4 de abril de 2019

The True Lives of the Fabulous Killjoys: The future is bullerproof

Sinopsis: Years ago, the Killjoys fought against the tyrannical megacorporation Better Living Industries, costing them their lives, save for one—the mysterious Girl. Today, the followers of the original Killjoys languish in the Desert while BLI systematically strips citizens of their individuality. As the fight for freedom fades, it’s left to the Girl to take up the mantle and bring down the fearsome BLI! 

Esta entrada además de reseña es un paseo por la nostalgia de mi adolescencia que empezó más o menos en el 2006/07 cuando entré a la pubertad. Y decidí que vestirme siempre de negro era lo más cool y que intentar tener fleco emo era una excelente idea (algo que no logré hasta esta época, que tengo un fleco falso que cuando crece me tapa toda la cara). De hecho creo que si buscan al principio de blog van a encontrar todavía rastros de mi adolescencia emo. Cosas que pasan cuando creas un blog a los 13 (casi 14) años. Pero bueno, vamos a hablar de comics primero.

The True Lives of the Fabulous Killjoys es un comic publicado en seis grapas/issues escrito por Gerard Way y Shaun Simon e ilustrado por la maravillosa e increíble Becky Cloonan (este fue el primer comic que leí ilustrado por ella y la verdad es que la ilustración se merece un 10). Es una continuación/spin-off/cosa relacionada con el último album de My Chemical Romance, Danger Days: The true lives of the fabolous Killjoys y estoy segura de que la experiencia lectora mejora cuando fuiste fan y escuchaste el albúm. No tengo pruebas pero tampoco dudas. Dicho eso, sé que cada producto cultural debería poder sostenerse y hablar por sí mismo (a menos de que hablemos de una saga de películas/libros donde es obvio que hay que conocer los anteriores, pero bueno, yo no aplico eso a spin-offs) y esa, prácticamente, es toda la razón de por qué este comic se fue con una aprobado justo en las estrellas de Goodreads (aun así, puntuar un libro en una escala del uno al cinco es algo que todavía no me acaba de gustar porque me gusta exponer mis razones para que me haya gustado o no en reseñas larguísimas que no lee nadie).

The True Lives of the Fabulous Killjoys ocurre en las lindes de Battery City, la zonas, el desierto. Empieza con una chica, un gato y una transmisión de radio que nos pone en contexto. Todas las cosas que me gustan de las primeras páginas es que nos enseña el mundo en el que se va a desarrollar la historia mostrándonos las cosas. No cuenta, sino que muestra. ¿Quién es la chica? ¿Quién fue? ¿Quienes fueron los verdaderos Killjoys de los que se habla en el radio como una leyenda? Todo lo va mostrando, poco a poco, sin sobre exponer su mundo. Les juro que eso me convenció de seguir leyendo porque quería saber más cosas del mundo y de los personajes dónde se desarrollaba la historia (especialmente porque recordaba 0 cosas sobre el disco Dager Days).


Además de eso presenta los otros hilos argumentales que sigue el cómic, de los cuales mi favorito es la historia de Red y Blue, dos prostitutas robots de Battery City (nada fuera de la realidad ni tampoco tan ciencia ficción, es algo que ya existe en este mundo capitalista lamentable) que están enamoradas una de la otra (robots con sentimientos, I'm up for that) y sueñan con ser libres. Hay una parte en la que dicen que un día DESTROYA bajará del cielo y los hará libres a todos (amo amo esas historias con esa clase de backstory en cuestión de mitos/leyendas) y que sus cuerpos serán sólo suyos y pienso que eso es hermoso.


Y por ahí también empieza a involucrarse la historia de Korse, un robot asesino de Battery City que desarrolla sentimientos y que es el estúpido arco más confuso de todo el comic, así que aquí es cuando voy a hacer rewind y les voy a contar mi vida entera. 

Bueno, no entera, sólo un pedazo. Probablemente yo no hubiera leído este comic es bastante tiempo si no hubiera sido fan de My Chemical Romance ni hubiera tenido una etapa full emo en mi vida. (Y sí, ya sé que la música de MCR no es exactamente del género, pero la mayoría de su following si lo era y su aesthetic se acercaba bastante). Mi preadolescencia y mi adolescencia trascurrieron en esos gloriosos años en los que la gente se horrorizaba y fascinaba con los emos. Salían noticias como: ¿Los emos promueven la autolesión y el suicidio? (tema laaaaargo, la verdad), mi mamá se quejaba de mis intentos de tener fleco (todos fallidos hasta ahora que tengo 23 años y un fleco falso que me descuido y me cubre media cara), de los flecos de mis amigas, de la ropa que usaba (teníamos un mal gusto tremendo), de la música que oía (30 veces al día The Black Parade aderezado con Welcome to my life de Simple Plan y la mitad de Three Cheers for Sweet Revenge y por ahí pedazos de Good Charlotte y otras cosas que ella considera lamentables). Una época interesante para se empezar a ser adolescente la verdad, cosa que me duró como del 2006 a una parte del 2009 (y ya luego sólo sobrevivieron mis gustos musicales y mi mal gusto en la ropa muto de estilo).


