante de todo… es rica. Nunca lo da a entender, claro, no lo dice como si tal cosa, pero se muda a vivir al país de su ídolo como si nada y acaba siendo su vecina, su compañera de clase, su algo. Además tiene dinero ilimitado porque nunca repite nada de ropa (y las escritoras tienen la necesidad de poner una foto de cada zapatos que se ponga como si los lectores fueran retrasados mentales y no tuvieran imaginación)… Por otro lado el ídolo en cuestión parece no tener guardaespaldas (por favor, ¿los de One Direction sin gente que los cuide de sus histéricas fans? ¿Justin Bieber en esa situación? ¿El artista del momento sin gente que lo ayude a deshacerse de paparazzis idiotas que quieren tomarle una foto con mal enfoque para venderla a la revista de chismes que pague mejor?).

Además Rayita siempre tiene que ser bellísima (y casi no usa maquillaje) para que el protagonista se fije en ella y le tire onda, a pesar de que es una simple fan con muchísima suerte (mejor que la de Sakura en Tsubasa, y eso ya es decir mucho) que tiene unos cuantos delirios de Mary Sue —mujer perfecta, siempre impecable, inteligente, con cuerpo de put… digo, de estrella de Hollywood—, y que a pesar de rondar entre los quince y los dieciocho no tiene ninguna necesidad de ir a la escuela (y que es sumamente inteligente, como no).

¡Es una estupidez! Es todo absurdo, las tramas no tienen sentido, ni fundamento y son sólo alentadas por las fantasías de una adolescente (generalmente) hormonada que no tiene mucho sentido de lo que es el mundo real, de cuánto cuesta un viaje a Londres, cuánto cuesta vivir en Londres o simplemente cuánto cuesta toda la ropa de su glamurosa protagonista, Rayita. Eso sí, Rayita no es rica, sólo tiene oportunidades… (o es rica o se gana la lotería muy seguido, una de dos).

Así que yo abogo por un fandom sin Rayitas. Yo abogo por un fandom de escritos más inteligentes, donde las tramas tengan sentido y las acciones de la protagonista no giren sólo en torno a un protagonista masculino bastante buenazo… (a sus ojos), y este protagonista es generalmente un ideal que no conseguirán nunca, porque no existe, porque es sólo la imagen —irreal y desvirtualizada—, de lo que es ser un artista (porque ser un artista no es todo diversión y fiestas, hay trabajo, y hay estrés, y hay fans que más que fans parecen psicópatas asesinas).

Por un fandom realista.

19 de abril de 2013

Love of lesbian


Volví a ese lugar, allí donde solíamos gritar. Y te recordé. Corría 1999 y ya éramos oniria e insomnia, besándonos en los portales ajenos, buscando los colores de una sombra. Me enamoré en tu segundo asalto de besos y caricias, caí rendida mientras me contabas la historia de una hache que no quería ser muda. Corríamos por Madrid, encendiendo incendios de nieve, abrazándonos para luchar contra un frío que se metía hasta debajo de los huesos…
Andábamos de la mano, un día en el parque y al siguiente en el cine, improvisando nuestras maniobras de escapismo, huyendo del mundo y de la realidad, para meternos en esos universos infinitos que no nos pertenecían. Andábamos abrazados, enseñándole el dedo corazón al mundo mientras nos besábamos y mientras decías «te hiero mucho» en vez de «te quiero mucho».

Han pasado diez años y voy a romper las ventanas para recordarte y hacer del caos un arte. Estás clínicamente muerto y no volverás a cantarme la orden de desahucio en mi menor nunca más. Y ando como alma en pena, lamentando los días no vividos a tu lado, preguntándome si vendrá a reclamarte la noche eterna de una vez por todas. Y si salimos de ésta ya nunca seremos los mismos…, no seremos aquellos amantes de 1999. ¿Dónde quedará nuestro domingo astromántico, mirando al cielo, contando estrellas infinitas?  ¿Dónde se irá ese Houston, tenemos un poema, seguido de tu voz recitándome a Sabines y a Chumacera, a Neruda y Paz, a Benedetti?
Pero amor, sin tu magia, ¿cómo voy a continuar?


