3 de marzo de 2016

El cuentacuentos, Antonia Michaelis | Reseña

Sinopsis: Anna y Abel no podrían ser más diferentes. Ambos tienen diecisiete años y están en su último año de secundaria, pero mientras que Anna vive en una bonita casa vieja de la ciudad y proviene de una familia acomodada, Abel, el traficante de drogas de la escuela, vive en un gran edificio de concreto, similar a la torre de una cárcel en las afueras de la ciudad.

Leí algo en una reseña en goodreads cuando acabé el libro que me hizo darme cuenta hasta que punto este era un libro triste e iba más o menos así: "Hay historias sobre gente que se sobrepuso a tragedias y superó sus traumas. Esta no es una de ellas. También hay historias sobre como el amor lo puede todo. Tampoco es una de ellas." Digo que iba más o menos así porque estaba en inglés y ahora no recuerdo exactamente las palabras que usaba, pero es completamente cierto. Este es un libro que destroza completamente esa tesis que dice que el amor lo puede todo y nos demuestra que como humanos somos mil veces más complicados que el blanco y el negro, porque entre el blanco y el negro hay muchos grises, razones y por qués y a veces nos cuesta racionalizar las cosas. En fin, me estoy echando esta parrafada porque antes de que lo empezara a leer Alejandra (del canal Sputnik), ya me había dicho que quería comentar una escena conmigo, sobre todo desde una perspectiva de género. Me dio curiosidad y lo leí también porque había hablado muy bien de él. Así que lo compré en un impulso y a los cinco días lo había terminado (o antes, realmente no me fijé).

Bueno, voy a empezar y como dijo Jack el Destripador, vamos por partes.

Esta vez, en vez de empezar por los personajes como siempre, voy a partir de la prosa de Antonia Michaelis. El libro tiene una atmósfera que desde el primer momento se siente melancólica y de algún modo, nostálgica. El inicio involucra a un muerto, así que eso te da la pista del ritmo de la novela, el tema y la constante atmósfera trágica que rodea a los protagonistas. Todo esto está perfectamente manejado porque Michaelis combina la realidad con los cuentos y en los dos, hay algo melancólico presente la mayor parte del tiempo. Aun cuando la mayoría de las situaciones no son trágicas, tenemos la constante idea de que los personajes están viviendo la tragedia de su vida y que el cuento que cuenta Abel no es un cuento con final feliz, sino con un final totalmente funesto. Las metáforas no son esas metáforas gastadas y re gastadas que ya nos sabemos de memoria y Michaelis imprime algo poético en sus palabras.

Así van a acabar cuando lo terminen
Si sigo hablando de cómo está narrado el libro me dirán que me pagaron para hacerlo, seguro. O quedaré como una reseñadora totalmente ridícula. Una de dos y como no quiero que ninguna de las dos pase, iré directamente a mi parte favorita de casi toda reseña y de analizar los libros y re analizar los libros: los personajes. Tenemos un elenco muy grande y empezaré, por supuesto, por los protagonistas. Sin duda, humanos. Tienen conflictos morales, algunos muy complicados que trataré más abajo y son contradictorios, como humanos, aunque quizá a un nivel bastante lejos de lo aceptable. Sin embargo, Michaelis no los juzga, me pareció a mí, ni para bien, ni para mal. Los deja ser, contar su historia, justificarse o no hacerlo y los deja cometer errores.

Ese alejamiento que tiene la escritora de sus personajes le suma al libro porque obliga irremediablemente a pensar. Siempre he defendido la idea de que las cosas no están en los libros porque sean buenas, correctas o ejemplos a seguir. Y este es uno de esos libros con los que hay que tener mucho cuidado porque nadie pinta la línea de lo moralmente correcto y creo que muchas críticas le cayeron a este libro porque se cree que todo lo que nos presenta y nos arroja a la cara es, justamente, algo "correcto" o "justificable"; entre comillas, porque, como digo, la moralidad de los personajes es gris completamente.

Antonia Michaelis
Entre los secundarios tenemos a Micha, la hermana de Abel, una niña. Algo que me ocurre muchas veces cuando veo a personajes de tan corta edad que tienen tanta importancia en la trama de un libro es que los escritores tienen muchos problemas para construirlos de manera creíble. Micha no es perfecta, pero aparenta la edad que tiene. Obviamente, al ser criada casi enteramente por Abel y vivir el entorno en el que vive, esa mentalidad  despierta que tiene resulta muy creíble.

