31 de diciembre de 2013

Lo que dejó el 2013

Regreso al blog para despedir el año. Porque así soy yo. Me he dado cuenta de que siempre lo abandono por agosto-septiembre y vuelvo a aparecer en Diciembre, así que ahora no es la excepción.

¿Qué tuvo este 2013 para mí?



Este 2013 publiqué Vendetta, un fanfiction que empezó a surgir el Diciembre pasado y vio escritas sus últimas páginas en Octubre de este año. Publiqué el epílogo el viernes pasado, y me quede tan ancha y tan satisfecha porque sentí que le hice justicia a mis personajes y a los que no son míos. Seguiré escribiendo, como quien dice, rizado el rizo, mientras tenga ideas.  Por lo pronto, me conformo con poco.
—Liliane, no eres una asesina —murmuró James. Al final, al pelirrojo se le daba bien conocer a las personas en poco tiempo—. Y matarlo no arreglara nada, matarlo no te hará sentir mejor, ni más tranquila. Oírlo suplicar perdón no hará que puedas tener hijos, o que vuelvas a tener madre. Verlo desangrarse no hará que tu hermano vuelva a ser el que era antes… Y matar, Liliane, matar sólo desgarra el alma. No eres una asesina. —Y entonces, ella lo abrazó también. Confiándole su debilidad, porque la tenía—. No está mal ser débil, Liliane… no está mal. No está mal confiarle tus miedos a alguien más.Capítulo XLIV: I'm not a robot
Este año conocí a mi esposa, TanitBenNajash. Casi me quiso comer. (¡Hay fotos que lo prueban!)

No fui a ver a Vetusta Morla. Ni a Love of Lesbian. Ni a La Habitación Roja. Los tres grupos vinieron y sufrí porque tuve la oportunidad de ir a todos los conciertos y el dinero. Mis padres, bueno, mis padres decidieron que no querían llevarme a ningún lugar.

Salí de Bátiz. Entre a ESCOM. No sé por qué lo primero es considerado tan enorme logro, pero pues eso. Salí de Bátiz. En tres años. Tampoco entiendo cuál es el logro en eso pero la graduación fue bonita a pesar de que llevaba zancos… digo, tacones. Y me dolían los pies. Pero era más alta que todo el mundo: JA!

Decidí que iba a dejar de publicar el Potterfics. Luego me arrepentí porque me acordé de las portadas. (¿Patética, yo?, ¡para nada!)

Vi a Xavier Velasco cantar el Rap del Diablo Guardián. El plan no era quedarme a la conferencia, ni nada, pero en cuanto llegué, saludé a Bell y me senté mientras estaba hablando la autora de Como agua para chocolate, se soltó una lluvia torrencial que no paró hasta después de que Xavier Velasco había empezado a firmar libros. De hecho creo que nunca paró, sólo amainó y pude ir a ver libros cubierta por un paraguas.

Leí El Juego de Ender. Le debo una reseña, pero en Goodreads le puse cinco estrellas de cinco. Odio esas puntuaciones, pero según yo, si le pongo tantas, es porque está muy cerca de la perfección.

Otro de los mejores libros que leí fue El silencio de los inocentes. Perfecto, también, y casi creí que amaría Hannibal, pero entonces Thomas Harris me demostró que todo autor puede hacerle OOC a sus personajes. Sigo sin saber que pensar de Hannibal a la fecha y creo que si algún día veo la película de Hannibal: el origen del mal, diré que es una mierda. Aunque aclaro que la veré porque Gaspard Ulliel está muy bueno.

Vi tres películas de Audrey Tautou que no eran Amelie. Aunque vi Amelie varias y repetidas veces. Creo que me la sé de memoria. Ah, sí, las tres películas que vi eran La Delicadeza, Largo Domingo de Noviazgo y Thérese D. Mi madre cayó dormida en todas y cada una de ellas. (También se duerme viendo Amélie).

Leí toda la saga Alianza, de Helena Dax.

Por fin me puse al corriente con Once Upon a Time. En general odio a Henry, a Emma, a Neal, y Snow. Charming es soportable cuando está lejos de Snow. En fin, sólo sigo viendo la serie por Regina, Rumple, Hook y evidentemente, Robbie Kay.

Sufrí mucho con la boda roja. Pero después recordé que Daenerys existe y todo fue un poco mejor. Aunque debo decir que extrañaré a Robb I El hermoso aunque fuera un Rey del norte un poco idiota, pero es que alegra mucho la vista… Al menos aún hay Jon y Deanerys para rato.

Mi novio me regaló un poster de mi fantasía lésbica favorita. Léase, C.C. Ah, y cumplí un año con él.


Publiqué Entre las dos aceras. Es un pasada.

Para los mejores libros del año, esperen a los Oscares Literarios que le robé a Dann y que ahora pienso sacar cada año. Los peores se los adelantó: Divergente, Insurgente y Allegiant. Los odio con todo mi ser. Especialmente el último, o sí, casi soy capaz de destrozarlo en una reseña.

Casi no fue al cine, pero City of Bones hasta estuvo divertida (no es la gran cosa, pero tampoco es para satanizarla), La delicadeza fue de lo mejor, y de En Llamas, Johanna Mason fue lo mejor, aunque es un poco perturbador ver a la niña de Quédate a mi lado desnudarse frente a Peeta —a quien sigo odiando—, a Katniss —¿qué le ven?— y a Haymitch —«soy lo mejor del mundo mundial»—. Si tuviera que destacar escenas de En Llamas sería todas aquellas en las que Johanna tenga aunque sea un cuadro y cuando todos los tributos se dan la mano.

