18 de marzo de 2018

Crítica a Do Muslim Women Need Saving? de Lila Abu-Lughod

Sinopsis: Frequent reports of honor killings, disfigurement, and sensational abuse have given rise to a consensus in the West, a message propagated by human rights groups and the media: Muslim women need to be rescued. Lila Abu-Lughod boldly challenges this conclusion. An anthropologist who has been writing about Arab women for thirty years, she delves into the predicaments of Muslim women today, questioning whether generalizations about Islamic culture can explain the hardships these women face and asking what motivates particular individuals and institutions to promote their rights.
In recent years Abu-Lughod has struggled to reconcile the popular image of women victimized by Islam with the complex women she has known through her research in various communities in the Muslim world. Here, she renders that divide vivid by presenting detailed vignettes of the lives of ordinary Muslim women, and showing that the problem of gender inequality cannot be laid at the feet of religion alone. Poverty and authoritarianism--conditions not unique to the Islamic world, and produced out of global interconnections that implicate the West--are often more decisive. The standard Western vocabulary of oppression, choice, and freedom is too blunt to describe these women's lives.
Do Muslim Women Need Saving? is an indictment of a mindset that has justified all manner of foreign interference, including military invasion, in the name of rescuing women from Islam--as well as a moving portrait of women's actual experiences, and of the contingencies with which they live.

La autora, Lila Abu-Lughod
¿Se imaginan que van a construir una casa bien chingona, la casa de sus sueños? Bueno, imagínenselo. Le ponen los mejores cimientos para que ni el más fuerte temblor se las tire. Ni el más fuerte. Lo malo es que para el piso y las paredes le ponen ahí cualquier cosa que se sostenga aunque sea pajita y el techo no es ni de lámina porque ya no les alcanzó. Bueno, eso es este libro; agárrense, que la crítica va para largo.

Este libro tiene algunos aciertos (está sustentado sobre algunas bases bastante decentes) y algunos desaciertos (muchos, a decir verdad, es superficial, no se basa en la estadística sino en los hechos aislados), sin embargo, va sobre una idea principal que la autora menciona en la conclusión: el propósito del libro era hablar de si las mujeres musulmanas necesitaban salvación O tenían derechos (y sonaba bastante como un o exclusivo, donde sólo se debía cumplir una de las dos cosas). Por supuesto, con esa idea, el libro no podía llegar muy lejos porque esa oración es trampa. Uno podría decir que las mujeres musulmanas tienen algunos derechos; en principio, porque las mujeres musulmanas no son una masa uniforme, sino que dependen de la legislación de países de todo el mundo. Y en algunos países mayoritariamente musulmanes, las mujeres, tienen, por ejemplo, derecho a votar, a estudiar, a manejar un carro (y en otros no como... Arabia Saudí). Pero las mujeres en general en todo el mundo no están completamente emancipadas económicamente, ni son libres sexualmente. Y eso no es exclusivo de los países mayormente musulmanes, sino de todo el mundo. Entonces, obviamente, aunque tengan derechos (los pueden tener), no están liberadas (así que considero que sería más apropiado hablar de la liberación de las mujeres).

Mujeres de Líbano en una protesta por sus derechos
Por otro lado, eso de necesitar salvación, al modo de los white saviors, pues no. Los evangelizadores en América creyeron que estaban salvando a los nativos de las llamas del infierno por herejes y henos aquí, quinientos años de colonialismo después. Los comúnmente conocidos como white saviors se caracterizan más por buscar hacer algo para su paz moral que por ayudar a alguien, son fans del reformismo, tienen ideas de salvación capitalistas y les encanta ayudar directa o indirectamente al imperialismo a joder al tercer mundo. Entonces obvio nadie los necesita. De la pregunta inicial nada se cumple. 

