Antes de las mejores lecturas del 2025 tengo que platicarles de las peores. Antes de eso quiero hacer algunas aclaraciones sobre por qué lo hago, porque me preocupa de repente la retórica de la gente al hablar de las cosas negativas del mundo. Entiendo por qué las reseñas negativas generan más tráfico que las positivas: existe curiosidad sobre por qué a alguien no le gusta algo, especialmente cuando es algo que sí te gusta (al día de hoy, hay gente que todavía insiste en insultarme en mi reseña de Ten Count que tiene el dudoso honor de ser un yaoi que no me gustó en su planteamiento diciendo que es mi culpa porque no distingo realidad de ficción y si vieran otras cosas que leo y me gustan se les caería el argumento, pero no les interesa checar más, cómo que mi manga favorito este año es MADK).
Al final, entiendo a qué juego entro cuando hablo negativamente de las cosas y entiendo cómo lo hago. Tengo reglas muy duras porque el tiempo me ha enseñado que participar en el ragebait no trae nada bueno y a mí no me gusta pelearme en internet. Pero aun así, me gusta contarles. Si a ustedes les gustó alguno de estos libros, que yo opine mal de ellos no es reflejo ni de sus escritores ni de ustedes como lectores. Decir que no me gustaron no me hace más honesta ni menos honesta que sólo hablar de lo que me gusta. Mis favoritos son también honestos, y no es mi obligación entregar ninguna cuenta sobre mis omisiones porque, bueno, no soy maestra de clase corrigiendo tarea, ni critica literaria, ni está el capitalismo apuntándome con una pistola. Al final, ser hater es algo que hago por puro gusto.
Dicho eso, vamos allá. No hay autores hispanos esta vez pero de todos modos nadie etiquete a nadie ni busque a nadie para contarle.
To Wield The Darkest Night, Beau Van Dalen
Yo quería que me gustara este libro y creo que fui víctima de mis propias expectativas. Llegué sin esperar fantasía más allá del decorado, porque este es un libro honesto que no pretende ser algo más que romance y aún así salí decepcionada. Incluso dentro de un romance formuláico (sé a lo que me meto cuando me meto a leer Romance con erre mayúscula), la historia me quedó a deber e hizo aguas por todos lados. El decorado de atrás me ayudaba muy poco, el desarrollo fue nulo y los personajes prácticamente no tuvieron un arco de desarrollo. Empezaron siendo buenas personas, terminaron en el mismo cuadrante, como si no hubiesen caminado. Lo que me pareció más interesante es la manera en la que el protagonista va encarando su trauma y en alguna parte eso también queda olvidado en pos de perseguir una positividad que se siente falsa. Entiendo que con ella la intención del autor es presentar historias de personajes trans felices y celebro, pero hace falta tanto trabajo detrás literariamente que nada me convenció. Es un libro autopublicado que se hubiese beneficiado de un ojo editor que ayudara a suavizar repeticiones cacofónicas y se asegurara de que la voz narrativa seguía un mismo hilo.
Por otro lado, la fantasía cuando es sólo un decorado presenta también un problema en sí misma. No puede ofrecer nada más más que ser una suerte de escenografía incompleta que sólo sostiene un status quo poco pensado. Ocurre constantemente en historias estilo cottage core, hope core, etc., en donde el status quo plateado es sólo un reflejo de un sistema muchas veces capitalista o simplemente una sociedad de clases con parches encima para parecer inclusiva o positiva. Pero estos libros no son fantasía, sino romance, entonces la fantasía no puede ofrecer nada más, nunca es desarrollada, nunca es pensada, nunca tiene un por qué. La excusa para el viaje que realizan Sol, el protagonista, y su interés romántico es tan poco importante, tan risible, que no tienen ningún peso en la trama y no conduce a ningún final satisfactorio. Esta es una historia donde la magia existe, pero no tiene consecuencias, y la escenografía, a cambio, se siente sólo como un decorado barato. Yo esperaría que, incluso si este tipo de libros no son de fantasía, si tengan consciencia de la tradición que usan para construir sus escenarios y la ocupen a su favor. ¡Tienen el lenguaje!