Entre las sorpresas del año está Percy Jackson. No ha salido tan mal como pensaba aunque me niego a ver la película. Aún estoy leyendo el libro 2.

Conseguí Todos mis sueños, tuyos, y debo decir que haré lo imposible para conseguirlo en físico algún día, aunque ya no quepan más en mi estantería.

Para mí, el 2013 fue un año bueno. Fin. 

1 de septiembre de 2013

Premios con preguntas

Itzabella Ortaceli, de Detrás de la tecla le dio un premio a mi blog y no pensaba seguir la cadena, pero estoy escasa de entradas y pues me dije uno me hará mal. Por otro lado, no lo pasaré a nadie porque a los que se los podría haber pasado, pues ya lo tienen o no les gusta poner entradas de premios

«One lovely blog award»


Las reglas son agredecerlo a quien te lo pasó (¡muchísimas gracias, Itza!), volverte seguidor del blog que te lo pasó (¡eso ya lo soy!) contestar once preguntas y pasarlo… pero de pasarlo creo que no, así que sólo contestaré las preguntas

¿Libro favorito?          
No tengo uno en especial, hay muchísimas libros que me han marcado. Si tuviera que hablar de uno en especial, diría que leo La edad de la punzada hasta que me convenzo de que mis problemas no son tan grandes, que leo Marina preguntándome cuales son los secretos enterrados en el ático de mi alma y que leo Diablo Guardián pensando que Violetta es la mujer en la que nunca quiero convertirme.  

¿Qué tipo de música te gusta?
Depende del día o del humor que tenga. Prefiero la llamada música indie, tranquila, la mayoría de las veces. Por supuesto, en cuestión de pop, La oreja de Van Gogh siempre será mi favorito y por supuesto, el J-rock es una de mis pasiones.

¿Libros que te han marcado o te han hecho ver la vida desde otra perspectiva?
La edad de la punzada me hizo valorar un poco más mi adolescencia, me hizo pensar en muchas cosas sobre mi vida personal y en la manera en la que gasta mi tiempo. Por otro lado, Sibila, de María García Esperón es una concepción del tiempo y de la historia que me hizo reflexionar mucho, leer el libro una y otra vez. Son los que más me han marcado. Algunos otros también me han hecho ver las cosas de manera diferente, o me han dejado huella, pero realmente, ninguno como estos dos.

¿Aproximadamente cuántos libros lees al mes?
No llevo la cuenta. Tres, cuatro, cinco si estoy de racha. A veces más.

¿Ebook o libro impreso?
Los dos.

¿Qué prefieres? Brujo/a, hada o vampiro.
Bruja.

¿Anime o manga favorito?
Code Geass. Porque C.C. es mi personaje favorito, por el dualismo Lelouch/Zero, porque Shirley demuestra ser capaz de dejar atrás sus convicciones por la persona que ama, por los que luchan por los ideales perdidos y aquellos que destruyen el mundo destruyéndose a sí mismos, para volverlo a construir.

¿Prefieres leer o escribir?
Las dos cosas.

¿Película favorita?
Amelie. Porque me hace volver a creer en el romanticismo y en el «a ver qué pasa», porque me recuerda que «Sin ti, las emociones de hoy, sólo serían la piel muerta de ayer» y porque me recuerda que siempre buscamos a alguien cuyas excentricidades se entiendan con las nuestras.

Algo que no puede faltar mientras lees.
Un lápiz. Me encanta subrayar libros.

Algo que no soportas oír acerca de quienes amamos la literatura juvenil.

En general, no me gusta que se desestime a la literatura juvenil, pero tampoco que se sobrevalore. Creo que leer literatura juvenil es tan válido como leer a Kant y aquellos que opinen lo contrario, que nos dejen en paz a los demás. 

31 de agosto de 2013

Now you see me...


Los ilusionistas. Admito que la fui a ver porque era eso o ver The Bling Ring y aunque ver a Emma Watson me seducía, mi madre eligió está porque la veía con más acción. No la culpo. Pronto dejará de estar en cartelera y yo no tengo ni idea de si me gustó o no. Así que volviendo el tiempo atrás voy a hacer un recuento de las cosas que me gustaron y las que no, para ponerlo todo en balance.

Lo que me gustó:

  1. Daniel Atlas. Más que por ser Daniel Atlas, por sus trucos de cartas al principio. He de decir que fue el que más se me quedo grabado en la mente, porque no me acuerdo del nombre de la chica pelirroja, y apenas me acuerdo de los otros dos.
  2. Los efectos especiales. Algunos.
  3. La persecución con los carros. Siempre me gustan las persecuciones, más si acaban con carros volteados. Pero no es que esta haya sido una persecución muy impresionante, hasta la de The Italian Job le gana.

Lo que no me gustó:

  1. Morgan Freeman dando vueltas. Morgan Freeman… bueno, siempre actua de Morgan Freeman y generalmente hace películas extraordinarias, sobre todo como Antes de partir. Aquí está el hecho de que toda la película esperé que hiciera algo y nada, simplemente una gran nada. ¿Su personaje desenmascara magos? Pues bien, los de la película le llevan ventaja siempre.
  2.  La francesa. ¿Qué hace allí?
  3. El final en general. Todo lo relacionado a El ojo. El final sorprende al espectador, sí, pero resulta forzando, increíble, una declaración completa del hecho de que los personajes no están construidos y que cambian abruptamente de personalidad. Toma las salidas fáciles, finalmente.


