Divagaciones de una Poulain
by Nea Poulain
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domingo, 14 de julio de 2024

Perras de reserva, Dahlia de la Cerda | Reseña

Sinopsis: Perras de reserva, de Dahlia de la Cerda. Colección de cuentos se centran en las experiencias de las mujeres en un país como México. Con un lenguaje juguetón y humor negro, la escritora nos va acercando a las diferentes realidades que coexisten en nuestras poblaciones.
«Me encomendé al Diablo porque Dios en esto no hace el paro», nos dice una de las narradoras de los trece cuentos que conforman Perras de reserva, el genial primer libro de Dahlia de la Cerda, ganador del Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2019, que aparece ahora publicado en una nueva versión revisada y ampliada. Y es que sabe bien que «Escapar de esto no depende de echarle ganas, de querer salir adelante», antes de adentrarse sin retorno en una vida criminal. Un poco como sucede con Yuliana, la macabramente entrañable heredera al trono de un capo del narcotráfico. O con su mejor amiga Regina y su deseo de tener «un novio buchón con ropa de marca que no fuera a Zara y que en lugar de tener gatos Sphynx tuviera leones de mascota». O con «la mejor bruja de la región», que ofrece sus servicios a través de su página de Facebook, y pacta con el diablo para que le ayude con la vecina cuyos perros se saltan al patio de la bruja para hacer sus necesidades.
Y es que las protagonistas de Perras de reserva comparten las dificultades y peligros implicados en el mero hecho de nacer mujeres, y los enfrentan con los recursos que la vida les ofrece, obligadas a formular sus propias categorías para situar la frontera entre el bien y el mal. Y nos cuentan sus vidas siempre en primera persona, haciéndonos parte íntima de su forma de habitar el mundo, con un lenguaje sumamente oral y coloquial, casi siempre cargado de una fuerte dosis de humor negro. Como si solo mediante el relato de sus aventuras y desventuras encon­traran estas memorables protagonistas la redención consistente en existir atemporalmente, a través de la potente y sumamente original literatura de Dahlia de la Cerda.

Voy a hablar del libro y de nada más que del libro. Si tienen la tentación de venir a contarme cosas sobre su autora en los comentarios probablemente ya las sé o no las sé, y no me interesan. Toda crítica o halago a Perras de reserva acaba viciándose horrible y yo no tengo interés en que otrxs vuelvan un campo de batalla mis comentarios o mis opiniones. También, si tienen tentación de poner terfadas, don't. Único aviso.

Perras de reserva es un libro con trece cuentos, muchos de ellos (la mayoría) relacionados entre sí cuyas protagonistas son mujeres de diferentes estratos sociales y contextos en México. Parte de esto se contextualiza con la manera en la que narran, las palabras que eligen, el modo en el que está escrito el libro. Me llamó la atención, sobre todo, el peso que le dan al uso del lenguaje coloquial que le dan cuando hablan de él. Me parece, por ejemplo, absurda la batalla a la se somete el lenguaje coloquial contra el literario, como si el lenguaje coloquial no pudiera ser también literario o como si el lenguaje literario fuera inaccesible. Ambas son mentiras y me cagan. Como si no nos hubiera demostrado ya un montón de gente en muchos idiomas que el lenguaje coloquial es también literario (podría ponerme a nombrar ejemplos, pero no me alcanzaría el tiempo para desmenuzar lo absurdo de ponerlos a pelear) y como si no nos hubiera dicho Marx que pensar que la gente que trabaja doce horas es incapaz de entender otro tipo de lenguaje no es muy pendejo (no lo dijo así, pero estoy parafraseando y Marx es mi amigo personal, fui a las fiestas de cumpleaños de todos sus hijos). 

Escribo todo eso porque quiero hacer un preludio a todo este libro: sí tengo un problema con su lenguaje, pero no tiene nada que ver que este sea coloquial. Eso es secundario. Un libro con los mismos vicios de la prosa que este pero que en vez de usar regionalismos de distintas partes de México usara un lenguaje florido y más adornado me seguiría pareciendo malo en su uso del lenguaje. Lo dice Ursula K LeGuin en From Elfland to Poughkeepsie: el lenguaje importa porque es la materia prima de la literatura. Es el lenguaje el que nos hace sentir que estamos en un lugar muy lejano o desconocido o, al contrario, si lo que quiere evocar es al país en el que vivimos, esquinas que nos hemos topado toda la vida, discursos políticos que hemos escuchado hasta la saciedad. Liliaba Bodoc también lo dice: La Palabra es importante, el cómo nos referimos a las cosas, cómo las elegimos, cómo las comunicamos. No me queda duda de que casi todas las palabras que componen Perras de Reserva fueron elegidas por una razón: estamos ante mujeres que quieren contar su propia historia ellas mismas. 

El problema es que, tras varios cuentos, se notan las costuras. El lenguaje coloquial es un escenario, un adorno. La voz en el fondo nunca cambia.

En algunas reseñas vi que de repente, tras varios cuentos, la primera persona ya no era novedosa o ya era cansada. No comparto totalmente la opinión, pero la entiendo, sobre todo cuando me puse a analizar más de cerca lo que estaba pasando, por qué esa aparente perdida de novedad (me dio curiosidad, sí, que hubiera quien dijera que la primera persona era novedosa: ¿de dónde o qué algún narrador en el año de 2024 nuestro señor es novedoso o fresco, si ya lo hemos intentado casi todo en la literatura desde que existe la palabra escrita?). Las descripciones físicas y de la ropa que usan las protagonistas siguen estructuras de oraciones muy parecidas, aunque todas decoradas con un registro distinto del habla. Y así hay varios ejemplos. El registro a veces es no más espolvorear por ahí un par de regionalismos (en algunos casos mal usados, como plebe, en vez de plebes) y esperar que eso y sólo eso sea suficiente para que el lector diga: ah, sí, se trata de esto. 

Es difícil replicar registros del habla en la palabra escrita, sí, siempre existe ese riesgo de que sean solo la manera en la que escribes tú (tu registro) con un par de expresiones que conoces y sabes usar, que sean una replica del discurso de alguien más encima de tu literatura y muchas veces cosas así cumplen el truco (al final los escritores no más somos un montón de mentirosos muy hábiles a los que les gusta mucho el lenguaje y experimentamos con él todo el tiempo y sabemos mentir muy bien, porque nuestras mentiras son la realidad de nuestra ficción), pero cuando la cosa cambia y cambia y cambia a lo largo de trece cuentos, parece sólo un decorado barato sobre otra cosa (se nota, por ejemplo, en el último: parece el cuento más honesto y es también de los más personales, por lo que no tiene las costuras tan obvias como los demás). 

Es una elección, por ejemplo, el peso que tiene el dinero contra el peso que tiene el feminicidio (y no porque yo crea que tenga que serlo, cada autora pone su libro en el mundo como el libro debe de ser y yo no vengo a escribir reseñas para decirles deberían haberlo escrito diferente). El peso que tiene la ropa. La misma oración una y otra vez nombrando marcas diferentes y estilos diferentes cada vez; es la misma, una y otra y otra y otra y otra vez (la estructura no cambia). Sospecho que el hecho de que haya párrafos enteros del estilo buchón y del estilo de las niñas esposas de políticos y de las mujeres del narco y de todas las mujeres de Perras de Reserva y una de ellas muera tres o cuatro veces en el libro y varias veces se la despache con una frase sin impacto es una elección deliberada que más o menos entiendo. Para cuando me cuenta su historia quiero que me importe y no lo logra porque no parece importarle ni a su mejor amiga, por más que nos quiere convencer que sí (y por más que, de hecho, se venga del asesino). Parece exactamente lo contrario al show, don't tell. Nos dijo, pero nunca nos contó

Lo que no entiendo es que los registros del lenguaje sean no más un disfraz, una escenografía, porque las frases no cambian en su estructura, no más en el adorno que le ponen. Quizá hay algo que no estoy entendiendo, finalmente, porque unas de las cosas que más se le han reconocido a Perras de Reserva es su uso del lenguaje coloquial. No es sorprendente, ni es novedoso, ni es descubrir ningún hilo negro (y si para algún lector lo fue, sólo puedo decir: este es un estilo que lleva años cultivándose en México y en todo el mundo, es parte del camino lector), ni tiene sentido poner a pelear a quienes prefieren un lenguaje diferente, que quizá no es el que se habla en la calle (malamente llamado literario) a uno coloquial (que también puede ser literario). Sólo me saca de onda que bajo todos los registros que se pretenden retratar en este libro (y que pudo ser uno de sus más grandes virtudes) no hay nada diferente. Escribir las mismas frases una y otra vez cambiándole los modismos y las formas no me demuestra nada, acabas usando al lenguaje (la materia prima de la literatura) como un mero disfraz

Justo el discutir los asuntos del lenguaje, me llevan a mi segundo punto: debido a su poca variación, la primera persona se hace muy cansada. No es culpa del tipo de narrador. La primera persona es muy versátil en este tipo de historias (personajes que se confiesan ante el lector, que quieren demostrar su agencia, historias donde personajas como estas tienen que ser el centro) y en este libro es una elección deliberada (en Entre los zulos se habla de la elección referenciando a bell hooks y a tener voz una misma, una idea que no necesariamente comparto como escritora, pero que entiendo de donde viene y me parece una muy buena arma al escribir). El problema es que cansa porque los focos nunca cambian. Los mejores cuentos son aquellos que se salen de la narrativa de la obsesión con el dinero y el poder que tienen muchas de estas mujeres, no porque esas sean malas historias qué contar, sino porque no varían en sus costuras. La historia se repite una y otra vez con escenarios y acciones cambiadas, pero para gran parte de estas mujeres la única obsesión es el poder o el dinero y todas te lo cuentan más o menos igual en el fondo

Eso cansa. Ante todo, eso cansa. Yo puedo creer que a este libro le faltan comas y le sobran puntos y seguido, pero no es sólo eso lo que agota al leerlo. Es la repetición. En el caso del feminicidio narrado (contado en una frase o en dos cada vez) se nota como pierde fuelle y cómo, antes de llegar a él, antes de que la víctima pueda hacer lo que quiera con esa narración, ya perdió todo su fuelle. Si acaso, el cuento con el que cierra el libro es uno que podría tener mucha más fuerza (porque es más visceral, porque parece más cuidado), sino pecara de tener pedazos que en vez de narración son exposición de problemas sociales (y no creo que no tengan que estar, sólo creo que hay que pensar en el uso de las palabras y por qué las ponemos y en cómo ponerlas, cosa que es, a mi parecer, lo que le falla terriblemente a este libro). 