Gita, de entre los amigos de Anna, es mi favorita. Para Anna, es la voz de la razón (y que razón tiene casi todo el tiempo), pero también esconde algo que no debería y lo hace para proteger a Anna. Esa lealtad es increíble. Muchos escritores no se fijan tanto en las relaciones de amistad de sus personajes, relaciones que muchas veces que en nuestra vida son mil veces más duraderas que el romance (y que todo buen romance está basado en una buena amistad) y Gita es precisamente una buena amiga. Hannes se desdibuja un poco entre el resto de los personajes y Bertil, el último, definitivamente, no lo consideraría yo un amigo. Hay una dinámica entre él y Anna que me dejó bastante mal sabor de boca, porque Bertil me causó miedo casi desde su segunda o tercera aparición: tiene conductas controladoras y suele creer que Anna debería quererlo porque él le ayuda y se preocupa por ella. Bertil es justamente esa persona que cree que los favores se pagan con amor y es tan real que seguramente mucha gente lo encontrará terriblemente real.

Los padres de Anna son extraños, distintos... No parecían padres, quizá. Pero los vemos siempre desde la perspectiva de Anna que está en una época complicada, así que no me pareció tan mal. Después tenemos a los antagonistas que no son realmente antagonistas, sino que para Abel representan todos los obstáculos que tiene que sortear para poder quedarse con Micha. Abel tiene diecisiete años y no puede mantener a su hermana, pero así no la quiere en las manos de una familia de acogida como la que tiene su vecina, que sólo se dedica a acoger niños por el dinero que le da el estado o en las manos de su padre biológico o la casa de sus familiares lejanos a los que, literalmente, el destino de Micha les da igual. Eso vuelve antagonista a un trabajador social que sólo intenta hacer su trabajo. Anna, desde su propia visión, es mucho más indulgente, pero Abel lo condena sin ninguna clase de perdón en sus cuentos y es allí donde nos damos cuenta de que los dos personajes son diferentes piensan diferente con base en sus circunstancias y que Micahelis, distanciándose de ellos, lo muestra muy bien.


La trama es muy simple: Micha tiene que abandonar su isla, sortear mil peligros para proteger su corazón de diamante y llegar a tierra firme. Al menos, ese es el cuento que le cuenta su hermano. Abel quiere quedarse con ella, protegerla de todos los peligros pero tiene diecisiete años y muchos problemas para llegar a fin de mes. Tiene un poco de dinero gracias a lo que los servicios sociales le dan a su mamá, la única materia que se le da bien es Alemán y en la escuela le llaman el mercader polaco porque vende drogas. Por lo demás, Anna no tiene ni idea de qué hace, pero sí mucha curiosidad. Anna es el contrario: buena chica, buena alumna, vive dentro de una burbuja y quiere desesperadamente salir de ella, así que Abel es su manera de salir de la burbuja y tropezarse con el mundo real. La trama parte del cliché (o parece partir de él): chica buena e inocente y chico malo, pero como dicen, mejor que parta de un cliché a que llegue a él y en este caso lo destroza. El amor no lo puede todo y nos damos cuenta en una parte cuando Abel le dice a Anna "no trates de hacer de mí lo que no soy". Y es cierto: las cosas realmente jodidas no se arreglan con amor de dos días.

Abel Tannatek me recordó a uno de mis personajes (Randall Bennett en Acónito y Verbena) porque los dos tienen a alguien a quien proteger cueste lo que cueste. Y la cantidad de cosas que están dispuestos a hacer son casi infinitas. Me recordó lejanamente, porque hay algo en lo que definitivamente no se parecen, pero la verdad es que los dos están jodidos y corriendo de sus errores hasta que estos los alcancen. Siempre me llamó la tensión que la gente que leía la historia apoyaba a Randall mientras que yo me dedicaba a tejer la telaraña de sus errores que iban a acabar alcanzándolo quisiera o no. Y un poco así es Abel Tannatek: hay momentos en los que sientes que no puedes evitar apoyarlo, sobre todo al principio, pero no puede huir eternamente de todo lo que ha hecho.

