1 de mayo de 2011

De mis sueños recurrentes y delirios ocasionales


Hablando de sueños. ¿Quién nunca ha tenido un sueño… así muy… recurrente que se repite noche tras noche? Yo. Exactamente yo. En serio, nunca me he acordado de haber tenido un sueño repetido –que seguramente lo he tenido, pero no me acuerdo-… nunca desde pequeña mis pesadillas eran variadísimas –que desde allí tengo esta apabullante imaginación- sin embargo, aunque no eran iguales, los temas iban más o menos sobre lo mismo.

Hace mucho, cuando yo tenía unos nueve diez años, recuerdo que soñé sobre una persecución. Me acuerdo con lujo de detalles: yo era adulta –no recuerdo como me veía exactamente- e iba acompañada de un chico –un chico sin nombre ni cara, porque no recuerdo haberlo visto en ninguna parte-. Estábamos en una tienda almacén y robábamos algo y teníamos que huir por unos acantilados. Al final me salvé en helicóptero. Me salve yo, no el chico sin nombre, que justo cuando subía al helicóptero cayó en manos de quienes nos perseguían y se acabó. Pues, bien, hace poco, soñé otra vez con una persecución. Yo vivía en un mundo alterno bastante extraño: cubierto de plantas. Y la gente vivía en los subterráneos, y se entraba por unas trampillas bastante monas –como pueden ver, mejoré el escenario, pero no me pregunten que me fume para imaginar eso, ni yo lo sé-. Recuerdo que también había un chico sin nombre y que nos la pasábamos huyendo una y otra vez. Al final, yo me salvé escurriéndome por una trampilla y el chico se quedó atorado. ¿Les suena la trama? Seh, es la misma.
De algún modo, fue y no fue el mismo sueño.

Otros de mis sueños han sido Tom Felton –realmente soñé con él-: yo estelarizaba una obra de teatro a su lado, y cuando estábamos a punto de besarnos la alegre voz de mi mamá me llamó a levantarme.
Un híbrido entre mi sobrino y el hombre de mis sueños en un escenario bastante surreal también: era mi escuela, según esto, que era subterránea, con pisos de cristal y enorme… muy enorme. No me pregunten qué pasó: no llegué ni a decirle hola al galán cuando la canción Rolling Star, de Yui estaba sonando.
Y B. No me pregunten que soñé, pero sé que soñé dos noches seguidas con él, pero nunca el mimo sueño, era diferente.

Y esos son mis sueños. Hay más, por supuesto, pero no me da la gana contárselos todos. Ya va siendo hora de que vayan empezando a contar los suyos propios para que este blog deje de ser yo, yo, yo, yo, yo y por último yo.

¿Qué hay de sus sueños? ¿Se repiten? ¿Son tan surreales como los míos?

Nea.

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