Si me preguntan si lo recomiendo o no: claramente no. Pero yo soy una única persona y lectores hay muchos. Hay de todo en la viña del señor y que un libro no resuene con nosotros (o nos parezca terrible) no es una condena, sino sólo un testimonio de nuestros caminos lectores. Pero no, no lo recomiendo. Creo que como retrato de la literatura mexicana actual es un retrato pésimo, pero yo pienso casi siempre eso sobre muchos libros actuales que hablan de los temas que trata este libro (no es la excepción: es la regla). No resueno con estas formas de acercarse al realismo ni a la violencia, pues. Si lo leen, ahí me cuentan que opinan.

miércoles, 19 de julio de 2023

Tsunami 2 y mi relación con el feminismo

Portada de Tsunami 2, varias autoras
Sinopsis: ¿Cómo respondemos? ¿Con la voz entrecortada? ¿Con el cuerpo? ¿Con la lata de aerosol? ¿Con un coctel molotov? ¿Con toda nuestra rabia? ¿Con nuestra inteligencia? ¿Con todo lo que tenemos y somos? ¿Cuántas formas posibles de respuesta hay? Tantas como nosotras. «Nuestra arma es la voz», dijo Marichuy en la toma reciente del INPI y ya había mencionado Gloria Anzaldúa que la responsabilidad es nuestra habilidad de responder: con la boca, la voz, y en las puntas de los dedos cargamos y enunciamos esa responsabilidad. Las voces aquí reunidas cuestionan el amor tradicional entre una hija y su madre, las relaciones posibles y el deseo en una comunidad zapoteca; reflexionan sobre las historias que nos han contado sobre la identidad, sobre los cuerpos normados, las periferias, las disidencias; se preguntan por las luchas de izquierda que hacen jerarquías entre los cuerpos, por la «sororidad» entre unas a costa de otras; cuestionan nuestra participación en el juego de la estupidez desde la valentía adolescente; se duelen por el extractivismo que penetra nuestros cuerpos-territorios; ponen en entredicho las teorías racistas, clasistas y discriminatorias de ciertas manifestaciones radicales del feminismo, e imaginan las posibilidades de un futuro alegre después del hartazgo y el dolor, desde las perlas-cicatriz o los monumentos vueltos archivos íntimos, y las voces que la historia quiso borrar hablan fuerte y claro. Escriben para un nosotras que se vuelve un bosque de mujeres —metáfora potente de la diferencia y la equidad—. Porque si el feminismo y las luchas de las mujeres no son de todas y para la emancipación de todas entonces no son para ninguna.

A ver, antes de cualquier otra cosa, creo que es justo que aclare algo: el movimiento feminista mexicano no me parece especialmente brillante en los últimos tiempos. Yo salí de ahí en 2018, más o menos, rumbo a otros lados y fui rompiendo poco a poco con todo lo que él implicaba. Me molesta el interclasismo, la falta de análisis, el anticomunismo rampante, ese sector que se la pasa pactando con la derecha, la transfobia, el racismo y el desprecio a quienes no nos nombramos feministas. No tengo claro cuándo se produjo mi ruptura oficial, pero sí el día que me empecé a alejar: me dijeron que cuidaba pijas de los muertos, refiriéndose a Marx y a Engels. Con los ojos de esa experiencia leí este libro. De buena fe, pero con ojos que no esperan más que lo que ya han conseguido el movimiento: desprecio a la cosmovición que una admira y se esfuerza en comprender y lástimas porque cómo va a ser que una mujer ande entre los comunistas. Es sincero reconocer ese resentimiento, porque forma parte de mis lecturas

Por lo demás, el libro como libro me parece lamentable y no hay mucho que decir al respecto. Cada tanto se ponen unas cuantas mujeres de moda (y unas cuantas tienen suerte, otras mucha enjundia para abrirse paso a codazos, y las últimas simplemente tienen todos los contactos posibles) y las invitan a que den su opinión de todos los moles o las encasillan en su solo tema del que parecen ser las representantes únicas (como ejemplo, una mesa de escritoras y maternidades en la FILO Oaxaca 2022 en la que se dijo: a la mejor ya nos conocen, no es la primera vez que nos invitan a estas mesas, siempre nos encontramos, como si de tanto buscar los organizadores no más tuvieran tres o cuatro tokens). Todas tienen cosas importantes qué decir, pero creo que la edición se les está quedando corta.

Todo es un ciclo hasta que encuentran nuevas y vuelve a pasar lo mismo, porque el sistema es el sistema y aunque a veces logremos brillar un ratito, el sistema nos tira para abajo (curiosamente, no hay autocrítica a este sentido casi ninguna y muchas partes del movimiento siguen muy jerarquizadas). Algunas mujeres son muy brillantes, otras tienen mucha enjundia y ganas de aprender y escuchar a otras, algunas no más para figurar, otras porque si no dicen que sí, las instituciones tampoco invitarán a nadie más, la verdad es que cada quien sabe por qué va a donde va y hace lo que hace y me consta que en la gran mayoría de los casos hay muy buenas intenciones (no más que de buenas intenciones no se hace el mundo, ojalá, me ahorraría leer esto y decir chale, qué malos ensayos). Quién sabe. Pero si se fijan, el patrón estará allí. 

¿Pero y los ensayos? Mientras estaba leyendo hice una lista. Ensayo por ensayo, porque la calidad es variable; de todos anoté lo que pensaba, poco a poco, mientras lo iba leyendo. Esta la lista, refinada, estilizada, un poco más analizada. Vamos allá.

1. La rebelión de las Casandras. Marina Azahua tiene, quizá, uno de los ensayos más vacíos de todo contenido de todo el libro. Lista consignas, se la pasa metida en los lugares comunes: cosas que las lectoras de este libro ya saben, ya intuyen, simplismos exagerados. Lista las consignas de las marchas como adorno del ensayo y, entiendo, pretende lograr algo con eso, pero sólo me parece que quedan vacías de contenido, allí, adornando. Esa manera de repetir consignas que nos convence que estamos del lado de los buenos con una rabia absoluta. Triste, en sí, pero da vueltas sobre todos lados y no llega a ninguno. Vacío: no puedo decir nada más de él. Abrí el libro, lo leí y pensé: ¿cuándo me volví tan cínica sobre el movimiento? ¿Por qué me causa tanta desprecio esto? Pero es que no tiene alma, ¿cómo puede interesarme algo así?

2. Fragmentos del diario de una feminista. Lydia Cacho tiene una carrera. No puedo pararme y negar el legado: consiguió una de las primeras condenas por explotación sexual infantil en México e hizo una de las investigaciones más completas que existen en el país sobre trata de mujeres con fines sexuales. Ahora, no por eso me voy a sentar y voy a decir qué chido ensayo, que padre, porque escribió de lugares comunes, pero tomó un camino relativamente seguro, hiló una idea, siguió una tesis y, en general, me dio uno de los ensayos más gratos de leer. Innovador cero, y hay que reconocer que tampoco es nuestro deber innovar todo el tiempo, así que el problema, como quien dice, soy yo; después del primero tenía la barra en el subsuelo, tampoco pedía tanto. 

3. Feminismo sin cuarto propio. De este sólo puedo decir: la ignorancia es atrevida. Es del único que tengo una nota a la mitad y es porque Dahlia de la Cerda intentó mentar a Marx y, en una especie de gotcha moment rarísimo decir que obvio leyéndolo no se podía aprender igual que trabajando doce horas. Se puede estar parada doce horas y defender a los patrones y actuar en contra de tu clase (da tristeza, pero se puede, hay gente en Monterrey y en el Bajío que lo hacen todos los días).  

Pero Marx no escribía para los burgueses, ni para la pequeña burguesía; Marx también escribía para el proletariado y se negaba a considerar estúpidos a los obreros y a los trabajadores y algo que siempre me he topado en el feminismo es esta insistencia a encontrarlos, encontrarnos, pendejos sin querer siempre con sus frases esas de yo aprendí en la fábrica no leyendo, porque desprecian el saber, la teoría y cómo se une a la praxis y se niegan a considerar que alguien en ese contexto lea a Marx (y por eso Domitila Barrios de Chúngara los sorprende a todos, capaz). 

El marxismo es una cosmovisión, pero qué va a saber de eso gente que te dice, de frente y claro, que no entiende qué es el proletariado. Cita textual: Los de arriba y los de abajo, y que burgueses son «los que tienen los medios de producción». A esto le llamo fragilidad burguesa, que es la incapacidad de las clases sociales privilegiadas para reconocer sus privilegios de clase bajo un argumento teórico. Suscribo el concepto de que los burgueses son de la clase media acomodada hacia arriba. El marxismo no dice eso, pero a la mejor lo sabría la autora del ensayo si hubiera investigado, y sí, si no tienes medios de producción, no eres burgués y la burguesía no va a ver por ti cuando te vaya de la verga (pero esto se arreglaría si uno supiera qué se categoriza dentro de la pequeña burguesía y por qué existe ese término). Pero bueno, mi conclusión de todo el ensayo fue que la ignorancia es audaz y la puedes adornar bonito si sabes hilar frases bonito y sabes de estructura y tienes buen ritmo al escribir. No más que es eso: puro adorno, las mamadas ignorantes no se van porque lo adornes

4. Hacer(nos) casita. Una de las críticas más agudas de comunistas hacia el feminismo de principios de siglo era que las burguesas se acercaban a las mujeres y les decían: somos todas iguales, somos hermanas, nos une el ser mujeres y sobre esas bases fundacionales se construyó gran parte del movimiento; Kollontai les reclamaba ese interclasismo: ¿cómo van a ser las trabajadoras iguales que las mujeres burguesas? Todavía es vigente esa crítica cada que leo ensayos como el de Diana del Ángel que, insisten, en alguna parte, que no importa de donde vengamos, las mujeres somos iguales. No, que me perdonen, pero yo no soy igual a una señora burguesa, yo apago el cerebro cuando intentan decirme que sí. (Por lo demás el ensayo es cursi, no llega a ninguna parte clara y no tengo nada más qué decir sobre él).