En general, la historia tenía una premisa arrolladora, interesante y un comienzo muy bueno. Después desinfla. No tengo nada más que decir. No sé qué más decir. Sinceramente, esperaba algo más que efectos y movimientos de cámara: esperaba una historia que me mantuviera pegada a la pantalla.

5 de julio de 2013

Todos mis sueños, tuyos

Este libro lo conseguí gracias a eBook Tours (que lamentablemente se está tomando un descanso temporal, pero no duden en inscribirse cuando vuelvan) y vaya que me ha encantado. Sobre todo porque deseaba hincarle el diente desde que se anunció su salida.

Sinopsis: Hace más de seis meses que Alexis no ve a sus padres. Cansado de ocultar su homosexualidad y soportar las humillaciones de su madre, dejó su casa arrastrando la depresión acumulada durante más de veinte años. Ahora vive en el centro de Buenos Aires, a veinte minutos de la Facultad de Filosofía y Letras, con Martín, un joven bohemio estudiante de Historia, y Franco, encargado de una librería y amante de la literatura medieval. En el bar de la facultad, Alexis conoce a Daniel, un estudiante de intercambio recién llegado de Estados Unidos, con quien inicia una relación.

Alexis vive en Buenos Aires y estudia Letras en la UBA; proviene de una familia desestructurada: un padre borracho, una madre loca. Alexis se marcha de su casa, harto, y acaba viviendo con Martín, estudiante de Historia, y Franco, de Letras, también gay, por el que es bastante notorio que se siente atraído. La novela se mueve en círculo: empieza y termina con la muerte de su padre, y se mueve a lo largo de esa circunferencia, con la voz de Alexis, que no duda en narrarnos los detalles de su día a día, junto a sus dudas y miedos, que lo embargan al principio de la novela.

Alexis
La voz de Alexis es única y creo que es mi parte favorita de la novela: la narración. Esa narración que vuelve a «Ale» real y te deja con ganas de abrazarlo repetidas veces mientras él se esfuerza por superar sus miedos y conoce a Daniel, ese sol de hombre por el que nadie puede evitar tomar parte, aunque sea un poquito, e inicia una relación con él, aun cuando sus preferencias están bastante claras desde el principio.

Sin embargo, la novela va más allá de las relaciones de Alexis. Es la historia de Ale, son sus miedos, sus amistades, sus dificultades, sus anhelos y sus sueños. Es la historia de un chico que nunca ha estado con un chico y que anhela a un novio, que ama la lingüística y no le importa la barriga de Franco, cuyos ligues de internet disminuyen cada vez más, debido a su tendencia a engordar. Es la historia del chico que trabaja en el bar de la facultad, del chico que habla de la sociedad mientras viaja en el colectivo.


El libro es la voz de Alexis y la voz de Alexis es sin duda, maravillosa. 

23 de junio de 2013

El estereotipo de la chica lectora

Lee. Quizá tiene pocos amigos, pero los libros la acompañan a todas partes. No le gustan las fiestas y los viernes no sale porque prefiere quedarse en casa leyendo el último libro que le compraron e insiste en que es «diferente». Comparte imágenes por Facebook para demostrar cual diferente es. No le gustan las chicas con cuerpo de Barbie, y dice que su cerebro la hace hermosa (a pesar de que la hermosura viene, directamente, de las proporciones). No tiene  novio y dice que cuando sea mayor va a vivir con muchos gatos porque no encuentra a su amor platónico. Sus únicos ideales de chicos son los galanes de los libros que están específicamente creados para la masturbación mentar de las chicas (acá entre nosotros: no existen ni en pintura). Aun así, denigra a las chicas que no pueden ver la «profundidad» de un libro puramente comercial y juvenil y lo único que hacen son fijarse en los personajes masculinos. Dice que no gasta su dinero en ropa (porque la moda no le apasiona), sino en libros.  Se considera a sí misma un error de fábrica y le encanta compartir el texto de “Cásate con una chica que escriba”. Llega a creerse culta porque sabe de qué trató Romeo y Julieta y está claro que no quiere un amor así porque duró pocos días y acabó con muchos muertos. A veces llega a declarar que es depresiva y casi siempre parece estar melancólica. Grita a los cuatro vientos que se «enamora» de todos los personajes que ve y se queja de que ningún chico de carne y hueso es así. Odia los estereotipos y lo más irónico, es que ella es uno.
                                   
¿Quién no conoce a una? ¿Quién no ha visto una en las redes sociales? Ponen toda su alma en demostrar que son buenas lectoras (¿según nos estándares de quién?) y algunas veces declaran a los cuatro vientos que sin tan pobres que tienen que leer en PDF’s (chica, si fueras tan pobre no tendrías el Smartphone ni me preguntarías como leer ePubs ahí), no como las gringas, que son como diosas, porque las gringas no tienen que esperar que la traducción salga (aprende a leer en inglés, o mejor, lee a hispanohablantes), las gringas obvio obvio no tienen por qué descargar PDF’s para leer (¿y tú qué sabes si lo hacen o no?, ¿les has preguntado?)… Publican las mismas frases en Twitter, las mismas fotos en Facebook, re bloguean las mismas cosas en Tumblr. Su mayor pasión —de casi todas— es el olor del papel, de un libro recién abierto. ¿Conoces a una? Quizá sí, quizá las has visto merodeando por ahí, intentando convencer al mundo de que son mejores personas por el hecho de leer y no ir a fiestas, ni salir con sus amigos. Pero, tristemente, leer no te hace culto, no te hace mejor persona, no te vuelve la madre Teresa de Calcuta.

