20 de octubre de 2015

Caramelo, Sandra Cisneros | Reseña

Sinopsis: Every year, Ceyala "Lala" Reyes' family--aunts, uncles, mothers, fathers, and Lala's six older brothers--packs up three cars and, in a wild ride, drive from Chicago to the Little Grandfather and Awful Grandmother's house in Mexico City for the summer. Struggling to find a voice above the boom of her brothers and to understand her place on this side of the border and that, Lala is a shrewd observer of family life. But when she starts telling the Awful Grandmother's life story, seeking clues to how she got to be so awful, grandmother accuses Lala of exaggerating. Soon, a multigenerational family narrative turns into a whirlwind exploration of storytelling, lies, and life. Like the cherished rebozo, or shawl, that has been passed down through generations of Reyes women, Caramelo is alive with the vibrations of history, family, and love.

Nunca me había encontrado con un libro que hablara de manera tan sencilla de mi cultura, la mexicana, y no fuera de alguien de aquí. Sandra Cisneros es descendiente de Mexicanos nacida en Estados Unidos, chicana, como quien dice. Hay mucha gente que cree que la cultura es la misma o muy parecida, que al fin y al cabo es latina, pero hay algo que cambia. Los hijos de mexicanos nacidos del otro lado de la frontera no conocen México muchas veces y hablan español con acento. La diferencia cultural es brutal, porque no comen la misma comida, aunque sea parecida, no conocen el picante de verdad, no festejan el 15 y el 16 de Septiembre, sino en Cinco de Mayo, tradición puramente chicana. Este libro es sobre eso: sobre estar al borde de dos culturas y ver como Lala trata de entender sus raíces.

Rebozo de Santa María del Río.
La primera parte de la historia nos cuenta las aventuras de Lala en los veranos en México, en la casa de Awful Grandmother y un viaje a Acapulco. El reparto lo acaban de completar Aunty Light-Skin, Uncle Baby y Uncle Fat-Face, además de todos sus primos y sus seis hermanos. Por la época, imagino que estamos en los cincuentas o en los setentas. Todo el libro Awful Grandmother no ha parado de recordarme a las historias que he leído de mi propia abuela. Por eso, quizá, aunque es un personaje que no está hecho para agradar del todo, me ha parecido muy cercano. Reconozco ese clasismo Mexicano de querer parecer más español, esa celebración a las raíces indígenas que empieza después de la Revolución, pero en la que los indios siguen siendo discriminados, apartados y tratatos, como diría Lala: like shit. Lo reconozco todo. Los tamales, el mole, los rebozos de bolita de Santa María del Río, San Luis Potosi, Acapulco. Lala lo pinta como un mundo extraño, pero a mí todas las descripciones aún en inglés con muchísimas palabras en español y expresiones derivadas del español me recuerdan algo que ya conozco: es el mundo en el que vivo: hace 50 años.

Después, la historia retrocede y nos cuenta cómo se conocieron Little Grandfather y Awful Grandmother. Hay quien dice que es un recurso para poder empatizar con los dos personajes, en especial con la desagradable abuela. En esa historia son sólo Soledad Reyes y Narciso Reyes. Primos demasiado lejanos que ni siquiera lo saben. Narciso es hijo de un sevillano que da clases de música y una mujer que vive sumida en sus propias ínfulas, convencida de que pertenece a la alta sociedad. Nos narra los días de la Revolución y la Guerra en la ciudad de México. La Décena Trágica en la que Narciso perdió tres costillas y la entrada de los Zapatistas y de los Villistas a la ciudad.

Pancho Villa en la silla presidencial, Zapata a su lado.
Después volvemos al futuro, donde Lala ya no es una niña que ve a sus papás y a su abuela pelear en Acapulco. Estamos en Chicago y la abuela se ha mudado con ellos, ella está apunto de entrar en High School y está intentando entender su adolescencia. Es demasiado grande para su edad, no demasiado bonita y demasiado tímida. Está rodeada de hombres y su madre no es alguien de confianza. Vive en un departamento con otras ocho personas donde es imposible tener privacidad. Es la parte que más lejana me sonó de toda la historia, pero aún así soy capaz de reconocer lo mexicano en toda la historia. 

Me encantó el libro porque, además, Sandra Cisneros escribe de una manera muy poética, sin sonar rebuscada o forzada. La historia es simple y la narradora, Lala, sabe como llegar al corazón de los lectores. Pienso que este libro traducido pierde mucho. Muchas de las expresiones están en español, así que hay partes escritas con mucho mucho spanglish y traducido no se aprecia ese detalle. Otro detallazo es que nada viene traducido en los pies de página, sino que los pies de página, que no son muchos ni exagerados, traen detalles de la historia, geografía y cultura en general de México. 

Adelitas de la Revolución
Hay una cita, en especial, que quiero dedicarle a todos aquellos que creen conocer el estereotipo físico latino. A todas esas personas que dicen que alguien rubio y de ojos claros no es latina, o que alguien de piel demasiado oscura tampoco lo es. Sólo en México tenemos una variedad impresionante:
— Hey, hippie girl, you Mexican? On both sides?
— Front & back, I say.
— You sure don’t look Mexican.
A part of me wants to kick their ass. A part of me feels sorry for their stupid ignorant selves. But if you’ve never been farther south than Nuevo Laredo, how the hell would you know what Mexicans are supposed to look like, right?
There are the green-eyed Mexicans. The rich blond Mexicans. The Mexicans w/the faces of Arab sheiks. The Jewish Mexicans. The big-footed-as-a-German Mexicans. The leftover-French Mexicans. The chaparrito compact Mexicans. The Tarahumara tall-as-a-desert-saguaro Mexicans. The Mediterranean Mexicans. The Mexicans w/Tunisian eyebrows. The negrito Mexicans of the double coasts. The Chinese Mexicans. The curly-haired, freckled-faced, red-headed Mexicans. The Lebanese Mexicans. Look, I don’t know what you’re talking about when you say I don’t look Mexican. I am Mexican. Even though I was born on the U.S. side of the border.
En fin, esta reseña ya me esta quedando demasiado larga, así que simplemente me queda decirles ya que el libro es muy recomendable y que a mí me encantó. Realmente es un libro que vale muchísimo la pena y Sandra Cisneros ha resultado ser todo un diamante en bruto.

1 comentario:

  1. me la apunto porque ya la habia escuchado y se ve buenisimo

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