5. A mares sobreviviremos: metáforas del dolor trans. De todo el libro, probablemente uno de los ensayos mejor formados es el de Lía García. Sabe qué quiere escribir y por qué. No se mete en lugares complicados, es clara, es concisa y si bien en algún lado acabó metida en los mismos lugares comunes cursis de este movimiento, en general el ensayo fue de los únicos decentes de este libro; realmente disfruté leerlo, preguntarme hacia donde iba, qué planeaba. 

6. Agua negra (fragmento del ensayo sonoro Echoes from the Borderlands). Yo no voy a negar que Valeria Luiselli me parece una mamona porque yo igual soy una mamona cuando se trata de las estructuras al escribir (y este juicio dice más sobre mí que pienso que soy una mamona que sobre ella, a la mejor ella simplemente es y ya), pero no todo puede serlo la estructura: no siento que consiga que su tesis llegue a ninguna parte porque sólo estoy leyendo un pedazo de algo que a lo mejor si se sostiene en otro medio. No tengo nada más que decir: ni siquiera es un ensayo completo. El tema que trata (la libertad reproductiva y sexual y cómo la atraviesa brutalmente la clase) es importante y da un poco de rabia que quede tan diluido entre el performance que propone. Creo que se pudo haber equilibrado mejor. 

7. Temblores en el corazón: crónica de una geografía emocional. El ensayo de Fernanda Latani M. Bravo tiene alma y eso me gustó, me hizo preguntarme qué seguía, querer saber su opinión, escucharla. Esta bien. Decente. Hagan con esa información lo que gusten. 

8. ¿Quién apagará los incendios? También este fue de los mejores del libro. Lo escribe Luna Marán. Me desespera un poco que aterrice en lugares comunes que ya resultan muy estériles a la lucha de las mujeres, pero también siento que tiene un buen punto de partida. Es una lástima que en algunas partes de tantas vueltas para no decir nada en absoluto y que yo esté dispuesta a concederle el título de los mejores del libro habla de mi decepción general. Lo importante del ensayo, me parece, es el tema y, aunque yo no esté de acuerdo con todo el enfoque, sí creo que es algo que sigue siendo muy invisible en la lucha de las mujeres. 

9. Un bosque de mujeres: carta a las zapatistas. Para quien no lo sepa, Sylvia Marcos escribió un libro donde hablaba del movimiento zapatista y, especialmente, de las mujeres en él. Lo leí en su tiempo y me pareció muy interesante, sobre todo porque ofrecía una perspectiva humana a un movimiento muy mitificado. Este ensayo no me da nada nuevo. Sylvia repite las palabras de las mujeres zapatistas, palabra por palabra y esa es la parte que resulta más interesante, incluso sobre sus propios comentarios. Es hasta triste que las palabras de otras (a las que supuestamente respondes y comentas) brillen más y opaquen las tuyas. Además, las supuestas respuestas a veces se pueden leer muy aleccionadoras y eso me resultó hasta extraño, tratándose de Sylvia Marcos, que tiene una historia muy larga con el movimiento zapatista, al que conoce, admira y ha acompañado muchos años. Sin embargo, aunque esta sea una respuesta a las mujeres zapatistas, ¿quién lo está leyendo?

La pregunta es genuina, porque yo no tengo ni idea. No quiero tenderle una trampa a nadie ni hacer un gotcha moment. ¿Para quién es este libro? ¿Este ensayo? ¿Quién lee Tsunami? ¿Por qué leemos Tsunami? ¿Quién conoce Tsunami? He visto que compran las que ya son feministas, las que ya están enteradas, las que quieren aprender, las que sólo quieren darse palmadas en la espalda (no me vengan a decir que no existen: las he visto), las que queremos ver el panorama; pero mi círculo es cerrado, limitado y una burbuja y no puedo ver más. Se me escapan cosas.

Es un libro relativamente caro (como todos los de Sexto Piso, que por alguna razón a pesar de ser uno de los sellos más poderosos por debajo de los monopolios sigue insistendo que es una pobrecita editorial independiente; no tendrá cómo compararse con PRH o Planeta, que se la pueden comer el día menos pensado pero definitivamente, aunque independiente, no está en la situación de todas las que han cerrado los dos últimos años). ¿Cuál es su distribución? ¿Cuál es su público? Las preguntas son honestas, no lo sé. Puedo suponer, pero me haría más feliz saber con certeza a qué mujer se imaginan venderle este libro. Así, quizá, podría hacer un juicio más certero de este ensayo.

Si tuviera todas las respuestas, no me tambalearía pensando si se exotizó a las mujeres zapatistas cuando ocurrió el encuentro o si el diálogo es genuino. Porque lo leo y digo: parece que las están usando de token y, con ellas, también a Sylvia Marcos. Pero no sé. A quién imaginan leyendo esto, quién imaginan qué es quien se encuentra este supuesto diálogo (supuesto, porque se ve muy unilateral y me gustaría tener la certeza de que no lo fue, como no lo fue el encuentro). No era yo, eso sí me queda claro

10. El hambre soy yo. Admito con todas las letras que le tengo resentimiento al movimiento feminista porque es un movimiento anticomunista casi todo el tiempo; es inocente de mí, quizá, pedirle cosas al feminismo que nunca me pudo dar. Broyelle lo dijo en La mitad del cielo: el feminismo nos dio todo lo que podía darnos... y es tan poco. Creo en la honestidad de las mujeres, en su lucha, pero no creo en el movimiento feminista. No cuando leo ensayos que, mentando referentes, dicen, sin cortarse los dedos, que Marx y Engels no consideraron a las mujeres. Ytzel Maya lo puso en su ensayo. Cuando le reclaman a Marx la (supuesta) (y también incomprobable) omisión de las mujeres en la cosmovisión marxista, ¿qué creen que es la definición de proletariado? ¿Por qué creen que Marx lo definió sólo definiendo a los hombres? ¿Lo han leído? ¿Han leído a Engels, que en El origen de la familia, la propiedad privada y el estado detalló un montón de cosas referentes a la cuestión de la mujer? Y ya no sólo a ellos. Después de ellos hubo un montón de mujeres y de hombres que siguieron teorizando y construyendo y luchando. ¿Cómo pueden escribir sin que les tiemble la mano que fallaron en considerar a las mujeres cuando tengo la evidencia de que no enfrente? Como dije en el ensayo de Dahlia de la Cerda, la ignorancia es poderosa.

Por otro lado, este ensayo no me aportó nada más que ese coraje, chale. El resentimiento también puede ser poderoso. 

11. 4 diatribas y media en la Ciudad de México. Debido a que no tengo ni idea de qué me quiso decir Brenda Navarro o si este ensayo tenía tesis (no parece ensayo, pero el ensayo es también el caos, así que es un ensayo), no puedo decir nada más. Ni negativo, ni positivo. 

12. Las historias que nos construyen. El de Jumko también es de los mejores escritos, a mi parecer, en todo el libro. Aborda cosas muy interesantes y me gusta que abiertamente hable sobre no denominarse feminista. Jumko y yo no estamos en luchas iguales, pero esa reflexión pega muy cerca de casa y hace que sienta un poco de parcialidad a querer leer qué tiene que decir al respecto. Sí siento que hay lugares comunes en el ensayo que a mí me generaron cansancio porque ya era el último del libro y eran cosas que se venían repitiendo y repitiendo y repitiendo (a mí no me gusta eso y corres el riesgo de que pase en estos casos, ante eso, la verdad mi sugerencia es no ser yo y leer con calma, porque por suerte, la mayor parte de las veces tiene arreglo). 

Y pues eso fue todo. A mí me decepcionó mucho, no me tranquiliza en lo más absoluto ver que el anticomunismo sigue metido y que se sigue mencionando a Marx sin saber realmente qué dijo Marx. Quizá me enojo, porque yo, para criticar al feminismo como movimiento, me acerco a ver qué está ocurriendo ahí, pero pareciese que nadie se acerca a Marx para ver que dijo Marx (o cualquier comunista que haya escrito en cualquier medio) y repetimos, cual cacatuas, que Marx no consideró a las mujeres. Perdón, yo no puedo con que haya pasado dos veces aquí. 

(Dudo que pase porque ya no dejo que me rodee gente que resuelve las cosas a tuitazos y ahí fue donde ocurrió la situación, pero por si acaso alguien sintiese la tentación de decirme que le estoy cuidando la pija a Marx mencionándolo tanto, dado lo que mencioné al principio de esta crítica: sí a mucha pinche honra). 

Meme de Marx con lentes

Es todo lo que tengo que decir. 

miércoles, 26 de enero de 2022

Fireheart Tiger, Aliette de Bodard (y el no-conflicto)

Sinopsis: Award-winning author Aliette de Bodard returns with a powerful romantic fantasy that reads like The Goblin Emperor meets Howl’s Moving Castle in a pre-colonial Vietnamese-esque world.
Fire burns bright and has a long memory….
Quiet, thoughtful princess Thanh was sent away as a hostage to the powerful faraway country of Ephteria as a child. Now she’s returned to her mother’s imperial court, haunted not only by memories of her first romance, but by worrying magical echoes of a fire that devastated Ephteria’s royal palace.
Thanh’s new role as a diplomat places her once again in the path of her first love, the powerful and magnetic Eldris of Ephteria, who knows exactly what she wants: romance from Thanh and much more from Thanh’s home. Eldris won’t take no for an answer, on either front. But the fire that burned down one palace is tempting Thanh with the possibility of making her own dangerous decisions.
Can Thanh find the freedom to shape her country’s fate—and her own?

