5 de octubre de 2016

Indiaventuras de una Poulain (bis)

Sí me quedaron pendientes fotos, pues no podia dejar de contarles de más cosas de la India. La India tiene lo bueno, lo malo, lo mejor, lo pésimo. Tiene el poder de ponerme feliz y bajarme a la tierra en segundos y acabar riéndome de mi desgracia y de mi situación. No sé. Dicen que la India es una Madre, que por eso tú no la escoges, sino que te escoge ella a ti. Sabrá el Dios en el que no creo porqué acabe en la India, porque ni yo lo sé.  Les juro que yo quería acabar en Islandia o en Polonia y de ahí reboté para acá. Sin embargo, a pesar de que nunca pensé en acabar en a India cuando veo fotos como la que les voy a poner abajo me acuerdo por qué estoy en la india. 

La foto en cuestión es de la Amer Fort y me la tomaron después de verme mirando total y completamente embobada esos jardines y esos arcos. De hecho, si notan, mi cara tiene esa expresión de «todavía no puedo creer que estoy aquí». Para entonces llevaba ya un mes en la India, así que pueden estar seguros de que todavía no se me ha quitado esa cara. La pongo seguido. 


La India me ha hecho darme cuenta de que toda la gente que conoces la conoces por casualidad. Al final les puede acabar gustando lo mismo o no, pero aquí lo que nos unió fue la India. Compartimos algunos gustos, no nos entendemos la mitad del tiempo. Dicen que el truco es hacer y dejar hacer. Total, ya preguntaras por sus cosas raras y ellos preguntarán por las tuyas. Igual te preguntan cómo haces plátanos fritos o igual se horrorizan al ver como pones plátanos con arroz y te los comes como si nada. (¡ES NORMAL EN MÉXICO, CARAJO!). Al final, lo que nos acaba uniendo es el perpetuo asombro por la India y la necesidad de tener a alguien que entienda por lo que estás pasado. 

Así que ahí estamos, contra el barandal, viendo Jaipur hacia abajo, quizá preguntándonos como podemos estar en ese mismo momento en un lugar tan hermoso. O yo que sé que estaban pensando los demás. Pero lo cierto es que es imponente. 


Por alguna razón que no acabo de comprender, a los indios les encantan los pavo reales. Tengo una bufanda verde (oh, que sorpresa, nadie veía venir ese color) que tiene, en cada orilla, un majestuoso pavo real. La mitad de las cosas están decoradas así. A mi me fascina porque los pavo reales, aunque son animales cuya actitud me pone de nervios, me encanta como se ve la decoración basada en ellos. O sea. Por favor. Miren la foto. 



Esta foto además tiene una historia chistosa. Logramos que un hombre nos la tomara, aunque hubo que enseñarle a usar la cámara. Y ya que nos la tomó, sin decir nada ni pedirnos nada (probablemente porque no hablaba inglés), nos hizo señas para que no nos moviéramos, sacó su celular, se lo dió a alguien y fue a posar con nosotros. Y luego otros dos hicieron lo mismo. Nos sentíamos pinches super estrellas. A veces piden selfies. A mí sólo me las han pedido dos veces, las dos veces en el hostal donde me estaba quedando. 

Bueno, bueno, ya me estoy quejando sin fotos de Jaipur, una de las ciudades que no deben dejar de visitar si andan en el norte de la India. Bueno, no está tan al norte como Chandigarh, pero deben ir. Es preciosa, tiene palacios por todas partes y lugares a donde ir. Les dejo un par de fotos más porque son fantásticas (y yo estoy alimentando mi ego).

Notese la bolsa y la backpack en la espalda.

Ahora vamos a hablar de Chandigarh, de verdad, de la buena, lo juro. Hubiera empezado en orden cronológico, pero contarles y decirles mil veces que Jaipur es hermoso pudo conmigo. Total, este no es un blog de viajes y yo no tengo ningún instructivo para escribir ninguno. Así que antes de que divage más les contaré cosas de Chandigarh: es de las ciudades más ordenadas de la India. No, esperen, creo que es la más ordenada. Al menos tiene semáforos y, aunque cruzar la calle sigue siendo un deporte extremo, es menos deporte extremo que en otros lugares. Está limpia para los estándares del país y no la he explorado mucho, la verdad. 