Definitivamente recomiendo el libro, sé que no a todo el mundo le va a gustar, pero lo recomiendo. Porque me hizo pensar y pensar tanto que voy justo a la parte que sólo pongo en unas cuantas reseñas: la de los spoilers. En este caso, me voy a spoilear muy chungamente todo así que de verdad les recomiendo que huyan ahora. si tienen interés en leer el libro.


SPOILERS. INTENTÉ USAR BOTÓN DE SPOILERS PERO NO FUNCIONÓ ASÍ QUE QUIEN AVISA NO ES TRAIDOR.

En la historia, la violencia sexual es una constante. Abel asegura que Rainer, el pare biológico de Micha, es un pederasta. No lo dice tan cual: lo da a entender sutilmente, lo más sutilmente que puede. Durante muchas páginas nos puede parecer que es sólo producto de su imaginación, pero él está totalmente seguro y esa es de hecho, su excusa para mantener a Micha alejada de él. Volveré sobre el tema un poco más adelante, pero bueno, por hacer un punto y empezar en alguna parte, esto parecía lo adecuado.

Hay un momento en la novela que representa un punto de inflexión para Anna y para nosotros como lectores. Ella lleva tiempo pensando que a la mejor es Abel quien ha perpetrado los asesinatos (el de Rainer y el del trabajador social) y llega un punto donde se dice algo así:
«[...] Un disparo en la nuca y una dentellada mortal en el cuello. Todo coincide. ¿Y si estoy besando a un asesino? Y qué si es así. Un asesino, un lobo, un padre, un inocente, un cuentacuentos.»
Siempre que empieza a dudar de Abel, acaba aterrizando en su fase de cuentacuentos, porque es la que menos miedo da, pero también la que le cuenta toda la verdad escondida en los cuentos. Quizá porque es la parte de Abel que más se puede entender y con la que más puede empatizar. Sin embargo, el punto de inflexión es un punto de shock, cuando van a la playa a ver si el asesino del trabajador social vuelve sobre sus pasos y Anna empieza a intimar con él. Empieza. Lo remarco en negritas porque Anna volverá sobre ese punto una y mil veces, justificándose y justificándolo (a Abel), intentando encontrar una explicación a cosas que sencillamente no la requieren. Abel se niega, le advierte cosas. Sin embargo, hay un punto que Anna misma se da cuenta que hay algo que en Abel hace click. Y lo que empieza como una interacción totalmente normal acaba en una violación.


Odio las violaciones gratuitas. Esta no lo parece. No se siente así. te deja preguntándote por qué Abel es de esa manera o por qué le advirtió a Anna. Irremediablemente, te hace preguntarte si ha pasado antes. Antonia Michaelis, como autora, no dice ni pío. Se limita a dejarnos con los pelos de punta, porque jamás romantiza la violación y nos describe perfectamente el estado de Anna y lo hace de manera tan sutil que no suena vulgar nada. Es ya después que Anna vuelve sobre sus pasos una y otra vez que nos damos cuenta que hay algo mal en Anna, también. No sé que piense la autora. No sé si piense como Anna, me da igual. Porque Anna vuelve sobre sus pasos intentando explicarse e intentando perdonar lo imperdonable, explicar lo inexplicable. La voz de su conciencia que toma la forma de Gita le dice una y otra vez que ella no tiene ninguna culpa, que lo que hizo Abel es imperdonable. Y lo es. Sin embargo, pasamos un capítulo entero viendo a Anna explicándose e, indirectamente, culpándose. 

Hasta que lo perdona porque ella cree que lo ama. No se puede amar a nadie en tan poco tiempo, pero ella, como personaje, está convencida de que lo que está haciendo está bien. Es un tema delicado porque podría dar la sensación de que se está justificando una violación. Anna sin duda lo está haciendo (porque es algo que Abel ni siquiera se atreve a hacer) pero... ¿el libro? No parece. El libro lo pone así, tal cual, pero no nos dice que ese sea un comportamiento deseable, ni siquiera entre líneas. Ni siquiera lo justifica.

Después, mientras la historia sigue, acabamos descubriendo porque Abel merodea en los bares y parece que en realidad no vende droga o por qué estaba tan seguro de que Ranier era pederasta. Bertil es quien se encarga de destaparlo todo ante toda la escuela, cometiendo un error y descubriendo el secreto que Gita no dijo desde un principio para no lastima a Anna. Abel necesita dinero y si ni siquiera las drogas le dejan ese dinero, se dedica a apretar los dientes, o dicho vulgarmente: de prostituto con hombres mayores. No tiene nada que ver con su orientación sexual, simplemente lo hace porque necesita dinero y porque, como ya dije arriba, esta dispuesto a todo con tal de proteger a Micha y darle la vida que él no tuvo. 