Nota antes de empezar la reseña: decir que esto se parece a Howl's Moving Castle o The Goblin Emperor es una trampa del marketing que viene quizá desde las manos de la editorial. Ni la narrativa, ni los temas, ni las resoluciones aluden demasiado a ninguna de las dos obras y, aunque haya cosas en común, la comparación acaba por demeritar a la obra más de lo que la ayuda. Es triste, de verdad, aferrarse a vender con este tipo de etiquetas porque a veces sólo perjudican a los autores.

Esta no es una buena reseña.

Es más bien una larga decepción. Una decepción que viene de una frustración muy profunda sobre algunos tipos de narrativa. Pero antes, un apunte: creo (y es una opinión que se me ha formado a través de años y de crítica) que no puedes criticar un libro exigiéndole que sea lo que no es sino lo criticas por lo que es. Asumo siempre que el libro que tengo en las manos es el libro que quiso escribir el autor y que le costó y que aun si yo lo odio y me parece mal hecho (dos cosas diferentes, odio cosas muy bien hechas y me han llegado a parecer no tan malas cosas que no están tan bien hechas), lo que estoy criticando es lo que está en la página. Releyendo críticas mías viejas ya iba por allí hace algunos años y ya sabía que no me gustaba y qué sí, pero me ha tomado mucho tiempo llegar a ese estado. Aquí hemos aprendido ustedes y yo. Dicho todo esto: este libro es malo. No agrego objetivamente (qué es la objetividad), pero sí tengo argumentos al respecto.

Y voy a hablar en varios apartados del asunto. 

El miedo al conflicto

No sé si es miedo, parálisis, falta de ideas o simplemente una política en la que se puede cuestionar al sistema pero no mucho. La que sea, es triste. Pero antes, contexto. No puedo empezar la casa por el garage si ni carro tengo. Fireheart Tiger empieza presentado de fondo un conflicto que nos recuerda al colonialismo, a grandes imperios que destrozan culturas, piden tributo y hacen lo que quieren con el más débil. Pueden mirar a donde sea en la historia, hay miles de ejemplos. Aliette de Bodard en particular tiene ascendencia vietnamita y por allí pueden llegar algunas influencias. Hay una princesa que fue princesa cautiva, enviada por su propia madre al palacio enemigo para convencerlos de que no se rebelaría contra ellos con una misión: enterarse de cualquier cosa que pudiera serles útil para sobrevivir como pequeña nación sometida a los deseos de otro más poderoso. 

Paréntesis: creo que nos falta cuestionarnos a la realeza. Por cierto. Porque la explotación no acaba con los grandes imperios, pero nadie cuestiona a la de las naciones pequeñas: qué significa cuando deciden lo qué es mejor para el pueblo, cómo lo hacen, quién queda fuera, a quién afectan, quién es esa comunidad relegada a los márgenes. Qué hacen los poderosos o por qué lo son. Ni siquiera hace falta destruir completamente su status quo si no queremos, pero estaría padre. Pero el libro no lo hace y tampoco se lo voy a andar pidiendo si ya está escrito, nada más es un pensamiento ahí, caído

The landscape, Tinh Hoang

El conflicto está allí. El imperio quiere arrebatarle más poder a esta pequeña nación. Las princesas están enamoradas y aunque pretendan que no la política se les atraviesa, la obvia relación de poder las destroza desde el medio desde la primera palabra que pronuncia una frente a la otra (no es spoiler, está en las primeras páginas). Visto de lejos, parece un conflicto lo bastante complejo e interesante como para proponer cosas. Resoluciones. Para abocar por cierta esperanza, para hablar de lo humano, para hablar quizá de esos grandes imperios y por qué quieren comerse a todos los demás (según la visión de cada quién, con billones de seres humanos en el planeta dudo que todos la tengamos igual). El problema es que no hay nada. No hay un final porque tampoco hay una historia. Nunca se construye nada alrededor del conflicto de Aliette de Bodard propone. 

Sí me puse a pensar por qué.

¿Fue el número de páginas que hizo que le quedara demasiado grande el conflicto que proponía? ¿Fue por eso que los personajes nunca se desplazaron y las circunstancias cambiaron apenas lo mínimo? Empezamos y terminamos casi iguales, a lo sumo apareció una nueva amenaza velada que no asegura nada y lo único que nos da no es ni un final abierto, sino un no-final que acompaña a algo que desesperadamente intenta convencernos de que es una historia. Thanh es el centro y siento que nunca la conocí. Creo que su personalidad no existe porque esta ajustada a lo que la no-trama necesita y, en consecuencia, nunca hay evolución. No hay un cambio ni nada que nos permita constatar que Thanh es humana (en el sentido que pueda sentir y conmoverse y enfurecerse como un ser humano). No hay profundidad en sus relaciones (algo que me frustró muchísimo, porque a la par del conflicto entre Ephteria y su reino, la relación entre ella y su madre podría haber servido de paralelismo, pero no hay nada allí, nada sobre lo que pueda yo decir algo).

Lo más frustrante es que el libro parece prometer una confrontación (no solución) al conflicto que va mostrando en el fondo o al centro, dependiendo de la escena y al final no hay nada. Lejos de diálogos mayormente vacíos del tipo "la unión hace la fuerza" y "pretendamos que aquí hay política", no hay nada que confronte al status quo de ninguna manera. No hay ni siquiera inacción, no hay ni siquiera resignación. No hay esperanza. No hay huída (como la huída de Omelas). Sólo "la unión hace la fuerza", pero no sabemos cómo o por qué. Para qué o en qué afecta a los personajes

¿Fue el miedo al conflicto? ¿O fue simplemente que no había forma aceptable de solucionarlo? ¿Fue el no saber qué hacer?

Landscape Vietnam, Sonja Brstilo

Sin embargo, es un patrón que he notado otras veces en cosas editadas en los Estados Unidos en los últimos años, en inglés, sobre conflictos de este tipo. Todo tiende a terminar en un "bueno, la vida es así, es cruel, no hay justicia y eso es realista" o a no-terminar como este libro o termina con una masacre en la que sólo distingues a buenos de malos porque alguien en la narración te dijo que unos eran los buenos. Pensé en algo que leí ayer: no se puede permitir aquello que cuestione de manera demasiado obvia al sistema. El artículo hablaba sobre como había fantasía grimdark y ciencia ficción estilo survival que validaban al capitalismo (y esto es fantasía, pero ni de pedos entra de lejos en lo llamado grimdark, ahora voy al punto) y en su instroducción tenía un párrafo bastante revelador que exponía directamente lo que pasa en la industria. Los procesos de edición, autoedición, a veces hasta autocensura con tal de conseguir la publicación. La cibra de todo aquello que no se ajuste al capitalismo. Están bien las críticas, pero que no se noten tan obvias. Están bien las críticas, pero siempre que las podamos cooptar. Está bien cuestionar a los sistemas que se mantienen en pie, como el colonialismo, pero que nunca haya ninguna confrontación real. Les pongo el párrafo (con traducción made in Nea), del artículo Subgenres of the apocalypse, escrito por Colin Broadmoor.

Under capitalism, a work of art must pass through multiple gates and filters—agents, publishers, producers, printers, streaming platforms, to name a few—before it can be disseminated to a mass audience. At each such gate, institutional arbiters select for pro-capital messages and weed out anti-capital possibilities. We might think of this as a parody of biological evolution with natural selection based on environmental conditions swapped out for ideological selection based on market forces. Only those artworks most aligned with the logic of capitalism will be selected to survive until production, reproduction, and distribution in media.

En el capitalismo, un trabajo artístico debe pasar múltiples puertas y filtros, agentes, editoriales, productores, imprentas, plataformas de streaming, por decir unas pocas, anes de que pueda ser distribuida a una audiencia masiva. En cada uno de esos filtros, los árbitros institucionales seleccionan mensajes pro-capitalistas y eliminan las posibilidades anti-capitalistas. Quizá pensemos en esto como una parodia de la evolución biológica con selección natural basada en nuestras condiciones ambientales cambiadas por selección ideológica basada en las fuerzas del mercado. Sólo aquellos trabajos artísticos que estén más alineados con la lógica del capitalismo serán seleccionados para sobrevivir hasta producirse, reproducirse y distribuirse.

Lo cierto es que las críticas siempre se ven veladas. Sobreviven las que pueden ser cooptadas o usadas para que unos pocos se den palmadas en la espalda. Pero no estoy hablando de ellas porque este libro no tiene ni una, ni un reflejo a lo que podrían ser las posibilidades (sólo una absoluta falta de). Me he topado muchas veces ya con este problema dentro de lo muy contemporaneo y quizá esta es la primera vez que es tan obvio: la incapacidad de aceptar una confrontación directa al sistema (pasa también con el cuento The Ones Who Stay And Fight de N. K. Jemisin, una historia que responde a Omelas sin haber entendido a su pregunta y que abordaré en un ensayo pronto). Para un libro que te hace creer en su subtexto que confrontará al colonialismo que retrata, la inacción de su trama es frustrante en todo sentido. ¿De dónde viene el miedo, si es que se le puede llamar así, finalmente, al conflicto? ¿Editores, agentes, escritores que saben qué es lo que vende y que vale la pena no incluir? Es sólo una teoría, en realidad. Quizá lo que ocurre es que hay quienes realmente no pueden imaginar otra posibilidad y eso es muy triste: nos deja con historias truncas como lo es Fireheart Tiger.

Quiero creer, simplemente, que podemos imaginar; hay que esforzarnos por hacerlo, tenemos una responsabilidad muy grande con nuestra imaginación. Pero podemos hacerlo. Paso a otro asunto.