Pueden intentar encontrar todas las referencias a uno de mis grupos favoritos, escritas un día de aburrimiento crónico y ponérmelo en comentarios. O simplemente leerlo sin pretensiones y decirme qué les pareció (y qué le entendieron).  Sea lo que sea que prefieran, la caja de comentarios está allá abajo y hace mucho que nadie completa una C.C. ¿Quién se anima? 

17 de abril de 2013

Insurgente, Verónica Roth | Reseña

Un chulo emblema de Cordialidad,
facción que a mí me parece
la más mentirosa de todas. 

La mala leche no le ayuda a mi digestión, pero como es divertida…

Pues después de fumarme Divergente porque me dijeron que era un buen libro y otras cosas que no viene al caso contar, y reseñarlo en +bits (aquí), instando a las masas a alejarse de él (porque seamos sinceros, podría haber sido un libro decente para pasar el rato, pero la confusión de términos entre osadía, valentía, estupidez y brutalidad rompe todo el cuadro que nos había intentado pintar Verónica Roth), decidí que quizá era una buena idea leer Insurgente (por favor, en este momento alguien me da un zape y me dice que deje yo mis buenas ideas, que hoy ya tuve bastantes).

 Y los resultados de leer Insurgente fueron: tener ganas de aventar el libro muy lejos, porque me preguntaba de si estaban insultando mis capacidades mentales, y unas ganas de matar a los protagonistas con sus propias armas.

En sí, ¿cuál es el problema de Insurgente?

¡Es un libro sin rumbo!

Y además de no tener rumbo (el ochenta por ciento del libro te preguntas hacia dónde van los personajes, porque parece que van a trompicones por ahí haciendo estupideces, confundiendo valentía con brutalidad y con estupidez —sobre todo Tris, que decide que rescatar gente en un lugar atascado de potenciales asesinos sin una sola arma es una buena idea—), tampoco tiene ritmo. Avanza a trompicones, como los mismos personajes, que se vuelven más estúpidos a cada oración y acaban traicionándose hasta a sí mismos en un intento de Roth por hacer la trama interesante (quizá para algunos lo logré, pero aunque esté presente el factor «misterio», los personajes que cambian brutalmente de personalidad le quitan el encanto a todo).
  
La relación de Tris con Cuatro involuciona en un párrafo y evoluciona al siguiente…, aunque quizá esto tenga que ver con los evidentes transtornos de personalidad de Tris (llamados Divergencia… si la autora quería hacer notar que la divergencia era algo más interesante no lo ha logrado: Tris va de actitud Abnegación a actitud Osadía a saltos y les juro que una facción llamada Estupidez Crónica le viene que ni pintada en algunos momentos del libro).



No todo es malo en Insurgente: sí hay cosas que valen la pena, cómo esa pregunta que te deja Roth al final. Esa incertidumbre por saber si va a conseguir resolver el problema que armó con el final (un final no muy sorpresivo desde la mitad del libro, pero igual impacta un poquito) y esos pocos buenos personajes escondidos entre protagonistas involucionados, traidores a la sangre, pero no a la facción y brutales Osadía que creen que matar a gente sin armas a sangre fría tiene que ver si quiera un poco con la valentía.

12 de abril de 2013

Hablemos de poesía (XI): Los amorosos


Les traigo uno de mis poemas favoritos de Jaime Sabines (si no el favorito, que es irremediablemente “No es que muera de amor”), para renovar un poco la sección, para recordar que la poesía también existe y que no la podemos aventar por allí y olvidarla como su tal cosa.