A Anna se lo explica, al menos como lo entiende él. Anna es, finalmente la única a la que le cuenta la verdad. Ranier, el padre de Micha no parece haberle hecho daño a su madre. Pero a Abel sí lo encontró sólo y, como dice Abel, si Ranier nunca le hubiera hecho eso, años más tarde, a los quince, no se le habría ocurrido apretar los dientes. Cuando dije allá arriba que había historias de gente que había sufrido tragedias y se había sobrepuesto a ellas, pero que este libro no era uno de ellos, me refería a Abel, a Anna. Porque Abel convive directamente con sus demonios sin buscar ayuda y Anna hasta los perdona en la creencia de que está haciendo lo correcto. Los dos son tan contradictorios y tan humanos que llega un punto en que los entiendes, pero no quieres ser como ellos.  

Como dije arriba, Abel le dice toda la verdad a Anna, aunque sea en medio de cuentos. Le dice donde está su madre, que lleva semanas "de viaje": en el bosque donde florecen las anémonas. Y efectivamente, allí está Michelle y descubrimos por fin el principio del libro. Michelle está muerta porque se cortó las venas sin preocuparse por sus hijos y Abel sólo la mantiene viva para cobrar el dinero, para que no lo molesten demasiado. Cuando Anna descubre esa pequeña verdad, también se da cuenta de otra: dónde está el arma. Abel también se lo dijo. Finalmente, Abel es un asesino, un lobo, también ha violado a Anna y él mismo se ha sometido a vejaciones por mantener a Micha; es, además, un perfecto hermano mayor para Micha y un cuentacuentos. ¿Cómo es posible que sea la misma persona? Es una persona dañina, que acabará dañando todo a su alrededor y creo que incluso él lo sabe. Anna no, Anna siempre intenta separarlo. Al final le dice que elije quedarse no con el asesino, sino con el cuentacuentos, pero es imposible separarlos: son la misma persona. 

Creo que Abel lo sabía. Y por eso se dispara antes de que puedan ponerle la mano encima. La última frase que Anna le dirige es algo así como: "Lo amó hasta el final". Pero el amor no lo puede todo: lo que está jodido, jodido está y no se va a arreglar. El cuentacuentos es, finalmente, un libro con la moralidad turbia, que no se puede aceptar así como va y que, finalmente yo acabé analizando hasta la saciedad como se han dado ya cuenta en esta biblia. Muchas gracias por leer. Este libro me destrozó el kokoro.



6 comentarios:

  1. Desde hace tiempo tengo puesto el ojo en este libro. Creo que ya me animaré. ¡Saludos!

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  2. Vaya. He visto reseñas positivas de esta novela... Besos

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  3. Hola :) Llegué aquí por Sputnik y seguramente me seguiré pasando. Más de acuerdo no puedo estar contigo, es un libro difícil y duro. Leer tu reseña me ha recordado lo mucho que sufrí con él. Me alegra que coincidamos. Le decía a Ale que recién me había echado una discusión con una lectora que había quedado muy decepcionada con la historia, más que nada porque los personajes no eran coherentes. Y es justo eso lo que defendía, ¿quién rayos es coherente? No dudo que existan los coherentes, pero si algo he aprendido es que la coherencia se forma y se practica xD Y pues eso, que de tan humanos que son hasta su incoherencia se palpita. ¡Saludos muchos!

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    1. ¡Hola!
      Muchísimas gracias por pasarte.
      Me he encontrado mucho con esa opinión en varios libros. No creo que los personajes tengan que ser coherentes como personas, sólo me parece que tienen que serlo para la historia (léase, no cambiar de personalidad porque al autor le dio la gana sin explicación), pero estos son tan contradictorios y humanos que hacen el libro muy triste y complicado.
      Besos, Nea

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  4. Yo soy del team #NoMeGustó, no entendía porque ella lo perseguía tanto a él, sí me gustaron sin embargo los cuentos. Se nota que te pego duro este, btw

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    1. A mi me gustó la historia en general, mas no la premisa, como tu lo comentas ¿por qué lo perseguía tanto?

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