La cultura vista como decorado y el lenguaje sin fondo

Aliette de Bodard tiene ascendencia vietnamita y decidió usar un escenario con claras alusiones a su cultura. El fondo, el palacio, los nombres, las formas, la historia, la educación. Todo evoca algo que no conocemos pero que no es muy diferente (también, creo que es porque Aliette de Bodard está escribiendo para una audiencia occidental y eso pesa: los agentes y los editores quieren que todo se entienda y a veces terminamos con libros sobreexplicados o con libros cuyo fondo sirve sólo de adorno a los lectores). No sé qué me frustró más: que este libro no tuviera fondo y que su forma se cayera a pedazos o leer reseñas (positivas, negativas, las que fueran) que trataban a su ambientación como un adorno. ¡Un libro vietnamita! (dicen, sobre todo los gringos que entienden leer diversidad como leer sólo a la diáspora y jamás algo traducido de otro idioma al inglés, lo cual les resta un montón de perspectiva, porque si la diáspora de cualquier etnia y cultura del mundo ya es increiblemente diversa y para nada monolito, la gente que escribe en otros idiomas también lo es). Y lo alaban o no lo entienden por ello mismo. 

Lectores que no entienden los honoríficos y sus posibles traducciones que dicen qué es raro que dos personajes se llamen "sister" (van a morir cuando descubran cómo se traduce gege del chino y cómo se usa en los romances gays) al mismo tiempo que alaban "¡qué bueno que haya un libro que retrate la cultura vietnamita!"; terrible, honestamente (qué bonito que retraten la cultura pero no me pidan que la entienda, eso es mucho). Hasta me dieron ganas de defender al pobre libro que me pareció pésimo, porque Aliette sabía qué quería rescatar en la historia, aunque fallara en el cómo.  

Bamboo Bridge in Cu Chi, Viết Chì Gỗ

Y es que tiene problemas de forma aunque sus referencias estén allí. El fonto se cae en el conflicto: pero la forma del lenguaje tampoco se sostiene: todos los personajes hablan igual sin importar de dónde vienen o cuáles son sus contextos (y para las pocas páginas que tiene, el libro es bastante variado en ese sentido) y todos hablan además igual que el narrador que es un narrador constantemente saltando a la cara de los lectores intentando tener frases que parezcan profundas y citables. Interrupciones cada dos párrafos para poner oneliners intentando ser quotable para no conseguir nada más que una molesta interrupción en el ritmo del libro. Su lenguaje no tiene ritmo alguno. No construye nada con él. Rescata historias vietnamitas sobre fuegos mágicos, pero lo hace de una manera tan plana que incluso, Guang, su mejor personaje, le queda a deber al espectador. Evoca un romance desesperado y fugaz en su aparición como los de Las mil y una noches y gran parte del lore asiático, pero lo hace con un lenguaje que no lo sostiene y nunca se avoca a esa pasión.

Lo primero que comenté al terminar el libro (que es una novela de fantasía con romance sáfico) es que me parecía muy instalove y resultada difícil de creer, no me resultaba verosímil. Luego pensé un poco de dónde podrían venir sus referencias y reconocí que hay cuentos e historias clásicas, específicamente de distintos lugares y culturas de Asia que han influido mucho las unas en las otras, donde el amor aparecía en una noche o en cuestión de horas. Todas ellas grandes historias, con lenguaje hermoso, donde no dudas de la pasión de los amantes ni de su desesperación y realmente crees que nació un amor profundo en cuestión de unas cuantas horas. Así que el problema no era el tiempo (que, con sonsonete, se puede leer en las reseñas que no es "realista", porque la gente de hecho ama esa palabra para hablar de fantasía y pedirle que sea lo que no es), sino directamente la forma. El lenguaje. Nada evoca una pasión desesperante, de las que hacen perder el sueño. La falta de ritmo de un narrador que intenta ser demasiado correcto llega a hacer inverosímil la historia de amor

Las conclusiones

¿Les recomiendo el libro? No. No puedo decir nada bueno de él (aunque sí puedo agregar cosas malas de algunos de sus lectores gringos blancos de los que no más querían ponerse el pin de leí diverso). El dragón no hace a la fantasía, bien lo dijo Ursula K. LeGuin y este libro es pura textura que se deshace al tocarla. Es una lástima, porque quería que me gustara, no sufrir una decepción tan absoluta como la que sufrí.  Pero bueno, intentando verle el lado positivo, creo que todas las lecturas dejan algo y a mí está me dejó este ensayo. Quizá vuelva a darle la oportunidad a Aliette de Bodard. Tengo la mala y buena costumbre (dependiendo del escritor) de concederles múltiples oportunidades hasta que me convenzo de que no es lo mío o de que hay cosas que sí son lo mío. Ya veremos.

Por lo pronto, ya dije lo que tenía que decir y nos vemos en la próxima reseña.

jueves, 21 de enero de 2021

Todo mal con Ten Count de Rihito Takarai

Advertencia: No me gustó Ten Count. Encuentro malo casi todo sobre él: temas, narrativa, ritmo. Y como buena opinadora sin oficio, opino. Mucho. No porque la ficción sea ficción (que lo es, qué bueno es distinguirla) vamos a dejar de criticarla.

Ten count, arteSinopsis: Tadaomi Shirotani es un joven hombre que sufre de misofobia, por lo que intenta evitar entrar en contacto con la suciedad y los gérmenes. Un día, su camino se cruza con el de Riku Kurose, un psiquiatra que tras contemplar la gravedad de su caso se empecina en curarlo y librarlo de su fobia, una obsesión que atormenta cada aspecto de su vida cotidiana. Shirotani decide aceptar la oferta y comienza su terapia con Kurose, sin saber que su relación pronto se profundizará a una mucho más íntima que la de doctor y paciente. A medida que su relación con Kurose avanza, Shirotani deberá lidiar con su conflictivos sentimientos y enfrentar sus temores. 

TODO MAL. Mayúsculas, que en el lenguaje de la internet, significa que uno está gritando. Le puedo agregar infinitas exclamaciones a cada lado y, además de ser un horror de la estética, seguiría sin ser suficiente para expresar lo que siento por este manga. No hay una sola cosa que terminara bien. Ni siquiera media. Para haber sido más feliz no tuve que haber gastado unas cuantas horas de mi vida en él. Pero ya está, ya las gasté. Ahora soy una advertencia andante, en color neón, que dice que Ten Count no me gustó y que cada uno lo lee bajo su propio riesgo. O mejor: no lo lean. Pero como aquí no somos prescriptivistas, pueden hacer lo que quieran. Esta entrada-reseña-crítica-destrozo es una lista. Así es más fácil ordenar por qué todo mal.

1. La primera nota de la mangaka dice algo así como que espera que los lectores no lleguen buscando un romance muy rápido a Ten Count, engañados por las portadas (que enseñan mucha piel de dibujitos de hombres guapos en 2D). Tengo leves esperanzas. Al final, las portadas tienen razón.

Kurose y Shirotani, protagonistas de Ten Count
Kurose y Shirotani

2. Hay muchas maneras de abordar una relación entre un terapeuta y alguien a quien pretende "curar". No puedo hablar de terapeuta/paciente porque todo ocurre fuera de un consultorio a terapia convencional (supongo que para evitar abordar aún más conflictos éticos que sería interesante abordar si uno realmente quiere escribir cosas tan chungas), pero sí de algo que se le acerca mucho. Como dije, hay muchas maneras, Ten Count no es una ellas. [Inserte momento de Nea mirando al vacío, preguntándose por qué a la gente le llaman este tipo de relaciones de poder presentadas como el culmen romántico de algo cuando bien podrían ser presentadas simplemente como las cosas chungas, complicadas que son]. Kurose es probablemente el peor terapeuta del mundo. Su única dimensión como personaje es ser un emo por motivos no claros y un manipulador.

3. Shirotani tiene algún intento de desarrollo sobre su misofobia. No llega a ninguna parte.

4. Seme y uke no son personalidades

Meme burlándose de quien usa seme/uke como personalidades.

5. Si no saben los términos anteriores, tampoco son personalidades ni top ni bottom, ni activo ni pasivo. No es una personalidad en qué posición le gusta estar a alguien mientras coge. (No hablemos de la versatilidad, eso es muy avanzado para un manga yaoi con todos y cada uno de los vicios del género).

6. Siguiendo en lo mismo, seme y uke tampoco se refieren a quien es el hombre y quien es la mujer de una relación, aunque este manga parece creer que sí. Esa es, de hecho, una idea muy misógina. Cuando hay dos hombres en una relación, hay dos hombres y punto. (Y cuando hay dos mujeres, pues lo mismo, hay dos mujeres). Enfrascar a las relaciones homosexuales en los peores patrones hetero que se les ocurran es, a estas alturas de la vida, mala narrativa. Y lo era también en el 2013, cuando Ten Count empezó a serializarse.

7. Este manga no entiende de consentimiento. Ojo, hay una diferencia entre "los personajes no entienden de consentimiento" y lo que yo estoy diciendo. Seamos más claros: el subtexto no entiende de consentimiento; la autora no entiende de consentimiento

7.5. Para clarificar el punto anterior: decirle a alguien "de todos modos querías", cuando ya pasaron las cosas y que el otro diga que sí (medio por manipulación) no es consentimiento. El consentimiento tiene que ser explícito. En cualquier práctica sexual. 

Meme que se burla de que no se escriben romances sanos

8. El abuso sexual no es romántico. Tampoco es sexy. No acabo de decidir qué es lo que este manga cree que es, pero está entre esas dos cosas. Es probable que, si intentan leerlo, deseen aventar el tercer y el cuarto tomo por la ventana. Comprensible. Yo lo haría, de tenerlo. Lo quemaría: tener este manga me parece una tragedia. Imaginen una plantita feliz convertida en semejante mierda, debe vivir una vida muy trágica.

9. La manera en que este manga trata el abuso sexual dentro de una relación carece de sensibilidad alguna. Bueno, la manera en que lo trata, en general. 

10. ¿Por qué [y estoy implorando a todos los dioses en los que no creo] hubo una época en el yaoi en el que todo tenía abuso sexual? ¡¿POR QUÉ?! Peor es que Ten Count sea de esas cosas y que yo lo haya leído.