Una chica lectora no puede ser aficionada a vestirse bien, ni a usar vestidos para gustarle a alguien. Es tachado de «superficial» al momento, como delito. Generalmente son ese mismo tipo de personas que denigran a otros lectores porque «sólo leen sagas de moda», «no ven más allá del personaje masculino», «no entendieron el verdadero mensaje del libro», y otro miles de ejemplos. Parece que lo que verdaderamente disfrutan es presumir los libros que han leído (que van desde sagas de moda hasta Marquéz y Shakespeare, no vaya a ser que no se vea una lo suficientemente culta), ya no el acto de leer verdaderamente, ya no el acto de angustia cuando le va a pasar algo a tu personaje preferido.

También son sensibles. A quien no llora con El Diario de Noah, Bajo la misma estrella, Tres metros sobre el cielo o cualquier libro parecido le dicen que es insensible, qué cómo puede ser, porque es imposible que eso pase. Prefieren el libro sobre la adaptación, obvio, y les cuesta entender que la adaptación es eso: una adaptación; y que los actores no están hechos a la medida de su imaginación. ¿Las has visto vagando por ahí? Dicen que los directores que dirigen las películas basadas en sus libros favoritos son unos idiotas porque borraron dos segundos del libro que obvio obvio son súper esenciales para entender la trama.  


Las he visto: pueblan el mundo como las barbies rubias, copia una de otra. Esgrimen el «soy diferente» como lema y Twittean frases «profundas», cada una más cliché que la otra, sacadas de Tumblr. Son el estereotipo de la chica lectora, poco sociable e incomprendida por una sociedad superficial. 

21 de junio de 2013

«Entre las dos aceras» en Potterfics

Publiqué «Entre las dos aceras» en Potterfics con motivo del Día del Orgullo LGBT, por su actividad «Entre frases e imágenes», con la inspiración de una frase de Metanfetamina, que Blaise Zabini hace suya:

«En mi opinión es absurdo especializarse, ¿para qué ir por un lado de la acera cuando puedes caminar entre ambas?»
 Te encantaba hablar. Hablabas así, no'más, por hablar. Porque tus demonios los escondías bien adentro, dónde nadie los pudiera ver. Te quejabas del mundo, como si el mundo se fuera a cambiar a sí mismo por tus quejas.  Me acuerdo de casi todo acerca de ti. De lo que no me acuerdo es de tus ojos. ¿Eras verdes y raros? ¿Marrones y comunes? ¿Azules muy claro? ¿Parecían ojos de gato? ¿Eran cafés claros, tan claros que se veían como miel, esos ojos que «se derriten» según los poetas y sus metáforas gastadas? No guardé ni una foto de ti. Las quemé todas con un encendedor color verde casi sin gas que también dejaste tú en el departamento, y cuando se acabó el gas del encendedor, las quemé con un cerillo, con dos, con tres, con los que hizo falta. Vi tu cara arrugarse y marchitarse y sentí un malévolo placer al quemar todas las fotos, una tras otra, oliendo el aroma a papel quemado que se quedó pegado en el departamento.

Lee el cuento completo aquí

20 de junio de 2013

Todos somos lectores

Ya van a empezar otra vez. Que sí el que lee «Cien años de soledad» es más lector que el que lee «Crepúsculo», y que si tiene más valor leer «La región más transparente» que leer «Hermosas Criaturas» y a le revés. Que si sólo leen las sagas de moda por curiosidad, que si no son cultos si no leen a Borges a Shakespeare, a García Márquez o a Vargas Llosa. Que si lo único que conocen de libros es a Suzanne Collins con «Los juegos del hambre», o que si la literatura juvenil es menor literatura por ser para jóvenes. Hace poco vi que una chica decía «ya se creen que han leído todos los clásicos porque han leído Romeo y Julieta». Me dieron ganas de preguntarle si lo había leído ella, cuántos supuestos «clásicos» había leído. Porque hace doscientos años también existían los refritos: Jane Austen escribía telenovelas (bien escritas), Louisa May Alcott intentos de lecciones morales y Salgari libros de aventuras bastante entretenidos de dudosa calidad literaria para los puristas de la literatura.

Y empiezan a chillar como cerdos sus distinciones, quién es lector y quién no. Si te gusta Crepúsculo (una novela bastante plana con una bonita redacción) debes ser estúpido (porque obvio no puedes ser inteligente con semejantes gustos) y si ya leíste a García Marqués obvio, obvio, tienes que ser cultísimo. A los hipsters les gusta Battle Royale y no Los juegos del hambre, porque la segunda es una copia de la primera y no entienden que cada una aborda el mismo tema de maneras completamente diferentes.  Y luego vienen los que no pueden imaginar que un adulto pueda disfrutar la fantasía como se debe, porque eso es para chicos. «Eso son tonterías y un adulto con un mínimo de inteligencia no lo puede disfrutar».

Cacarean siempre sus distinciones (tú sí eres lector, tú no, tú no puedes serlo; es como un club de niños de primaria en el que el jefe decide quién puede entrar y quién no) al mismo tiempo que despotrican contra la RAE y sus cambios (fascistas de la lengua, que no se imaginan que la lengua cambia, y que hace mil años se estarían horrorizando de cómo hablamos ahora). A ninguno se le ocurre ir y abrir un diccionario (y hasta el básico funciona), para averiguar que carajos es un «lector» según su preciado español, que defienden, según ellos, hasta de la misma RAE.  

Lector, ra.
(Del lat. lector, -ōris).
adj. Que lee o tiene el hábito de leer.