Ellas hablan, Honor Cargill-Martin
El enésimo ejemplo de que hay mucha gente angloparlante hoy en día (no puedo creer que Honor Cargill-Martin sea inglesa, los considero menos puritanos) cree que los niños son idiotas e incapaces de comprender las complejidades de los mitos. Yo no tuve ningún problema en leer la historia de Jasón, el vellocinio de oro y Medea de niña o leer la historia de Pandora. Me pasa que yo leí muchísima mitología de niña porque me fascinó todo ese mundo después de ver una adaptación super mensa y camp de la Iliada de los Crayola Kids y leí muchísimas versiones y adaptaciones, griegas, romanas, me acerqué a mitología de otros lados, etc. Para cuando empezó el boom de Percy Jackson a mí se me hizo muy menso e infantil (pero en mal plan, en plan creo que los niños son tontos y tengo que hacer gringos a los dioses griegos) y salvo excepciones, la narrativa sobre los mitos que se ha tenido el los libros para niños y jóvenes en los círculos gringos me parece malísima. Este libro no fue la excepción.
Parte de la idea de presentar las historias de las mujeres siendo ellas las principales narradoras. El problema es que insiste en hacer los mitos más misóginos de lo que realmente y a ellas les quita los defectos para sólo dejarles las virtudes. Vamos, quiere presentar a personajes feministas pero sin ninguna complejidad, más planas que una hoja de papel, que no cometen errores. Los errores se omiten. ¿Cómo le explicas a los niños los actos de Medea, que mató a sus hijos, cuando crees que los niños son idiotas y no pueden entender narrativas que tú consideras complejas porque eres un puritano de mierda? Fácil: no se los cuentas. Todo lo que hace a las protagonistas de los mitos ser personajes relevantes de la mitología aquí deja de existir, a la autora le importa más presentar los ideales que tiene sobre ellas que dialogar con los mitos. Pésimo por todos lados y lo único positivo que puedo decir es que al menos, al menos, el arte se ve lindo.
Penélope y las doce criadas, Margaret Atwood
El trauma del año. Pocos libros los he odiado tanto como este. Admito que tenía expectativas sobre la narrativa de Atwood y sobre todo sobre su ética intelectual. Conozco El cuento de la criada (al que le veo las costuras, pero me parece una obra muy interesante en su contexto) y esperaba que, al centrarse en el personaje de Penélope, literariamente hubiese un diálogo entre lo que es la Odisea y la historia de una reina que esperó a que su marido volviera de la guerra durante veinte años, defendiéndose de pretendientes que aspiraban a matar a su hijo y quedarse con su trono. No conseguí nada de eso. Margaret Atwood jamás dialoga con la Odisea y parece que no le interesa la historia; le importa mucho más su propia idea de Penélope y de los hombres que cualquier otra cosa. Vuelve mezquinos a personajes que no lo eran, inserta más misoginia en una obra clásica con el propósito de mejorarla o de poner a Penélope por encima de esos prejuicios.
Pone a Penélope y a Helena en lugares opuestos de la cancha, ensañándose con Helena, burlándose de su personaje, la tragedia que representa y juzgando con ojos presentistas acciones que se narran en las post homéricas. Paradójicamente, eso hace que las post homéricas sean mucho menos misóginas de lo que es este libro. Intentando hacer un análisis de clase el texto parece aliarse con mujeres que se vuelven accesorios para el abuso sexual e incluso lo promueven, negándoles voz propia a las criadas porque incluso en los capítulos donde hablan sólo existen en razón de Penélope. Todos los personajes pierden sus atributos y se vuelven sólo pedazos planos de lo que a Atwood le conviene que sean para justificar la sarta de incoherencias que escribió acá.
Me pareció de una bajeza intelectual tremenda. No puedes escribir sobre los mitos si no te interesa dialogar con ellos porque entonces lo único que ofreces es lo que es este libro: un cascarón sin sustancia, panfletario pero sin ningún valor literario, como un libro pedido por encargo porque estaba de moda darle voz (qué es esa mierda de expresión) a las mujeres de los mitos. Y como última nota, diré que, dado que su nombre es The Penelopiad en inglés (haciendo un juego con The Odyssey), me pareció medio cobarde no ponerle la Penelopiada o algo similar en español.














No hay comentarios:
Publicar un comentario