11. Quiero estrellar a Kurose contra un vidrio.

12. Quiero alejar a Shirotani de Kurose, cueste lo que cueste.

This is fine, meme

13. Las relaciones tan enfermizas como esta, donde hay una clara relación de poder muy parecida a la de un médico y un paciente no son románticas. El subtexto de este manga no está de acuerdo conmigo e intenta convencerme de que lo son. Yo le grito de vuelta. Todo el mundo tiene derecho a tratar el tema que quiera en sus obras. Incluso temas oscuros y desagradables. Lo que tiene crimen es creer que el abuso sexual es romántico o hablar de él con una completa falta de humanidad o sensibilidad y eso es lo que hace Ten Count.

Listo, ya acabé. Trece puntos, espero muy convincentes, de lo que pasó por mi cabeza mientras estaba leyendo Ten Count de Rihito Takarai. En resumen, esta entrada es un poco desquite por el tiempo que pasé leyendo el manga. Son varios tomos (creo que seis) que giran en torno a la supuesta relación romántica (que ya vimos que muy romántica no es) de los protagonistas. Les recomiendo mantenerse alejados, pero bajo su propio riesgo. Yo cumplo con contarles mi opinión y avisarles que hay abuso sexual en este manga que no es muy agradable de leer (una advertencia de ese tamaño y por estos motivos no la considero spoiler). Si quieren leer relaciones entre hombres, hay cosas mejores en manga.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Hermanastra, Jennifer Donnelly | Reseña

Sinopsis: Isabelle no es la preciosa muchacha que ha enamorado al príncipe tras perder un zapato de cristal, sino la hermanastra fea que se ha cortado los dedos de los pies para lograr meterlos en el zapato de Cenicienta. Y ese zapato… se está llenando de sangre. Cuando el príncipe descubre el engaño, la rechaza y condena a su familia al desprecio del pueblo. Pero ella cree que se lo tiene merecido: quería ser como Cenicienta y solo ha conseguido ser mala y celosa. Ahora tiene la oportunidad de cambiar su destino y demostrar lo que las hermanastras feas siempre han sabido: ni siquiera un corazón roto basta para someter a una chica.

NO TE CONFORMES CON ROMPER EL CUENTO DE HADAS. HAZLO AÑICOS.

Hay muchas cosas que me dan risa de la sinopsis, de este libro, del hecho de que leí 250 páginas en un día para acabarlo a huevo, antes de que me siguiera dando pereza leer. Ay, esto de romper los cuentos de hadas me da mucha risa, perdón. Pero ya les explico por qué más adelante. El caso es que el libro no me gustó pero a veces encuentro interesante discutir de cosas que no me gustaron porque se abre el diálogo y esas cosas. Esa creencia de que sólo vamos a hablar de las cosas buenas me cansa mucho porque en la crítica puede haber debates increíbles y mucho diálogo (eso sí, parto de la idea que cada quien lee lo que quiere, incluidas las reseñas. 

De nuevo, como hice con El fuego verde voy a dividir la reseña en partes, para dividir los temas que quiero tratar (ya ven, no lo hago sólo con libros que me gustan mucho, aunque sí es más frecuente que me ocurra con libros queme gustaron...). Sólo juro que no estará tan larga.

El hilo negro de los cuentos de hadas

Me llama mucho la atención una corriente que no se cuanto tiempo lleva existiendo (que sé yo, yo alcé la vista y la estrategia de marketing ya estaba aquí) que se volvió una tendencia cuando los retellings de cuentos de hadas inundaron el mercado (recordarán que yo leí Una corte de rosas y espinas de Sarah J. Maas con terribles resultados porque ese libro peca de ser aburridísimo y la peor re imaginación que he visto de La bella y la bestia) después de que se publicó Crónicas Lunares (que se salvó un poquito del asunto, pero yo no los he leído, así que no opino). De repente los equipos de marketing de las editoriales anunciaban estas novelas como "cuentos de hadas más oscuros" o "cuentos de hadas para adultos". Supongo que asumían que lo único que su público conocía eran las adaptaciones de Disney porque de otra manera no se explica como demonios vi campañas y campañas del estilo y como vi cuarenta mil portadas como Hermanastra.

Ilustración de Gustave Doré

Hermanastra acaba allí donde termina la Cenicienta, en esa versión en que la Madrastra obliga a sus hijas a cortarse los dedos para que los pies les puedan entrar en la zapatilla. Ese es el inicio de la historia y me pareció de repente que Jennifer Donnelly quería rescatar esa versión y desarrollarla más. Lo cual es una excelente intención. Reimaginar los cuentos de hadas, reinventarlos, crear a partir de ellos es algo que me encanta. El problema viene siendo cuando, aun cuando los autores no lo hagan a posta (Donnelly siento que no lo hace con esa intención, simplemente quiere agregar a la historia), las editoriales por todos lados me están vendiendo estas cosas como cuentos de hadas más oscuros.

Me pregunto. ¿Habrán leído las recopilaciones de Grimm, Perrault (mi indiscutible favorito porque marcó mi infancia), los cuentos de Hans Christian Andersen? ¿Habrán... leído? La idea de que los cuentos de hadas son rosas viene, sospecho, de Disney. También de la idea que son para niños (sí, para niños de cero y hasta más de cien años, ridículos) y que todas las cosas para niños tienen que ser rosas en el sentido de bonitas, felices y sin ninguna cosa triste (lo que es, mi opinión una soberana estupidez, porque sólo me hace pensar que consideran a los niños estúpidos). En fin, todas esas campañas de hacer los cuentos de hadas más oscuros o "volver a los cuentos de hadas originales" (considerando que lo que tenemos son recopilaciones que nacieron desde la tradición oral en muchísimos casos...) me matan, lo juro. Parece que acaban de descubrir el hilo negro y no asomarse a una tradición que lleva siglos sobre la tierra. (Y no, se llevan escribiendo reinterpretaciones de los cuentos de hadas desde que el mundo es mundo y si quieren unas muy buenas, recomiendo La cámara sangrienta de Angela Carter).

Ilustración de Gustave Doré

En fin, llegué con interés al libro de Jennifer Donnelly porque, al menos, prometía escribir la historia después de Cenicienta, la historia de las hermanastras y la premisa no se veía mal (además era la lectura de un club de lectura, no iba a decir yo que no) y me gustó la manera en la que empezaba la historia (con el Azar y las parcas, elementos de la fantasía del libro tremendamente desaprovechados en un intento de hacerlo más "realista" creo), además del punto de comienzo para las hermanastras de Cenicienta. Y... ya. El resto del libro se pierde en reivindicar cosas (todavía siendo a la autora gritándome) en vez de contar una historia con esas cosas que pretende reivindicar, desaprovecha todos los elementos fantásticos que mete (con excepción de la Reina de las hadas) y es una gringada suprema.

Personajas fuertes

En mi adolescencia me emocionaba mucho por el prototipo de "personaje feminimo fuerte". Se los juro. Muchísimo. Para mí Hermione Granger fue un antes y un después en mi vida porque yo era igual de ñoña y en ese momento buscaba identificarme con cualquier cosa. Nunca me ha sido muy difícil identificarme con personajes, pero una tan idéntica a mí me encantaba. Y después me siguió pasando con muchos personajes (Hester Shaw de Máquinas Mortales, Momo...). Y luego llegó el boom con Katniss Everdeen y acabé descontenta. Me estaba pasando algo con los personajes femeninos fuertes. No porque haya algo malo con ellas per se; Katniss me parece muy interesante para hablar de salud mental, con todo y que yo deteste a morir la trilogía de Los Juegos del Hambre. El problema es que de repente los personajes femeninos fuertes eran aquellos que entraban en un rol masculino y nada más.

Me explico: personajes fuertes eran las guerreras que daban patadas y reventaban cabezas de la nada en historias con un subtexto que despreciaba abiertamente lo femenino. Me gustan, en cambio, las personajas que van contra esa norma (Elizabeth, en Black Butler, es un ejemplo) y que demuestran que algunas cosas "típicamente masculinas" no están peleadas con otras "típicamente femeninas". O personajes que demuestran que no sólo hay fuerza en la pelea, sino en la inteligencia (¿por qué creen que me gusta Hermione Granger?), en la compasión (Luned, de El fuego verde, de quien hablé tanto la entrada pasada), en el cuidar a otros, en la resiliencia. 

 En el caso de Hermanastra, me resultaba especialmente atrayente Tavi, la otra Hermanastra, apegada a las ciencias y a los libros. Sus ansias de estudio me resultaban maravillosas y los desastres en los que se metía (como el queso maloliente) me hacían sonreír. Una chica a la que le gustaban las matemáticas y quería estudiar en vez de ser una esposa para el resto de su vida. Es algo bonito. Lástima que sus diálogos parecieran exposiciones aburridas de secundaria escritos sin ninguna clase de amor y no tuviera personalidad más allá de eso. Isabelle estaba mucho mejor formada en ese sentido, buscando los pedazos de su corazón. Sin embargo, me decepcionó un poco que acabara finalmente en ese prototipo de personaja que sirve para reventar cabezas cuando durante toda la historia se demostró que además de sus habilidades para la pelea, también era compasiva con los suyos a su manera y era protectora. 

En fin, lo que no me gusta tanto de la historia es el subtexto. Siento que es algo que la autora no supo manejar. Está ahí gritándote constantemente, sin ni intentar usar el lenguaje a su favor para gritarte "¡mira lo feminista que soy! ¡mira lo woke que soy!". No me gusta eso. ¿A mí que? Que bueno que seas woke, oye. Quiero una historia, no que te cuelgues medallas en la frente. Quiero que tu historia me transmita ese mensaje, no que salgas de entre las páginas a tratarme como una lectora pendeja. En fin. Creo que hay pensar a los personajes más allá de la gringada woke, construirlos con cariño para que no acaben hablando como robots de secundaria (de verdad qué tristeza me da Tavi, porque su personaje pudo haber sido entrañable) contestando con desgana a las preguntas del profesor.