Ahí está el significado según la RAE, para quien pregunte y para quien no se le haya ocurrido. Y leer va desde leer el periódico hasta leer las novelas de Nicholas Sparks y las de Blue Jeans, las novelas eróticas, los clásicos, Isabel Allende (a quien llaman imitadora de García Marqués), a los premios nobel, a Danielle Steel, a Fuentes y a Juan Rulfo. Leer lo engloba todo, sin distinciones o discriminaciones. Para distinguir y discriminar ya está la raza humana bastante sobrada.

Así que sí. Todos somos lectores si tenemos el hábito de leer. A los puristas de la lengua, lo fascistas que quieren decidir qué te hace culto o qué no, que vaya y lea a sus clásicos y a su buena literatura y deje de molestar. Que los demás leemos. A secas.


Que cada quien lea lo que le dé la gana. Que para eso tenemos libre albedrío, mal que nos pese y no vamos a llegar a ningún lado si a los ocho años nos dicen que leemos basura, que deberíamos leer Guerra y Paz (y luego que preguntan por qué odio a Tolstoi). 

Qué tipo de lector sea cada quien, eso ya es otra cosa. Pero dejen de intentar meternos sus opiniones (tanto si son fans de Meyer como de Borges) por las narices como gallinas que cacarean siempre las mismas palabras.

19 de junio de 2013

Top Ten Marauders


Los merodeadores están lejos de ser mis personajes preferidos, pero han dado bastantes fics interesantes. Personalmente son los chicos con los que yo nunca me juntaría en el colegio y que me caerían de la patada. Pero admito que me gustan los matices de Sirius, sus partes más oscuras, y la paciencia de Remus con ese medio a que sepan que es un licántropo. De Peter me llegó a interesar su instinto de supervivencia, convirtiéndose en rata y traicionando, una y otra vez, y de James, nada de nada. No entiendo como Lily no le dio dos tortazos y se marchó (con Sirius, por ejemplo). Así que aquí el top ten de los merodeadores. Está excento de mi mayor pasión, porque la estoy guardando para otro: los Sirlys.

10° lugar
—Necesito que me beses.
—¿Qué?
—¿Queréis que os dejemos solos? —una mirada homicida clavada en su rostro hizo a la pelirroja cambiar de idea—. Vaaaaaleeee... Nos quedamos.
Remus se giró de nuevo hacia Sirius.
—Vamos a ver¿qué es eso de que necesitas que te bese? —preguntó, armándose de paciencia, en un tono de voz aparentemente calmado. Aparentemente.

9° lugar
Aquella lágrima hirió toda posibilidad de que estos pequeños gestos quedaran siempre. Y siempre y para siempre fuesen dirigidos a él.
Aquella lágrima arrancó del rostro de la chica aquellos pequeños placeres que Remus había cultivado desde sus once años tan cuidadosa y secretamente.
Aquella lágrima arañó el corazón del chico, de forma más profunda y más dolorosa que la mordedura de Greyback.

8° lugar
—Lily…
—Remus…
Ambos hablaron al mismo tiempo, como si lo hubiesen ensayado. Quizás sus corazones estaban sincronizados.
—Lily —retomó él la palabra mientras la joven mujer lo miraba tiernamente—… yo, eh… Lily… creo que no fue buena idea venir —dijo mientras tomaba la capa y comenzaba a ponérsela.
—No, Remus, espera… —pidió Lily.

7° lugar
Cuando se lo metió en la boca y lo mordió, James sintió que multitud de sabores atacaban sus papilas gustativas. Pensó que en realidad sólo eran dos: el amargo y duro del chocolate negro y el dulce y suave de la marihuana. Una combinación perfecta. Sin embargo, su cerebro reconocía muchos más: el de las tartas de chocolate que su madre hacía por su cumpleaños; el de la tableta de chocolate con naranja que le llevó Remus a la enfermería, cuando se cayó de la escoba en un partido de Quidditch y se hizo una herida desde la rodilla hasta la mitad de la pierna; o el de la primera vez que Sirius y él probaron un porro: en Las Tres Escobas, cuando Mundungus Fletcher lo apoyó descuidadamente en el cenicero.
—Dios… es como tener un orgasmo en la boca -oyó decir a Sirius.

6° lugar
[…] Cuando los dos Merodeadores por fin le pudieron ver el rostro al chico que estaba a sus pies, el aliento se atascó en sus gargantas.
Sirius miró a James con los ojos abierto de par en par por la sorpresa y trató de hablar.
—James —empezó diciendo Sirius en un susurro horrorizado—,  es igual a…
Sin embargo, no terminó su oración. Estaba demasiado shockeado e impresionado por lo que estaba viendo.
—A mí —terminó diciendo James, mientras veía a su doble ensangrentado que estaba en el piso.

5° lugar
Que tiene esa cara porque ya se imagina lo que dirá su madre cuando le diga y que francamente, prefiere no decirle nada. Que tiene ganas de levantarse de ahí y decirle a McGonagall que le ponga de nuevo ese sombrero de mierda para que le ahorre todos los problemas que seguro llegarán por la mañana.
Pero en vez de eso, responde. Lentamente responde:
—Es que creo que recibiré la primera vociferadora el año.

4° lugar
—Ey, Evans, ¿te interesaría dar un paseo por los jardines? Hace un clima precioso —comentaba James, fingiendo desinterés.
—Sería una magnífica idea, Potter. Pero temo que tu cabeza llena de egocentrismo no resista las altas temperaturas —replicaba ella, y se marchaba con la cabeza bien arriba y los libros apretados contra el pecho. Entonces Sirius soltaba una carcajada y Peter era el encargado de palmear la espalda de su decepcionado amigo.