Si vienen (y lo digo como si la India estuviera a la vuelta de la esquina) en la misma época del año que yo, pueden saltarse el Rose Garden porque igual se encuentran esto nada más:

Miren cuantas rosas
En serio, qué cantidad de rosas
Por otro lado, cuando la India te frustra demasiado y quieres volver al mundo occidental del consumismo, hay malls donde puedes sentir que estás, que se yo, de vuelta en occidente. Exceptuando el hecho de que te catean en la entrada y que si eres mujer te catean detrás de una cortinita. Nada como cuando vas a los conciertos y la única diferencia entre mujeres y hombres era que te cateaba alguien de tu mismo sexo. Y resulta que por alguna razón la comida mexicana es algo que tiene fama por aquí y hay un Chilis. Claro que si en México quieres comida mexicana no vas a pun puto Chilis, pero aquí si quieres algo que dizque parezca pues vas ahí a dilapidar tu dinero. Por ejemplo.

Nuestras caras de éxtasis son reales
Bueno, volvamos al tema. El punto de la India no es acabar en los malls, excepto cuando quieres comer proteína de verdad. Si no eres vegano o vegetariano antes de venir, la India te jode la dieta, tu cuerpo no está acostumbrado a vivir así y adelgazas. Bueno. Volvamos al punto. Volvimos a Chandigarh para conocer el Rock Garden y es, definitivamente, uno de los parques más bonitos que he visto en toda mi vida. Igual y no le gana a la Ciudad Universitaria con su serpiente y su zona escultórica, pero es precioso. Miren: 




De hecho, si se fijan en la gente en las fotos, como uno de mis roomies hizo notar, se dan cuenta de que la India es uno de los lugares más coloridos del mundo. Es increíble cuando de hecho te encuentras entre toda esa manera de color y ves como la gente sigue visitando los parques de su ciudad, tomándose selfies, yendo en familia, en pareja o con amigos. Es precioso y si el paisaje es igual de bonito, pues el buen día está asegurado. Ay, India, préstame tantitos de tus colores, ¿no?

En una de las partes del Rock Garden había columpios y, bueno, acabamos como niños de cinco años. La India va a resultar buena hasta para reconectar con tu niño interior. Aquí la prueba:


Ya no tengo mucho más que contarles sobre el lugar, creo que dije que es precioso las suficientes veces, pero creo que todavía no he mencionado lo maravilloso y divertido que es mi squad. Pero por si acaso, vamos a recalcarlo de nuevo:

Brandon, what the fuck are you doing?
Un poco Backstreet Boys sí somos
Happy People
Bueno, en fin, no sé, todavía me falta contarles un chingo de cosas sobre la India, sobre todo sobre ser mujer en la India, los mitos, las realidades, las frustraciones, el mal chiste que es mi universidad. Pero quería que las dos primeras entradas sobre mi vida en la India fueran de cosas felices y tuvieran cosas padres. Además de que quería que conocieron a mi squad que es maravilloso. Así que ya saben, si vienen a la India alguna vez, déjense llevar. No hay otra manera de sobrevivir a la India. Tengan paciencia, sonrían, no intenten entender nada. No hay modo de entender este lugar, pero hay muchas maneras de disfrutarlo y asombrarse de sus magníficos paisajes, palacios, templos, fortalezas. Todo. 

Sonrían. Aprendan cultura. Pregunten si quieren. Abran su mente. No todo funciona como funcionen las cosas en el país de donde vienen. La India es única. A la India no la entiendes, a la India sólo la puedes disfrutar.

Estoy en, casi, el punto más alto de Jaipur

1 comentario:

  1. Qué genial entrada, me dieron muchas ganas de visitar alguna vez la India a la que, como bien dices, pocas veces se encuentra en los propósitos. Quiero decir, de alguna manera que rebotaras ahí es magnífico. Espero con ansias las próximas entradas. ¡Saludos y abrazos hasta allá!

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