25 de febrero de 2013

La Reina del Sur, Arturo Pérez-Reverte | Reseña



Nombre: Teresa
Apellidos: Mendoza Chávez (alias La Mejicana)
Características físicas: Ojos negros. Cabello negro. Sin marcas ni cicatrices. Complexión delgada. Estatura 1,67.
Historia criminal: Nacida en Culiacán, Sinaloa (Méjico). Hija de padre español y madre mejicana. Convivió con Raimundo Dávila Parra, alias El Güero Dávila, piloto de aviación relacionado con el cártel de Juárez. Viaja a España. Melilla. Relacionada con Driss Larbi, propietario de clubs nocturnos. Algeciras. Gibraltar. Relacionada con Santiago López Fisterra, piloto de planeadores. Tráfico de tabaco y estupefacientes. Detenida por el Servicio de Vigilancia Aduanera. Prisión de El Puerto de Santa María.

Teresa Mendoza empieza a correr, desde Culiacán, el día que le avisan que El Güero Dávila está muerto por medio de una llamada de un celular que nunca debió de hacer sonado y acaba en España, conocedora de todos los secretos de El Güero, en Melilla, al lado de Santiago Fisterra. Y allí, en España, se convirtió en la leyenda de La Reina del Sur tras sobrevivirle a Fisterra y pasar por la carcel

Un libro que habla del narcotráfico y que nunca se hace pesado, que narra las aventuras de una mujer que desafió a todos los que no la tomaron en serio y se tornó una parte importante de la red de droga en España.

Casi sin diálogos, con una narración atrapante, que desvela los entresijos de la personalidad de una mujer enigmática y hermosa, incapaz de decir «te quiero», renuente a atarse a alguien, dispuesta a todo…

Tereza Mendoza está basada en Sandra Ávila Beltrán, La Reina del Pacífico, internacionalmente conocida.
“Sonó el teléfono y supo que la iban a matar. Lo supo con tanta certeza que se quedó inmóvil. La cuchilla en alto, el cabello pegado a la cara entre el vapor del agua caliente que goteaba en los azulejos. Bip-bip. Se quedó muy quieta, conteniendo el aliento como si la inmovilidad o el silencio pudieran cambiar el curso de lo que ya había ocurrido. Bip-bip. Estaba en la bañera, depilándose la pierna derecha, el agua jabonosa por la cintura, y su piel desnuda se erizó igual que si acabara de reventar el grifo del agua fría. Bip-bip. En el estéreo del dormitorio, los Tigres del Norte cantaban historias de Camelia la Tejana. La traición y el contrabando, decían, son cosas incompartidas”.

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