3° lugar
Para empezar, Sirius se ha puesto un poco molesto conmigo. No lo sé, siempre fuimos muy unidos y de... ¿juguetear? Nos molestamos mutuamente desde hace tiempo, en cuanto uno da pie, el otro aprovecha. Pero últimamente me molesta aunque yo no le dé el más leve indicio de estar jugando. Eso me llama la atención, pero como no pasa a mayores, no ha traído discusiones.
Peter, en cambio, sí es insoportable. Siempre me pareció que era un idiota, pero nunca tanto como ahora. Ya lo había dicho en el diario anterior, me parecía que él andaba con nosotros por conveniencia, pero James lo conoció antes de que me uniera a ellos en tercer año. Ya eran amigos en aquel entonces y si James confía en él, por algo es. Pero me incomoda un poco cuando cruzo miradas con Peter. Quizá sea el hecho de que se me queda mirando con esa cara de rata que tiene.

2° lugar
«Fui al bosque porque deseaba vivir deliberadamente, quería vivir profundamente y extraer toda la esencia de la vida. Dejar de lado todo lo que no fuera la vida, para no descubrir en el momento de la muerte, que no había vivido».
James le sonrió con calidez como rara vez lo hacía:
—¿Quién lo escribió?
Él examinó la portada para encontrar el nombre del autor:
—Henry David Thoreau.
—Henry David Thoreau —repitió James—. Nos debió conocer muy bien.

1° lugar
—¿Dónde están Black y Potter? —preguntó, buscando sus dos cabezas negras por toda el aula.
Un brazo se alzó en un extremo de la clase, y otro en el lado opuesto. La profesora se quitó las gafas y sus ojos pasaron de un muchacho a otro, varias veces. Algunos alumnos rieron.
—Por Merlín —musitó con la boca abierta—. Potter… y Black… Jamás pensé que vería esto. —La clase rió más—. ¿Qué puede haber obrado tal prodigio?
[…] Fue Sirius quien habló:

—Yo no me siento con traidores.

18 de junio de 2013

La rebelión de Atlas, Ayn Rand | Reseña

Sinopsis: Entre 1933 y 1982 Ayn Rand lanzó al mundo su filosofía objetivista con una claridad de razonamiento que la convierte en una figura gigante de la filosofía. Su precisión y sencillez son singulares. Su sistema filosófico racional, basado estrictamente en la lógica y en la realidad, carece de contradicciones y resulta coherente con la naturaleza del hombre.Dijo Ayn Rand: "La libertad y la razón son corolarios. Su acción es recíproca. Cuando los hombres son libres triunfa la razón, cuando los hombres son racionales la libertad se impone. La libertad intelectual no puede existir sin libertad política y la libertad política no puede existir sin libertad económica. Una mente libre y un mercado libre son también corolarios".

No comparto las ideas de Ayn Rand, ni su filosofía, de hecho, las odio bastante. Pero leí La rebelión de Atlas un día que no había qué leer en mi casa (donde también odian a Ayn Rand). La rebelión de Atlas es la materialización de su filosofía, del individualismo y de sus ideas (que pueden ser consultadas en la sabelotodo Wikipedia si no quieren leer nada más). Y me encontré con algo que parecía… bueno y malo a la vez. 

Los personajes de Rand están divididos en dos grandes categorías, de las que no saldrán en ningún momento: los que están de acuerdo con ella y los que no. Los que no están condenados al papel de los chicos malos y los que sí, supuestamente individualistas, repiten las mismas ideas toda la novela, sin mayores cambios. Son como copias, como robots programados para pensar igual que Ayn Rand. Hay algunos rescatables, como Dagny Taggart, y, por supuesto, John Galt, pero los demás acaban difuminados, encasillados en un mismo colectivo, sin nada que los distinga. 

La Rebelión del Atlas llega al límite el capitalismo, olvidando que no todo en el capitalismo es miel sobre hojuelas, y ridiculiza al socialismo, olvidando que en el socialismo no todo es malo. Ayn Rand lo vuelve todo a su modo, como le conviene a ella y a su trama. Se vuelve todo un blanco y negro, donde los malos quieren meter el humanismo a los directores de las empresas que mueven Estados Unidos, y los capitalistas, que no piensan más que en su empresa. Parecen robots programados, todos con la misma aversión a las fiestas y a lo social, todos con los mismos pensamientos, con la única obsesión de hacer más y más dinero. Ayn Rand se olvida que también son humanos y los pone por encima, como dioses. Lo irónico es que ella, que aboga por el individualismo, dibuje unos personajes tan iguales unos de todos, como una serie de robots que piensan lo mismo y lo repiten para sí mismos una y otra vez. Dagny sólo piensa en ferrocarriles, mientras que los hombres no le preocupan, Rearden lleva ocho años casado con una mujer insípida a la que no atiende y que parece no importarte. 

Las relaciones sociales se marchan al segundo plano, como si no importaran, como si lo único que importara es el dinero. 

Mueven al mundo, como dice Rearden, pero pocos, por no decir poquísimos, son personajes que vale la pena. Quizá sólo Dagny Taggart, con sus intentos de matices fallidos. O John Galt, el pilar de la huelga de los emprendedores, de los empresarios, de esos que mueven al mundo. Porque mueven, al mundo, y es cierto (el capitalismo es la clave), pero no mueven al mundo siendo algo superior a un humano corriente. Mueven al mundo porque son los dueños de las poderosas y omnipotentes empresas que se encargan de mover Estados Unidos.