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Jaime Sabines
Nea

10 de abril de 2013

No hay que ser wikipedia andante

Digamos que ya no me emociona ser
 Potterhead

Como últimamente no me da por reseñar, si no por ver qué tan podrido va el mundo (que los humanos vamos a tiempo record, unos milenios más y no queda nada vivo), o ya para el casi sólo Twitter, plataforma web para perder el tiempo por excelencia y decir tonterías que muchos leerán y que pocos recordarán (sí, lo tengo perfectamente asumido cuando lo uso, créanme).

El meollo del asunto es de ese fenómeno que lleva un tiempo gestándose en todas esas llamadas fanbases (llenas de niñas pre pubertas cargadas de hormonas intentando meterle su opinión por las narices al mundo sin saber que muy probablemente el resto del mundo ya tiene una opinión propia y esta es muy respetable, aunque nos pese…).

Sí, las opiniones de todos son respetables, aunque para ti Christian Grey sea el dios del sexo o tu último amor sea Edward Cullen o te quieras violar a Jon Nieve, o pienses que Green Day es lo mejor del mundo, o digas odiar a la gente que ve anime, o estés enamorada de C.C. (cofcof) o para ti Los Juegos del Hambre sea la mejor distopía. Se vale todo.

Con esa premisa pasemos a lo que sigue:

Partamos del punto de que tú, persona, eres fan de algo (pongamos, por ejemplo, una saga —que es el tema de moda en mi twitter, tengo que sobreexplotarlo—) y como te has leído todos los libros muchísimas veces, y además de eso has leído la Wikipedia, las páginas oficiales y cuánta información resulta ser confiable de tu adoración (léase, tu saga preferida ever), eres algo así como… Una Wikipedia andante, una enciclopedia que va por el mundo como si tal cosa.

Dah, que no, que no está mal. Que así la saga sea Twlight eres libre de aprendértela de memoria. Faltaba más. Desde que existe el mundo existe la libre expresión, o pretende existir y no me vas a caer mal o bien por saberte Twilight de memoria.

El problema es cuando, tú, persona, consideras que para ser verdadero fan (porque ya no se puede disfrutar por gusto, no, se tiene que ser un verdadero fan porque si no eres un falso y te insultan como sí el mundo se estuviera cayendo a pedazos y tú fueras el responsable) debe de saber tanto como tú. Tachas de “falso” a cualquiera que no es una Wikipedia andante.

Que sí, que he caído en eso. Pero aprendí que puedes exponer tus opiniones siempre y cuando no insultes las de los demás. Se les va la vida en insultar a los “falsos” como a Cersei Lannister viendo a Tyrion en los rincones (y a mí de paso se me va escribiendo estás patochadas, pero me da igual) y se olvidan que existen argumentos. Que uno puede discutir si le da la gana, pero queda muy mal cuando lo deja todo en un “pues está es mi opinión y te callas”. Argumentos, argumentos ¡existen!, no se olviden de ellos, porque la frase anterior sólo denota creencias de superioridad e inmadurez (para mí).

Así que antes de insultar a alguien, en este caso un mal fan “por no saberse todos los nombres de todos los personajes que aparecen en cada una de las páginas de la saga Harry Potter” o “por no saberse la fecha de nacimiento ni los nombres de los integrantes de Coldplay” o “por no saber cuándo fue la última vez que Justin Bieber fue al baño”, recuerden:

Para que te guste algo (seas fan de algo) no hay que ser una wikipedia andante.  

Nea

9 de abril de 2013

Reseña de «Gritos de amor» en Estrella en Potencia



Bell, a quién conocí el año pasado en la FIL Zócalo, se animó a leer mis poemas y le hizo una reseña a Gritos de amor (¿qué esperan para descargar el poemario?) en su blog: Estrella en Potencia, cosa que le agradezco mucho ya que… ¡es la primera vez que me reseñan mis poemas! Eso emociona, obviamente.
Para quienes leen poemas con más frecuencia que yo, les resultará raro que Nea maneje un estilo que no es muy ortodoxo que digamos. Es decir, no son los clásicos versos que incluso con leerlos crees oír un sonsonete que te hace querer lanzarlos lejos (Bell rueda los ojos). Sin embargo, recordemos que la poesía es una parte de la literatura que no siempre es bien apreciada; de hecho, he llegado a oír que llaman "anticuados" a los poemas, menos cuando les conviene (como en trabajos escolares o cuando quieren quedar bien, por poner ejemplos cotidianos). Por lo tanto, que Nea haga algunos que no son con una estructura "tradicional" es un cambio que quizá las nuevas generaciones aprecien.
¡Lee la reseña completa aquí!
Nea