Todo ese párrafo fue de contexto. La cosa es que yo fui algo así como *emo por accidente*. Yo era una niña nerd, fan de Harry Potter, friki ya desde la primaria que o encajaba en ningún lado y era cero cool (y además nunca me gustaban las cosas que eran cool en ese entonces, como High School Musical o la música de Hillary Duff). No pertenecía a nada exactamente. Hasta el día que vi un poster de Gerard Way con el cabello negro y se me cayeron los calzones. Hay días que mi heterosexualidad me da miedo, perdón. El caso es que así llegué a todo lo emo, lo triste, sad, nostálgico, meláncolico, decadente, todo a la vez. Y descubrí que me gustaban las historias que nacían de todo ese montón de sentimientos (léase: por qué considero The Black Parade como uno de los mejores álbumes que se han escrito) y que son cosas que al día de hoy sigo buscando.

Eso es una parte de por qué la historia de The True Lives of the Fabolous Killjoys me llama tanto la atención de entrada (además de que ya quedamos que fan de MCR, sé dónde andan los antiguos integrantes en la vida y qué hacen, léase Gerard Way). El mundo decadente, el mood meláncolico, de que quizá todo lo glorioso ya quedó atrás. Los Killjoys originales están muertos en la historia, sólo queda gente que está intentando llenar sus zapatos, manteniéndose bajo el radar para no ser descubiertos por Better Living Industries (BL/ind), la empresa que maneja Battery City. Y queda la niña a la que protegían, la niña que viajó con ellos. El problema es que de repente, sobre todo en las dos últimas grapas/issues sientes que te estás perdiendo de algo, que hay más backstory de la que cupo en el comic y empecé a sentir desesperadamente de que había faltado espacio para acabar de amarrar el final y no dejarme tan confundida.


Resultó que era porque no recordaba absolutamente nada de Danger Days y de sus videos y que el comic, en su final, a la hora de sostenerse por sí mismo como un producto cultural, cojeaba un poco. Es realmente lo único lamentable. (La historia del pasado de la niña, por cierto, está en el video de Na Na Na y en el de SING, si es que les interesa). Me quejé un poco porque CADA PRODUCTO CULTURAL DEBE PODER SOSTENERSE POR SÍ MISMO. Y soy una histérica de que eso se cumpla (ya lo podemos ver con Harry Potter, ver las películas sin leer los libros es un mundo de confusión porque omiten datos que luego sí usan y nadie entiende nada). 


Por otro lado, una de las mejores cosas del comic es la ilustración de Becky Cloonan. Esta fue la primera vez que leí un cómic con su trabajo y quedé maravillada (nivel ahora quiero ver todas sus ilustraciones por siempre). La verdad es que sí recomiendo mucho a esta ilustradora. También es la primera vez que leo a Shaun Simon, aunque no fue lo primero que leí en mi vida de Gerard Way (remember, crazy fangirl) y me gustó bastante en general. Sólo siento que, de verdad, les faltó espacio o intentaron abarcar más de lo que les daban las páginas que tenían disponibles. Por lo demás, les recomiendo la historia si quieren algo en ciencia ficción y sobre todo para decirles que esta clase de mundos son los mundos que me gusta ver retratados en la ciencia ficción (no sé me dan tanto los viajes intergalácticos ni el mundo progresando al 100 porque más bien me gusta explorar el despeñadero al que nos está llevando el sistema económico actual).


Creo que si bien no es un producto tan sólido como lo esperaba, es un experimento bastante interesante para darle una vuelta y conocerlo. El desarrollo de los personajes es bastante decente, especialmente en el caso de Blue y Red, las robots, que casi casi fueron mi arco favorito en toda la historia. La niña también me gusta mucho y todo el mito que se construye en torno a DESTROYA y a por qué los Killjoys protegían originalmente a la niña (algo que nunca había sido explorado tal cual o respondido a la perfección) me gusta mucho.

De hecho, me parece que el desarrollo de la niña, que ya no es niña, sigue un modelo bastante libre del viaje del héroe a través de todo el cómic. (Supongo que conocen el viaje del héroe, que es un tópico usado y reusado en novelas fantásticas y de ciencia ficción que hace que una historia sea bastante satisfactoria; por ejemplo, Harry Potter lo sigue en todos los libros, Star Wars, Star Trek, incluso libros de Narnia siguen ese modelo, El señor de los anillos y así hasta la saciedad). Aunque parece que gran parte de su historia quedó atrás cuando le dice a Cola (quien la salvó una vez y en el comic se convierte en su mentor) que los Killjoys le enseñaron a vivir, se nota que es un personaje que sigue evolucionando bastante. En fin, después de tanta verborrea (esta reseña ya me quedó enorme), sí, a pesar de todo, les recomiendo este comic.

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