Algunas ideas de Rand, son, por supuesto, rescatables (como el 0.000000000001% del libro nada más). Pero sin matices nada sirve, porque Rand pone en el papel las virtudes del capitalismo, que hoy los detractores del sistema parecen olvidar, pero lo vuelve tan perfecto, tan ideal, que se olvida de que el mundo no funciona así. En su mundo sólo hay negros o blancos, ni un solo gris. Y todos los supuestos individualistas se funden en un mismo colectivo que según Ayn Rand es el bueno, porque está de acuerdo con ella. Y los encargados del estado, los que aspiran al socialismo, caen en el ridículo más profundo, porque Ayn Rand los caricaturiza de manera que no quede en duda su maldad. 

Pero por supuesto, se olvida de los matices. No todo en el capitalismo es perfecto. No todo en el socialismo es una porquería. 

Y ese es el irremediable error de la "obra maestra" de Rand, de más de mil páginas de relleno: la falta de grises, que son infinitos, y diferentes. Pero sobre todo, individuales.

12 de junio de 2013

Cómo subir una historia a Fanfiction.net o a Fictionpress.net

Para Tanit, mi esposa, que me hace hacer esto

Todos sabemos que publicar en fanfiction.net y en fictionpress.net es el pedo más grande que existe la primera vez que lo intentas (en serio, yo aún recuerdo mi propia cara de “¿y cómo se maneja esto?” la primera vez que lo hice, luego le agarré el chiste, aunque me sigue pareciendo un sistema de pulicación bastante lento).

En fin, si no sabes publicar en ninguna de las dos páginas, que son similares, el tutorial es para ti. O eso espero. Y si conoces a alguien que no sepa publicar en ninguna de las dos, mándalo por aquí.

Pues bien después de que hayas iniciado sesión y estés en tu menú de usuario vas a donde dice «Publish», justo en la parte izquierda y le das un click. Y te despliega un menú con varias opciones: «Info/Guide», «Doc Manager», «New Story», «Manage Stories», «Rules & Guidelines» y «Recovery» (por aquí pongo la imagen como ejemplo).



Bien, lo primero que tienes que hacer es irte a Doc Manager, que es donde debes subir el archivo *.doc o *.docx de tu historia (si es un cuento, el cuento, si es una historia de más capítulos, sube sólo el primero) haciendo click en «Seleccionar archivo».


Finalmente, le das en «Submit document» y voilá!, tu archivo ya está cargado en fictionpress o en fanfiction. Como aclaración, fanfiction borrará las separaciones entre escenas si son tres asteriscos y directamente la ignorará si es un enter de más sin embargo, puedes editarlo (fanfiction te da la opción):


Ya que tienes tu archivo le das click en «New Story» (ve a la primera imagen si no te acuerdas de dónde está). Si es la primera vez que publicas o llevas muchos meses sin publicar te saldrá esto:


Lo único que tienes que hacer es darle en el link y en la página que te despliegue, darle click al botón enorme que está hasta abajo que dice «Yes, I have agreed to the content guidelines» y regresar a «New Story».


En el caso de fanfiction te pide que indiques si es una historia común y corriente o un crossover, pero en el caso de fiction press ese paso se omite. Ambos, sin embargo, te piden que selecciones la categoría:


Le dan en «Select Category» y si no les aparece es que tienen las ventanas emergentes bloqueadas y tienen que ir a desbloquearlas. Allí seleccionas primero la categoría y luego la subcategoría, según tu gusto y le das en «Click to continue» (el botón que está abajo) cuando lo hayas hecho. Finalmente, en tu ventana principal das click en «Continue» y los manda a otra pantalla:


Llenan todos los datos a su gusto, el título, el resumen, los géneros, etc (en el caso de Fanfiction.net también les preguntará los personajes principales). Finalmente en el document seleccionan el documento que cargaron al principio, en el document manager.

Y voilá! tienen una historia.


Ya saben, dudas en los comentarios (no soy la mejor persona haciendo tutoriales). Si les gustó y le entendieron se lo pasan ese amigo que no sepa subir historias en esas dos plataformas y si no se lo pasan al sucesor de Perla Shumajer. 

8 de junio de 2013

Los «críticos» que han perdido la capacidad de disfrutar

Hace ya mucho tiempo fui parte de un foro de crítica de fanfiction bastante más desconocido que los monstruosamente famosos Los malos fics y Los malos fics y sus autores (ambos con diseños agresivos, que no pretendían agradar al lector, si no asustarlo). No recuerdo la razón que me llevó a unirme (fuera de que el tema «Cosas que te joden», era lo mejor que podía existir), pero sí sé lo que pasó después,  y es lo exactamente lo que he visto en esos dos foros en los que se junta la «crema y nata» del fandom: te conviertes en un crítico automático.

Cuando te conviertes en una de esas criaturas que pululan por el llamado fandom, lees por el puro placer de destrozar un escrito al que sólo le buscas los fallos y ya no los puntos fuertes. Enumeras los mismo errores una y otra vez: personajes OOC (out of character), mary sues, mala ortografía, pésima redacción (y todo lo dices sin mirar los errores que tú cometes, porque allí, como crítico, eres algo parecido a Dios).

Las críticas ya no se enfocan en el autor, que generalmente se la pasa por los huevos y las ignora porque le da reverendamente igual que tú pienses que escribe basura. Esos «críticos», que se han dado el título como si el escribir con buena ortografía les diera la oportunidad de realzar los errores de los demás y ridiculizarlos (aunque insistan que no lo hacen). Leen cosas que ya saben que van a ser malas y torturan sus ojos con la misma historia de siempre, los mismos clichés y los mismos errores, con la esperanza aun de que los autores corrijan. ¿Tiene razón? No lo sé. No me importa. ¿Su causa es desinteresada? Tampoco me importa.

