23 de febrero de 2015

La saga de los confines, Liliana Bodoc | Reseña

Usando las palabras de una amiga (Amelia Jacinta Poulain): "Los finales de la saga me rompieron el kokoro"

Avertencia: esto es largo. Tanto como lo mucho que me gustó la saga.

Sinopsis: En Los Confines, el extremo sur de las Tierras Fértiles habita el pueblo de los husihuilkes, Dulkancellin, guerrero y padre de una familia numerosa. Él es convocado para representar a su pueblo en un Concilio que se reunirá en la lejana ciudad de Beleram, y en el que estarán presentes todas las civilizaciones del continente. El motivo de este concilio es decidir lo que debe hacerse ante un acontecimiento inquietante. Señales mágicas y códices antiguos hablan de la llegada de extranjeros del otro lado del mar, y hablan del perverso Misáianes, hijo de "la Muerte" y síntesis del "Odio Eterno". Cuando finalmente se produce el encuentro, la guerra llega a las Tierras Fértiles y sus habitantes deben defender no solo su tierra, sino toda la forma de vida que conocen, pues todo esto está amenazado de extinción.

Siempre que había leído fantasía épica, generalmente estaba ambientada en mundos medievales (como Canción de Hielo y Fuego, algunos libros de Laura Gallego) o de corte más renacentista (como Reckless, de Cornelia Funke), pero nunca nada que tuviera cierto parecido con Mesoamérica y las culturas prehispánicas de América del Sur. Los zitzahay me recordaron un poco a lo que sé de los incas, los husihuilkes entre los mapuches y otra civilización que olvidé y obviamente, los Señores del Sol, a la única cultura que puedo jactarme de conocer a la perfección: los aztecas.

¿A que la parte inferior del mapa les recuerda a América?
El relato transcurre sobre las Tierras Fértiles, donde no tienen caballos, sino lamellos, donde tienen dioses, y magia, donde hay códices antiguos, y Supremos Astrónomos en la ciudad de Beleram. Seguimos a Dulkancellin y a Cucub a lo largo de todo el primer libro, y después a Thungür, su primogénito y a un buen montón de personajes de todos los tipos y razas. Cada cultura es diferente: los husihuilkes son guerreros orgullosos, altos, y de pocas palabras, los zitzahay más festivos, de baja estatura, los bóreos de piel clara, descendientes de la gente de las Tierras Antiguas, los Pastores del Desierto a menudo brutales y los Señores del Sol... ah... tengo mucho que decir sobre ellos. 

La gente suele decir, sobre los libros, que hay muchos paralelismos entre la conquista de América y la invasión de Misáines y los sideresios. Las hay, por supuesto, aunque la primera se da en medio de un movimiento económico y esas son las principales razones de los europeos para asentarse aquí, pero los sideresios sólo tienen un cometido: el exterminio, el odio eterno, la extinción. Dejar a las Tierras Fértiles secas, hasta que no quede piedra sobre piedra. Pero paralelismos... los hay. Por ejemplo, los sideresios traen con ellos animales con pelo, como les llaman los habitantes de las Tierras Fértiles; dicho de otro modo, traen caballos. También tiene pólvora, llamada polvo gris, al igual que los españoles al llegar.

Y las culturas... ah, las culturas. Sobre todo la de los Señores del Sol, que cobra importancia a partir del segundo libro, me agradó por reconocer en ella a los soberbios Aztecas. Todo hecho ritual casi hasta lo absurdo, esos son los Aztecas. Sacrificios humanos a las vírgenes consagradas, tributos quizá excesivos para sus vasallos, incluso cuando el príncipe gobernante del Imperio del Sol, Hoh-Qiu, se niega a darle la mano de una de sus hermanas, Nanahuatli, a un extranjero, y en vez de eso hace que la consagren como virgen para sacrificarla. En la historia real, Nezahualpilli, señor de Texcoco, hijo de Nezahualcóyotl, condenó a su propia esposa a morir. Liliana Bodoc no estaba exagerando.