De lo que mencioné en el último párrafo, sobre los salvadores que ayudan al imperialismo, es sobre lo que el libro tiene sus mayores aciertos (no completamente, porque nunca llega hasta el final de su razonamiento, pero sí algo bastante bueno). Analiza como, durante la intervención militar de Estados Unidos en Afganistán, se usaba una retórica sobre salvar a las mujeres de los talibanes y, en general, de los hombres musulmanes. Dice que no se tomaba en cuenta la cultura ni las voces de estas mujeres (lo último es complicado porque, bajó el régimen talibán, ¿ustedes dónde creen que las mujeres tenían oportunidad de expresarse?), sino que sólo buscaban una excusa para legitimar la invasión frente a grupos, por ejemplo, de mujeres o feministas; muchos cayeron en la trampa inconsientemente y otros simplemente lo apoyaron entendiendo las consecuencias (porque en Estados Unidos hay "feministas" que creen que se puede ser pro imperialista y feminista a la vez, o pro vida y feminista a la vez, o supremacista blanca y feminista a la vez, no entiendo a los Estados Unidos). Entonces, la autora, Lila Abu-Loghod, nos muestra perfectamente como el primer mundo usa a las mujeres (marrones) como arma para legitimarse como salvador (en lugar de como invasor). Porque claro, según ellos, están salvando a las mujeres marrones de los hombres marrones, pero, ¿quién las salva de sus hombres? ¿Acaso son superiores moralmente? El planteamiento es muy bueno, pero sobre el punto, las únicas soluciones de las que la autora habla son de que tenemos que escuchar a las mujeres, aceptar su cultura, etcétera. Para mí la solución más fácil (esto es un decir, porque es increíblemente difícil) y mejor es que existan los medios (o se pongan) para que las mujeres se emancipen económica y sexualmente. Eso les permite tener voz, una voz que sea más escuchada y es un muy buen paso para solucionar la cuestión de la mujer.

Imagen de RAWA (Revolutionary Association of the Women of Afghanistan)
En fin, el planteamiento inicial del que hablo en todo el párrafo anterior está muy bien, y la autora lo retoma varias veces para hablar, precisamente, de la propaganda que se crea en el occidente para mostrar que, efectivamente, el oriente es un mundo bárbaro. Por supuesto que ocurren barbaridades en el mundo, así en general, cuando uno vive en el capitalismo y en el patriarcado, es común que eso paso (y por eso hay que destruirlos hasta los cimientos), pero muchas veces, hay países (Estados Unidos) que se aprovechan de algunas de estas barbaridades (son selectivos, si pasa en el primer mundo se hacen los estúpidos) para justificar sus intervenciones militares (y Dios, en quien no creo, sabe que son muchas). Otros países (algunos en Europa, no voy señalar porque son muchos) usan estas historias tristes para endurecer sus políticas migratorias y hacerlas más racistas y xenofóbicas (sin fijarse en las cosas que ocurren dentro de sus propias fronteras, con la gente que nació dentro de ellas).

Mujeres en Egipto luchando contra el militarismo
Hablando de eso, la autora nos señala el entusiasmo con que el occidente consume las "memorias" (poco o nada verificables) de jóvenes musulmanas que nunca dan su nombre completo y huyen de matrimonios forzados o asesinatos de honor para llegar al maravilloso occidente (donde, siempre, siempre, descubren la libertad). Muchas han sido probadas falsas. Otras son inverificables. Y aunque no se debería dudar de la palabra de las mujeres que son víctimas, es obvio y triste que hay quien se está beneficiando del sufrimiento de otras mujeres para empujar sus agendas. La autora lo denuncia, pero no llega muy lejos después de la denuncia; yo les diré tres cosas sobre el tema: (1) la única memoria hasta el momento que me ha gustado, de ese estilo, es la de Ayaan Hirsi Ali, porque, aunque concuerdo muy poco con sus políticas y su manera de pensar, es bastante honesta; (2) son mucha propaganda de salvar a las mujeres marrones de los hombres marrones, que es falsa, porque no van a ir a liberar a ninguna mujer y (3) todo eso quiere decir que las verdaderas víctimas no llegan ni a poder alzar la voz. No las oímos porque no tienen voz, nadie les ayuda a que la tengan.