Conclusiones y otras cosas

Muy bien, ya no me quiero extender más respecto a la reseña. Creo que lo único que me gustó fue Tanaquil, la Reina de las Hadas (y lo digo con reservas, porque de verdad le busqué cualidades redentoras a este libro, pero de gringada no pasó) porque fue el único elemento de fantasía que me pareció bien aprovechado. El resto quedó diluido en la nada (¡las parcas! ¡Azar! ¡Desaprovechados totalmente!). Los personajes no me parecieron formados muy bien con la excepción de Isabelle (y eso sólo porque a ella se le dedican más páginas).

Ilustración de Gustave Doré

Mi conclusión del libro es que fue una gringada. No hay otra forma en la que yo pueda describirlo. Sentí que los personajes se movían y hacían cosas y hablaban y que el texto me intentaba contar algo, pero de lejos y de repente salía la autora a tratarme como si no fuera suficientemente lista para entender su subtexto. Y eso, miren, yo no lo aguanto. 

¿Recomedarlo? O sea, sinceramente no, pero si les gustan las cosas basadas en cuentos de hadas es probable que igual les guste y yo no voy a detenerlos de que lo intenten. Cada libro tiene su público. Total. Nos vemos en la siguiente reseña.

martes, 9 de julio de 2019

Enigma asiático, Carolin Philipps | Reseña

Sinopsis: Lea es una adolescente adoptada por una pareja de alemanes. Cada vez que oía o veía algo sobre China, su país natal, sentía un vuelco en el corazón. Todo lo de aquel país le resultaba familiar de una manera especial y, sin embargo, muy lejano. Durante años se negó a acercarse a esa cultura, por temor a saber algo origen y, más aún, sobre los motivos por los que fue dada en adopción. Un día, sin embargo, comienza la búsqueda que la llevará hasta la familia biológica y a conocer uno de los episodios más oscuros de la sociedad china contemporánea.

Este libro es tan pero tan malo que me dio rabia. Primero, porque trata de temas que se prestan a la reflexión (racismo, misoginia, infanticidio) y está escrito desde la mirada más blanca posible. En serio, sólo podía pensar a The whites are at it again y no sólo eso, Imperialists are at it again, porque justo tiene una manera de mirar a China que me parece muy desagradable. No es que lo haga remarcando todo lo que es horrible sobre China, no, sino que lo hace desde la idea de que China es algo maravilloso y exótico. No. China es un lugar, donde hay gente. Para esto, realmente prefiero leer a Amy Tan, que con todo y su bias sobre China, habla de esa cultura como se habla de cualquier otra. No es rara (decir que es rara implicaría que hay algo "normal" y estamos hablando de ¡culturas!, pero claro, el mundo occidental quiere imponer lo suyo como normal y ni siquiera en lo occidental las culturas son homogéneas) ni es éxotica. Es. Tiene diferentes costumbres y diferentes maneras de ver la vida. Por el contrario, Carolin Philipps refuerza la idea de China como una lejana tierra exótica (en la que los campesinos viven en el atraso y eso es El Mal, porque que flojera pararse a ver las condiciones de vida en China y por qué las creencias de los campesinos son las que son, sean buenas, malas o nada de eso) y casi parece que alaba que se occidentalice. ¿Y eso es algo bueno? Es algo que ocurre, y ya (usualmente de mano con el imperialismo, pero bueno, ocurre).  En fin, como dijo Jack el destripador, vamos por partes.


El libro aborda el tema del infanticidio en China. Cuando la política del hijo único, miles de familias deseaban tener hijOs. Con o. En masculino. Los infanticidios de niñas aumentaron, mujeres eran presionadas para olvidarse de sus hijas y presionadas para tener hijos (ya, como si la decisión dependiera de ellos). Por supuesto, cuando salió la política probablemente les pasó por la cabeza que habría resistencia (en China tener muchos hijos era de buena suerte), pero no la cantidad de infanticidios. Todavía, a pesar de que intensas campañas que se habían hecho por la emancipación de la mujer (pueden ver los testimonios en La mitad del cielo), había muchos contextos en los que las mujeres seguían siendo vistas como inferiores. Se aborda ese problema en un ensayo que leí hace poco que viene en Sisterhood is powerful: China es enorme y el trabajo que debía hacerse para conscientizar a todas las personas era enorme igualmente, por lo que mientras en algunos lugares se hablaba ya de la colectivización de la crianza y de las labores domésticas, en otros apenas se estaba hablando de que las mujeres no eran seres inferiores a los hombres. Entonces, pues sí, el problema de los infanticidios (en los que el sexo y el género tenían todo que ver) fue algo que afloró. No sólo eso: la trata de niños aumentó (se ofrecían bebés en venta a extranjeros en algunos casos). Habiendo explicado yo este contexto, hablemos del libro: Lea es una joven China adoptada a la que sus padres le contaron que la adoptaron en un orfanato. Después de que su padre le de unas respuestas vagas cuando ella escribe un artículo sobre los guerreros de terracota y sea demasiado obvio que hay cosas que no le está contando, empieza su curiosidad por descubrir de dónde viene y quienes fueron sus padres biológicos. Creo que saben hacia dónde va la cosa, ¿no?


En fin, la primera vez que sale el tema de los infanticidios en China en el periódico escolar donde trabaja Lea, afloran un montón de actitudes racistas contra ella (porque claro, sus compañeros medio racistas la ven china y aunque sea alemana le echan la culpa). Una cosa positiva del libro (mínimamente, tampoco para echar cohetes) es que el chico que llevó el tema al periódico después publicó uno sobre los buzones para bebés abandonados instalados en Alemania, para demostrar que no era algo exclusivo de China. Y bueno, que existan los buzones para bebés es algo horrible que NO DEBERÍA EXISTIR porque para empezar lo que debería existir son condiciones para que las mujeres puedan decidir ser madres, lo cual involucra educación sexual, acceso a métodos anticonceptivos, aborto, que existan guarderías o, de otro modo, que la crianza sea colectiva y no recaiga sobre las mujeres, etc. Lo que me parece positivo es que justamente ese personaje vuelve sobre sus pasos al ver lo que causó su primer artículo y la ola de racismo que se empezó a extender (cuando, claramente, el foco no está ahí). ¿Cómo trata la autora a China? Ese es otro asunto.


Ya mencioné arriba que la trata como una tierra exótica, rara, alejada de lo normal, no como una cultura y civilización como cualquier otra (anda que no todas tienen mierda escondida). ¿POR QUÉ NO PODEMOS DEJAR DE MOSTRAR TODO LO QUE NOS RESULTA AJENO COMO EXÓTICO? Por otro lado, es de esos libros que critica la opresión a la mujer en el patio del vecino y no ve la suya. Muy literalmente. Eso me pasó cuando fui a India. A ver, vamos a explicar algo rápido: la misoginia y la opresión a la mujer se manifiestan diferente en contextos diferentes, pero están presentes en prácticamente todas las sociedades de clases. Cuando viví en la India, estudiando becada, mucha gente me preguntaba cómo podía vivir siendo tan machista la sociedad. Pero ah, cuando llegué me encontré con que no es que fuera más o menos machista (no tengo un ranking de dónde están menos oprimidas las mujeres, perdón), sino que la misoginia se manifestaba muy diferente y más bien variaba. Y lo mismo pasa con China y con cualquier cultura que conozcan. Entonces Philipps ve lo que pasa en el patio del vecino y no voltea a mirar al propio nunca (lo cual, si pasara, creo que mejoraría el libro, porque justamente resaltaría cómo la opresión se manifiesta diferente en contextos diferentes). Resulta chocante, un poco.

Ahora, al tema que me atañe: hay un poquito del libro entre la propaganda anticomunista. Al principio creí que eran mis ideas, pero luego llegué a la página 99 y descubrí que no. Vean este fragmento: 
Mientras comían sopa de codorniz y rollitos primavera, el señor Li les contó que hasta 1968 había sido profesor de historia antigua de China. Entonces llegó al Revolución Cultural y con ella el odio de los comunistas hacia todos los profesionistas. Médicos, maestros, profesores, todos eran sospechosos porque por su profesión acostumbraban pensar demasiado.
—La gente que piensa siempre es considerada una amenaza en los países no democráticos. No fue diferente con Hitler —añadió el padre de Lea.

Alta ahí la comparación de un régimen fascista con uno comunista. Pero antes de meterme a eso (porque obviamente tiene una agenda mencionar a Mao junto a Hitler, como si fueran cada uno lo mismo y no hubieran escrito de política con enfoques totalmente contrarios), voy a buscar algo que escribió/dijo Mao en Contra el culto a los libros:
Si usted no ha investigado un problema, se le priva del derecho a opinar sobre él. ¿Es esto demasiado brutal? No, en lo más mínimo. Puesto que no ha investigado el estado actual del problema ni sus antecedentes, e ignora su esencia, cualquier opinión que exprese al respecto no pasará de ser un disparate. Decir disparates, como todo el mundo sabe, no resuelve nada; así, ¿qué habría de injusto en privarlo del derecho a opinar? Muchos camaradas no hacen más que lanzar disparates con los ojos cerrados; esto es una vergüenza para un comunista. ¿Cómo puede un comunista decir tonterías con los ojos cerrados?
¡Inadmisible!
¡Inadmisible!
¡Hay que investigar!
¡No decir disparates!
Por supuesto, el investigar requiere pensar, reflexionar. Y no es sólo leer, debatir sobre un problema ayuda a reforzar nuestros argumentos y conocer otras posturas. Este es un tema que también es un tema que se aborda en La mitad del cielo, donde se habla de cómo se animaba el debate en las escuelas y en las comunidades durante el apogeo de la revolución cultural. O sea, tanto así como "estaba prohibido pensar" pues no. Y ojo, que la Revolución Cultural igual no fue perfecta e igual e cometieron errores, pero oigan, hay que criticar bien, no con frases del tamaño "es que con Hitler era lo mismo", "no se podía pensar". Y ya, cierro mi caso con eso. Voy a otro tema (que mira que un libro de menos de 150 páginas me hace rantear con ganas).