8 de abril de 2013

La Délicatesse


Esta película de 2011, que apenas se molestó en llegar a los cines mexicanos, fue lo que fui a ver el viernes con mi mamá con la excusa de que me llevara a MixUp. Fuimos a ver esta porque no estaba Parker, ese refrito a la Nicolas Cage que mi mamá quería ver porque tenía disparos y esas películas le encantan. Es la segunda película en la que veo a actual a Audrey Tatou (Amélie), aunque desde hace tiempo tengo el ojo puesto en Coco avant Chanel y en Un long dimanche de fiançailles (las dos las tengo, pero no hay cables para mi DVD que me dejen verlas…)

¿De qué trata? Nathalie (Audrey Tautou) es una preciosa joven que lo tiene todo: un buen trabajo, está casada con el hombre del que está perdidamente enamorada y goza de una salud estupenda. Pero de repente un día todo esto cambia cuando su marido fallece en un grave accidente de coche. Tras el incidente, Nathalie se hunde perdiendo la ilusión y pasa varios años centrada exclusivamente en su trabajo dejando a un lado su vida sentimental. De pronto conoce a Markus, un compañero de trabajo (François Damiens), que cambiará la situación en la que se ve inmersa desde hace tiempo e iniciarán un romance lleno de sorpresas, contradicciones y novedades.

Como no sé ni mierda de cine me limitaré a decir que me pareció una película muy buena (aunque no mejor que Amélie, todo hay que decirlo) y que las actuaciones de los dos protagonistas son excelentes —a mi parecer, que por cierto, no sabe de cine—. La forma en que Nathalie se zambulle en su trabajo tras la muerte de François, no dejando espacio para nada más en su vida…

Sin embargo un día dice a Markus, un compañero de trabajo (su subordinado, en realidad), al que besa sin conocerlo, sin saber quién es… Y Markus la hace volver a creer en el amor. Suena cursi, pero algo así pasa. Me gusta la evolución de esa relación que al principio parecía no llegar a ninguna parte, que parecía haberse quedado sólo en un beso robado en un despacho de una empresa con bastantes chismosos dentro (bueno, no dejan a Nathalie en paz cuando descubren que tiene algo que ver con Markus), y un jefe bastante acosador (aunque sin pasar de ahí, no, no tenemos creepys).

¿La recomiendo? ¡Claro!

Además, la música a cargo de Emilie Simon, es preciosa, aquí les dejo mi tema preferido: Bel amour.


Nea

7 de abril de 2013

"La misma historia de siempre" en La cueva del escritor



Esta es la columna que publiqué el día de hoy en el blog dedicado a escritores que administro: La cueva del escritor. Es algo que lleva en mi cabeza ya mucho tiempo: el por qué, como lectores, insistimos una y otra vez en volver a las mismas tramas y los mismos refritos que ya conocemos de toda la vida. Invito a una reflexión —verdadera—, y a que exijamos un poco más a la hora de leer.
Seamos un poco más exigentes como lectores. No dejemos que los autores o los editores nos traten como retrasados mentales. Porque mientras novelas como estos refritos que vemos una y otra vez en las estanterías de una librería se convierten en best sellers, las novelas realistas, que valen la pena, que nos van a hacer pensar y nos van a hacer sentir que los personajes son reales, con una personalidad desarrollada, se quedan olvidadas en las estanterías, donde nadie las ve, ni las lee…
Exijamos un poco más. Dejemos de leer el plagio de la misma historia de siempre
Lee la columna completa aquí.

Nea