Ya que mencioné los dos puntos a favor, partiré con el resto de mi crítica. Este libro es uno que hace una gran gimnasia mental, ni yo podría hacer algunas de las acrobacias. La mayoría de estas acrobacias mentales y varios saltos de extrema longitud la autora los hace para demostrar que las mujeres musulmanas no están tan oprimidas como nosotros, los lectores, creemos. Para empezar eso sólo ya está muy mal porque en el mundo no existen las olimpiadas de la opresión. La opresión es, punto; que se manifieste de distintas maneras en distintos contextos es otro asunto. La primera de estas acrobacias mentales fue intentar contarme que la burka no era tan mala porque permitía a las mujeres salir de su casa y que era su cultura... Mi mente piensa que, mientras las mujeres no tengan opciones y capacidad de elección (es decir, estén emancipadas) no podemos decir algo así nada más porque sí para demostrarle a alguien un punto (y lo mejor sería que existiera una estadística que nos demostrara algo, especialmente porque son lo único que tenemos para demostrarle al mundo que la opresión de la mujer es real y que la cuestión de la mujer es algo importante).

I Am My Own Guardian, protesta contra el sistema de guardianes de Arabia Saudí
A lo largo de la historia, vamos viendo varios razonamientos de este tipo, especialmente basados en anécdotas que nos cuenta la autora y en sus juicios. Vamos de un caso específico a lo general. Lo irónico (lamentablemente) es que la misma autora insiste que no se puede crear un cliché en torno a la figura de la mujer musulmana (pues lo único que comparten todas las mujeres musulmanas en este mundo es única y exclusivamente la religión), pero en estos casos de ir de una anécdota hasta lo general lo hace muy a menudo. Quiero gritarlo que por qué lo hace, ¡¿por qué?! Es algo con lo que ella misma está en contra. Y claro que podemos ir de lo específico hacia lo general y de lo general a lo específico, pero no de un sólo caso específico, porque no nos permite ver un patrón. Muchas mujeres de los Estados Unidos empezaron a darse cuenta que las violencias que sufrían no eran algo individual cuando se formaron los grupos de consiencia (uno de los lugares de donde sabe que lo personal es lo político); ellas no fueron las únicas, a lo largo del mundo, muchas mujeres se han dado cuenta de que viven en un sistema que las violenta de manera sistemática precisamente al juntar todas sus historias y darse cuenta de que no son tan diferentes. Eso, de hecho, está muy bien. Ahora, cuando tenemos un sólo caso para intentar convencernos de que, en realidad, las mujeres no están tan mal, bueno, tiendo a alzar las cejas. Y eso pasa horrores en el libro.

Protesta contra la ocupación de Palestina en el marco del Día Internacional de la Mujer, mujeres palestinas
Hay una parte del libro que habla específicamente de Egipto y de las mujeres allí. Habla de su lucha y me encantaría poner todo esto entre comillas porque las cosas que cuenta la autora son ínfimas y pretende, con ellas, pintar todo el panorama. Para ofrecer un panorama de la cuestión de la mujer en Egipto ya existe Nawal el-Sadaawi, que investigó durante muchos años sobre temas de salud de las mujeres y otras cuestiones y escribió un libro con todo lo que descubrió sobre ello (no olviden leer La cara desnuda de la mujer árabe, que la verdad, es una mucho mejor manera de entender la lucha de la mujer en esos lares del mundo y nos muestra lo bueno y lo malo). Siento que la misma Abu-Lughodparte con un bias y nos cuenta sólo lo que le ayuda a sostener su punto, cosa que, por ejemplo, el-Sadaawi no hace.

Bueno, ahora, para acabar y no hacer esto más largo que nada, diré que me hubiera gustado que fuera un libro más proactivo y propusiera, si no soluciones, al menos un plan de acción algo claro. Y sobre las "soluciones" (que no puedo considerar exactamente como tal) que propone, hubiera preferido que fueran menos reformistas porque no le puedes poner parchecitos rositas y violetitas al patriarcado y decir que lo derribaste. En fin, eso es todo. Si fuera ustedes, me ahorraría el libro; pero si quieren leerlo, los invito a hacerlo para formar su propia opinión.

1 comentario:

  1. Tal como lo has expuesto, no tengo interés en leerlo en un futuro cercano. Prefiero darle prioridad a libros como La cara desnuda de la mujer árabe. Quedé bastante confundida con lo que dices que trata de expresar esta autora, la verdad.

    Un beso.

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