19 de noviembre de 2012

En la FILIJ XXXII


No había ido a la FILIJ 2012 porque no tenía dinero. O si lo tenía era contado. Así que el  17 de Noviembre hace dos días salí de mi casa —tarde— con el tiempo contado para llegar a la presentación del libro Palabras Envenenadas de Maite Carranza (y el dinero contado, también). No contaba con que el metro me jugaría una de sus trampas y se quedaría estancado en San Cosme como diez minutos, cuando a mí me faltaba más de la mitad de la línea azul para llegar al CNA, sede de la FILIJ así que llegue tarde cuando todos los lugares de adelante estaban ocupados y no estaban hablando ya de Palabras Envenenadas, sino de su reconocida trilogía La Guerra de las Brujas. Aun así, valió la pena.

Compré el libro con el dinero que llevaba (¡y salió más barato de lo que esperaba!) y me senté —atrás— a escuchar a Maite Carranza. Aun así, aunque llegue muy muy tarde, me dio tiempo de alzar la mano y dar mi opinión de lo que me había parecido Palabras Envenenadas («pero sin spoilers», me advirtió la autora).

A eso fui a la FILIJ: a conocer a Maite Carranza, una autora que conocí con la Guerra de las Brujas, y la historia de Anaíd, la Elegida y redescubrí con Palabras Envenenadas, un libro total y completamente diferente a lo que había leído de ella y que tengo que decir: me encantó. Me dio mucho gusto platicar un poco con ella mientras me firmaba el libro y me decía «sigue leyendo así… y escribiendo, porque de seguro escribes». (Eso después de que le dijera que me había leído Palabras Envenenadas en un día).

Después de preguntarle por algo que me había puesto en el libro y que me costó descifrar  fui a buscar Edebé para hacerme con otro de sus libros: Magia de una noche de verano, en el que curiosamente sale un C.C. (sí, el nombre es igual al amor de pelo verde que tengo como encabezado, y como fondo, y en todo el blog). Como dijeron que Maite iría a la editorial me senté cerca de allí y comencé a leer. Leí capítulo y medio en lo que Maite llegaba. Me firmó también ese libro y me hizo leer la dedicatoria en voz alta para asegurarse de que no me había escrito jeroglíficos.


Después de eso, con los ánimos muy por arriba fui a recorrer toda la FILIJ:

En SM no encontré Comics de MdI y, como ya me había abastecido de libros de esa editorial en la FIL Zócalo, no compré nada. En Planeta todo salía de mis posibilidades. En Alfaguara vi Las ventajas de ser invisible, pero no lo compré, esperando encontrarlo en su idioma original en una Gandhi. Y finalmente en Random House tuve que dejar Tormenta de Espadas porque no le bajaron ni mínimamente el precio.

Mi tercera y última adquisición fue en Porrúa, de un libro que venía cazando desde hace tiempo: el segundo volumen de la antología de cuentos de terror de Lovecraft, de la colección Quarto de Hora. Después de eso, tuve que irme. Estaba en la otra punta de la ciudad y en mi casa me esperaba la comida. Hice más del doble de tiempo de regreso gracias a un metro que se paró en la mitad de las estaciones y un camión al que le tocó todo el tráfico de la comida.

Acabé comiendo a las seis, pero valió la pena: conocí a Maite Carranza, justo a lo que fui a la FILIJ.

(Y así, he conocido a otra de mis autoras favoritas…)


Nea

2 comentarios:

  1. Te entiendo completamente. Ese momento de felicidad y euforia al conocer a uno de tus autores favoritos. Igual me sucedió en la FIL de mi estado.
    Un beso hermosa.

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    1. Es una euforia increíble :) Incluso aunque no sea de tus favoritos-favoritos. >.< Es que asdf. Yo llevo dos autoras en menos de un mes y es genial :)

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