A pesar de todo, la trama que se desarrolla en el imperio del sol siempre me resultó interesante, pues es un país lleno de conspiraciones por el otro. 

Los personajes de Liliana Bodoc a lo largo de todo el continente son sencillos, con características bien marcadas, como Thungür y su ánimo guerrero, Cucub y su manera de hablar y hacer fiesta, Vieja Kush, que siempre gana el derecho de la lluvia y Kuy-Kuyén, una mujer con corazón de guerrero. Pocas características les bastan para hacer milagros, para ganar batallas, para sacrificarse por otros, para recorrer un continente a pie por amor, para hacerse amiga de la muerte y no tenerle miedo. Para todo eso... ¿Mi personaje favorito? Tengo muchos, pero si tuviera que elegir, diría que el Brujo Halcón o La inocente, Wilkilén, que aun con formas de mujer se comporta como una niña y es la única capaz de no temer, sino tener piedad. 

La destrenzada, arte de Gonzalo Kenny.
La historia siempre es interesante e, incluso, en el último libro, llegamos a ver parte de la acción en las Tierras antiguas, para saber qué está pasando allí mientras, al principio, Vieja Kush reclama el derecho e la lluvia y Kukupa, el brujo, aparece para llevarle malas nuevas. Para saber que ocurre cuando Kuy-Kuyén reprende, cinco años después, a Wilkilén por echar los granos de maíz afuera del tazón. Disfruté un poco conocer lo que acontecía en las Tierras Antiguas, pero para mí la acción más importante siempre estuvo en las Tierras Fértiles. Liliana Bodoc narra batallas, bodas y nacimientos, lo que haga falta. Las batallas son siempre espectaculares, y las muertes casi siempre te hacen llorar, aun cuando el personaje no te agradara demasiado al principio. Los finales son siempre espectaculares y te dejan nostálgico... Porque hablamos de una guerra, y una guerra no puede nunca ser feliz.

Por lo demás, Liliana Bodoc tiene una prosa demasiado poética, podría decirse que abusa de las metáforas y muchas otras figuras literarias. Sin embargo, yo disfruto enormemente esa manera de escribir, demasiado poética. Para otros quizá no sea de su agrado, pero debo decir que le añade un sello propio al libro e incluso te hace enternecerte más cuando los personajes pasan por algún buen momento o sentirte más triste cuando pasan por uno malo. Criticando otras cosas, debo decir que me hubiera gustado que las escenas estuvieran más separadas, al menos en la edición que yo conseguí, porque a veces me confundía, aunque pronto aprendí a no hacerlo.

Agregando algo más, hace poco descubrí el blog El Arte de los Confines, donde Gonzalo Kenny publica varias ilustraciones. La mayoría son de los husihuilkes, pero también tenemos de los brujos, de Nanahuatli con el Brujo Halcón, y por supuesto, no podía faltar, Molitzmós del Sol.

Molitzmós del Sol, ¡les dije que me recordaba a los Aztecas!
Arte de Gonzalo Kenny, del Arte de los Confines.
La verdad, yo sólo puedo decirles que esta saga es una que vale muchísimo la pena. La recomiendo ampliamente y creo que nunca dejaré de hacerlo. Le agradezco a Ame por molestarme hasta que la leí y luego animarme a seguir leyendo, aunque ahora seré yo la que la haga terminarla. 



2 comentarios:

  1. Me gustó mucho tu reseña. Estoy utilizando Los días de la Sombra para mi tesis de licenciatura en literatura. Con tu permiso, te citaré en uno de mis capítulos xD Es bueno saber que hay personas que conocen esta saga, en mi ciudad no he encontrado a nadie que conozca siquiera a Liliana Bodoc :P

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    1. ¡Muchas gracias por el comentario!

      Por supuesto que puedes citarme :) y bueno, no es una saga muy conocida, pero yo intento que llegue a todos lados. Es tan maravillosa que nadie se la puede perder.

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