Por otro lado, la prosa es... plana, se puede atisbar cierto interés aleccionador (que a estas alturas no cabe en libros para jóvenes, sino que yo considero más interesante el que los textos abran debate) más que un interés literario de contar una historia sobre la cual se debata. Los personajes tienen un poco de evolución (Luca y Lea en especial), pero aún así siento que podrían estar mejor desarrollados y que la historia tiene un muy mal ritmo y que este va a trompicones y como puede. O sea, dejemos en que odié este libro y que no lo recomiendo, pero que si lo quieren leer los animo a hacer una lectura crítica de él. 

martes, 28 de mayo de 2019

The Ms. Marvel Years, Brian Reed | Reseña

Sinopsis:  In the "House of M" universe, Carol Danvers glimpsed the full potential of her life. Now she embarks with renewed focus in a bid to become the best she can be! With support from friends like Captain America and Jessica Jones, Ms. Marvel is determined to become the greatest hero around - and stopping an alien invasion that could end life on Earth is a good start! But when Civil War erupts, whose side will Carol be on? She's joined by fellow Avengers Wonder Man and Julia "Arachne" Carpenter, but what will their mission be - and is everyone truly on the same team? When the dust settles, a crossroads is reached, and a decision must be made that will change the course of Ms. Marvel's life! 

Este es un grave caso de TODO MAL. En cincuenta grapas (cincuenta y algo más, porque esta compilación trae los especiales), no pude encontrar nada que redimiera esta historia fuera del arte de Sana Takeda (una de mis ilustradoras favoritas) en varias de las últimas grapas. Lo demás es... todo mal. Pero bueno, vamos por partes. Carol Danvers, con el nombre de Ms Marvel, estuvo en manos de Brian Reed desde el 2006 hasta el 2010 y se publicaron nueve volúmenes compilados con su historia. Hace un tiempo Marvel decidió sacar todos esos compilados en tres partes, de tres en tres y bueno, eso fue lo que leí mientras tenía cólicos y me sentía mal hace unos días. Cincuenta y pocas grapas más de Ms Marvel. No les miento: fue horrible.

Está, primero, el asunto de que Carol Danvers no me cae bien: ni en manos de Margaret Stohl, que al menos trataba de que Carol tuviera agencia y vida privada; ni en manos de quien decidió qué iba a defender en Civil War II; ni en manos de Brian Reed (aunque en manos de Brian Reed, además, me enoja).  Me parece un personaje que siempre ha sido usado con una agenda con la que no concuerdo y... bueno, por mucho que los vatos ridículos lloren que el hecho de que ahora tenga una película es producto del marxismo cultural (¿?) o del neofeminismo (¿?) o de cualquier estupidez que se les ocurra, la película tenía momentos que parecían spot publicitario de las fuerzas aéreas. Pero bueno, hablemos de esta serie de comics, cuando Carol aun no era Captain Marvel y los que escribían los guiones y dibujaban gran parte de las grapas creían que no era más que una fantasía masculina. ¿Quieren evidencia? Acá va:

1) Todos estamos de acuerdo que el traje es poco funcional (o sea, es funcional si lo que quieren es mostrar piel), pero lo que es realmente criminal es la manera en la que lo dibujan: pechos que desafían la ley de la gravedad de un tamaño que yo sólo considero adecuado si también tu personaje va a tener dolores crónicos de espalda en algún punto de su vida, leotardos que hacen notar lo muy bien que trae depilada la zona del bikini, un énfasis innecesario en sus curvas. Es muy diferente cómo está dibujada a lo largo de todo este run (con la excepción de los dibujos de Sana Takeda, que si no perfectos le dieron proporciones más normales) a cómo la dibujan ahora. Esperen que les muestro: 

El leotardo a media boob, la zona bikini depilada que ni te cuento
Los increíbles pechos que desafían la gravedad y no conocen la física
Ni así funcionan los vestidos strapples, ni así funcionan los pechos
Y este es un dibujo actual con un traje funcional y con mucho menos énfasis en las *curvas*
¿Lo ven? En los tres primeros dibujos tienen muy claro quien creen que es su público objetivo y estoy convencida de que no están pasnaod en las mujeres. Están pensando en cómo ven los hombres a las mujeres y, sobre todo, cómo ven a las superheroínas. Y eso es lo que se refleja en la página, al final de cuentas. Es incómodo porque sabes que está escrito para un público morboso y además de todo, no es cosa sólo de la ilustración. Oh, no.

2) La vida personal/privada que Brian Reed decidió darle a Carol Danvers: Después de leer el run de Margaret Stohl (del que les debo una reseña) que hacía énfasis en Carol y en su círculo de amigas (aunque mediocre, pero al menos lo intentaba), todo este fue una mortal decepción. En la primera grapa Carol menciona que Jessica Drew es su mejor amiga y... luego vuelve a salir como cuarenta issues después o algo así. Es obvio que a Brian Reed la vida personal de Carol no le importa en lo más mínimo si no es para salir con hombres, tener citas, one night-stands que me hacen creer que Carol/Rhodes fue una buena idea en algún momento (en serio, así de nefasto) o que los hombres se comporten de manera extraordinariamente creepy alrededor de ella (Peter Parker incluído, aunque creo que es el menos creepy de todos). La manera en la que están escritas sus interacciones con hombres que podrían ser *intereses* amorosos o sexuales es creepy a morir. Hasta incómoda. Y, dejando de lado a su agente, a la cual parecen olvidar pasado un tiempo, las citas es el único insight que tenemos en la vida de Carol, como si nada más fuera interesante para desarrollarlo.

Y bueno, eso sólo en lo referente a lo visual y cómo está contada la historia, de la trama todavía hay paja que cortar.


El aftermath de Civil War es especialmente penoso para Carol como personaje. No creo que sea algo exclusivo de ella, porque muchas series tuvieron muy penoso el aftermath de esa trama (que es muy buena y está muy bien escrita, pero ¿y las consecuencias?). En fin, en Civil War, Carol trabaja con Tony Stark para llevar ante la justicia a todos los superhéroes que no se registren. Arachne se acaba robando el show (la historia es desgarradora), Anya Corazon aparece por primera vez, me parece (ahora es la Spider-girl) y Carol queda... bueno... como una asshole. Increíblemente lo que hace no creo que sea tan out-of-character, finalmente, tiene entrenamiento militar: no cuestiona la ley sino que la hace cumplir (y bueno, quizá sólo sea a mí que soy roja de mierda a la que le aterra que un gobierno como el yanqui controle superhéres o quizá veo demasiadas cosas en la ficción, pero esto soy). En fin, hay una escena donde arresta a Arachne enfrente de su hija que a mí me rompió el corazón y a la que vuelve una y otra vez en las grapas posteriores a Civil War y creo, que, sinceramente, nadie supo cerrar bien esa trama que tenía todo el potencial del mundo.


Hay una discusión entre Carol y Tony en la que le dice que al final acabaron arrestando gente enfrente de sus hijos y Tony le dice que eso es lo que hacen *policías todos los días* como si estuviera bien porque es lo que tienen que hacer por un bien mayor o algo así y, damn, yo tenía ganas de cruzar la página y darles con la silla a los dos. Pero bueno, no me extraña que esa clase de agenda de mierda exista en estas series porque, finalmente, los cómics de superhéroes gringos se han usado toda la vida para la propaganda pro yanqui. (Véase al Capitan América dándole un puñetazo a Hitler, a los enemigos siendo soviéticos durante la época de la guerra fría o un largo etcétera). En fin, volviendo a la trama del comic, les juro que aunque intentan cerrarla, a mí me hace agua por todos lados: siento que Reed no supo manejar algo tan grande como Civil War con Ms. Marvel. Las consecuencias las barrieron para abajo del tapete. 

Los motivos que mueven a Carol Danvers están interesantes... si Reed los recordara más seguido. La primera grapa empieza justamente al terminar House of M, un evento que no he leído, en el que los mutantes controlaban la tierra y Carol era la superheroína más poderosa. De vuelta a su realidad, Carol vuelve a ser una Don Nadie y se pone como meta ser lo mejor de lo mejor. Tú, yo y todos los que lean los comics de Ms. Marvel saben que lo logró: que tras Civil War II se convirtió en la más poderosa, que es la más poderosa. Pero en este cómic aun no lo era y es muy interesante ver cómo lo intenta, cada que Reed se acuerda de eso. Porque en vez de perseguir el motivo tenemos una cantidad infinita de cuadros llenos de hombres diciéndole a Carol lo buena que está, claro



Las tramas en general interesantes (con excepción de la de Secret Invasión, que es uns confusión andante, recuérdenme no leer el evento nunca), con resolusiones más o menos decentes. Mis favorita es la penúltima y es una en la que me gustó la resolución, War of the Marvels, donde Carol enfrenta a Moonstone, que está suplantándola como Ms Marvel. El plus es que prácticamente todo ese arco lo dibuja Sana Takeda, así que ni tan mal. Les juro que fue de lo que menos peor me pareció, para el caso. Además me gusta como juega con la idea de una Carol separada en dos, porque siente que para su vida normal es demasiado el hecho de que sea superheroína, como juega con la historia de Moonstone, etcétera. Es lo ligeramente pasable de toda la historia. Lo demás, terrible.


Pasando a las conclusiones: ¿recomiendo este cómic? POR SUPUESTO QUE NO. NO VALE LA PENA. No pierdan su tiempo en él. Vayan a leer otra cosa de Carol, dicen que el run de Kelly Sue DeConnick está bueno (no lo he leído, es de las siguientes cosas en mi lista). No sean cómo yo, no se torturen innecesariamente, que para lo único que me sirve leer estas cosas es para después estarles diciendo que no caigan en el mismo error que yo. (No, en serio, sí me horroricé con este comic, se los juro, está tan pero tan hecho para el público masculino que fantasea con Carol que es terrible). Ya mejor recen por mí para que ya no lea pendejadas. Nos vemos en la reseña que viene.