Pero lo que estos «críticos» han olvidado ya es que se lee por placer, y que muchos de esos escritores de fanfiction son adolescentes que no aspiran a convertirse en autores profesionales. Y que, además, son una plaga, por lo que no sirve de absolutamente nada seguir buscando malas historias, que sabes que van a ser malas, y acosar al autor con comentarios, a ver si le da la gana ir y ver sus errores señalados una y otra vez.

Si un día cuando entran en una historia ya no leen, sino que sólo buscan los errores de manera mecánica, dejen de leer. Salgan de esa página, porque ni siquiera están disfrutando la que dicen que es su mayor pasión: leer.


Leer es para disfrutar. No para sufrir viendo los mismos errores de siempre. 

7 de junio de 2013

La esposa del dios del fuego, Amy Tan | Reseña

Sinopsis: Durante más de cincuenta años Winnie y Helen ocultaron sus peores secretos. Pero, cuando Helen está a punto de morir, Winnie decide contarle todo a su hija Pearl, incluso la terrible verdad que ignora la propia Helen. Así despega esta fabulosa historia que nos conduce desde Shanghai en los años veinte, a través de una China envuelta en guerras, hasta Estados Unidos, adonde llega Winnie en 1949. Ignorando que Pearl oculta también su propio secreto, Winnie le confiesa cómo confundió el amor con el abandono de sí misma.

Winnie desentierra la caja de secretos de su corazón cuando Helen amenaza con contarle a Pearl, su hija, sus secretos si no se los cuenta ella misma. Abre la caja y nos transporta a una China llena de tabúes, a una historia de guerra, de mujeres de soldados, de costumbres que en américa nos parecen lejanas y extrañas para convertirá en su historia más personal, aquella que ha guardado en lo más profundo de su alma desde que pisó tierra estadounidense.

Le dice a su hija por qué la lealtad no debe confundirse nunca con el sometimiento y lleva su historia, la de esposa de un hombre que parece no tener alma, hasta el punto en el que la esperanza no es otra cosa más que el más crudo instinto de supervivencia. Las otras mujeres rezan para que sus maridos vuelvan del campo de batalla, en donde se enfrentan a los japoneses, mientras que Winnie lo hace esperando que no vuelva nunca, esperando que el escuadrón regrese un día y le digan que su esposo ha muerto.

Es la segunda vez que leo una novela de Amy Tan, y utiliza la misma fórmula de siempre, ese choque entre dos generaciones de mujeres chinas, ambas sumergidas en un mundo completamente diferente, incapaces de comprender a la otra. La fórmula, sorprendentemente, da resultado y el contraste de dos generaciones cada una con su trasfondo, y su historia, te llega al corazón. Sus personajes, golpeados por la guerra y la desgracia, buscan sin detenerse cualquier esperanza para cambiar sus circunstancias.

Winnie nos enseña, a todos, por qué a veces la vida está llena de contradicciones, y Amy Tan nos lleva hasta lo más profundo de su personaje principal. Nos lleva a explorar su historia, llena de porqués, para comprenderla y entenderla.


Cuando la leí, comprendí por qué la segunda novela de Amy Tan resultó un éxito equiparable al de la primera. 

6 de junio de 2013

Últimas reseñas en Plusbits



Escribí dos reseñas de dos libros completamente opuestos y diferentes para Plusbits.Mx la última semana y vengo a compartirlas con ustedes, como siempre.

Copo de algodón

En este libro se narra la historia vista desde los ojos de Copo de Algodón, una niña, hija del gran Tlatoani, que es testigo del choque brutal entre dos culturas muy diferentes que hoy, en este tiempo, nos resultan difíciles de comprender. Copo de Algodón nos sumerge de lleno en su manera de ver la vida y de entender su cultura llena de dioses que hoy sólo son enormes esculturas de piedra y ritos que no creemos posibles, como todos los sacrificios humanos dedicados al dios de la guerra…
Lee la reseña completa aquí.

Bajo la misma estrella

Había escuchado maravillas de John Green y sobre todo de este libro, que trata sobre dos chicos con cáncer. Trágico, ¿no? Hazel Grace tiene que llevar a cuestas un tanque de oxígeno a cada momento porque sus pulmones apestan siendo pulmones y Augustus Waters no tiene una pierna, sino una prótesis. Se conocen en un grupo de apoyo contra el cáncer, al que Hazel acude para complacer a sus padres y Augustus acompañando a un amigo y pronto nace algo entre ellos. «Algo» que no es romance, porque Hazel tiene miedo de morir en cualquier momento, de crear lazos que después no pueda romper.

Lee la reseña completa aquí.


La emperatriz de los etéreos

Bipa es extremadamente racional, cree que los cuentos de hadas son una pérdida de tiempo en las cuevas y tampoco le interesa lo que pueda haber allí afuera, en ese mundo helado. Aer, por el contrario, se pasa la vida soñando con esa estrella azul que marca el camino hasta el deslumbrante castillo de la Emperatriz de los etéreos y Bipa no hace más que señalarle que eso son solo sueños y fantasías. Pero Aer se obstina, recordándole que su padre no era originario de las Cuevas, diciéndole qué tiene que haber algo más allí afuera, y parte hacia lo que parece una muerte segura, en busca de la Emperatriz de la que casi nadie ha oído hablar.

Lee la reseña completa aquí.