25 de junio de 2020

Sobre La gesta del nombre propio en el mes del orgullo

¡Hola! Junio, creo que ya sabemos todos, es el mes del orgullo. Este año no preparé especiales tan marcados como los del año pasado, pero sí tengo algunas cosas que quiero compartir. La verdad esta entrada la estoy escribiendo apenas porque me agarró el mes sin haberla hecho. Leí y revisé La gesta del nombre propio el año pasado. EN JUNIO. A veces me tomo mi tiempo. Como ya verán. 

Muy bien, creo que primero quiero ponerlos en contexto, un poquito. El año pasado escribí sobre Cumbia, copeteo y lágrimas, un informe publicado sobre la situación de la comunidad travesti/trans en Argentina. Es un proyecto que fue coordinado por Lohana Berkins, de quien hablé en la entrada que le dediqué (en el link del título del libro lo ven), quien fue una de las pioneras en la lucha por el reconocimiento de la identidad de género en Argentina; de hecho, fundó una de las organizaciones más importantes al respecto: la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (ALITT). Fue militante comunista y además de la lucha por la identidad de género, también se unió al debate de la prostitución (porque es un tema que toca mucho a la comunidad por la que luchó). En la entrada pasada pueden ver más información al respecto sobre ella.

Los trabajos de Lohana Berkins son cosas que me han ayudado mucho a aclararme algunos temas, por eso siempre los recomiendo. Sobre abolicionismo, identidad de género, etc. En este caso, vamos a hablar de La geste del nombre propio. Es un informe, originalmente publicado en el 2005 (dos años antes de Cumbia, Copeteo y Lágrimas, que es de 2007), compuesto por varios textos y artículos donde además se registran los resultados de una encuesta aplicada a la comunidad travesti/trans de Argentina. Lohana es una de las coordinadoras y la otra es Josefina Férnandez. El texto está además prologado por Diana Maffia (feminista argentina) y trae otras colaboraciones. 

Eso para darles un poco del contexto del texto. Antes del prólogo está un texto de Lohana Berkins donde explica que el libro es "el resultado de una investigación sobre la situación de travestis, transexuales y transgéneros en la Ciudad Autónoma de Buenos aires, Mar de Plata y en localidades del Conurbano Bonaerense" bajo la coordinación de la ALITT (mencionada arriba). Explica también que en el proceso participaron "activistas travestis, transexuales, transgénero, feministas y mujeres del campo académico" agregando que la selección no fue casual, puesto que buscaba romper las fronteras que separan "la academia del activismo".

Entonces sí, habla sobre los resultados y menciona lo siguiente: 
Los resultados de la investigación muestran la exclusión que afecta a nuestro colectivo, la dificultad de acceder a la condición de ciudadanía, los problemas en el campo de la salud, la educación, la violencia policial, sexual y doméstica. Condicionadas a conseguir nuestro sustento a través de la prostitución, único medio de subsistencia, nos vemos sometidas a una serie de indignas situaciones que nos colocan en una extrema vulnerabilidad, despojándonos de nuestra condición humana.
Ese es un resumen muy pequeñito de lo que se expone en el resto del libro. (Y, por cierto, como nota al margen, pone al final del texto que, aunque han elegido utilizar las denominaciones travesti, transexual y transgénero, respetan cualquier otra denominación asumida por la comunidad). Una de las cosas que me parece más importante de este libro es que es un trabajo que se hizo desde la comunidad y para la comunidad. Muchas veces los trabajos sobre género se quedan sentaditos muy felices en la academia, así no podemos hablar de accesibilidad. Hay muchos trabajos del corte "escribo sobre ti, pero no para ti" en el mundo intelectual. Este no es uno de ellos.

Ya lo mencioné cuando hablé de Cumbia, Copeteo y Lágrimas (que es mi favorito, si hablamos de preferencias) pero lo que me gusta mucho de estos informes es que muestran la realidad en un contexto específico. No puedes llegar y decirle a un libro "esto no pasa", porque detrás de él hay muchísima gente entrevistada que volcó su experiencia para que una estadística pudiera armarse. Ya saben, las estadísticas se conforman de un chingo de gente con nombre, cara y experiencias. A veces ponerse en los zapatos de otra persona es muy difícil. Las experiencias varían. Pasa mucho cuando hablamos de género. Las experiencias de las mujeres varían según el contexto específico. Un ejemplo que les puedo dar del hecho es como Alexandra Kollontai aborda el tema en Madre y Trabajadora. Toca sólo el tema de la maternidad con cuatro mujeres diferentes (una de ellas burguesa, las otras partes del proletariado) y cómo la experiencia de la maternidad no se parece para ellas. Es un ejemplo medio yéndose por la tangente, pero me ayuda para el punto al que quiero llegar y sobre el que creo que me ayudaron tanto los trabajos de Lohana Berkins.

A las mujeres nos discriminan y nos excluyen por un cúmulo enorme de razones. No ocurre de la misma manera en todas partes, aunque todos estemos sujetos a las mismas relaciones por el capital. En México matan a 10 mujeres al día. En otros lugares no y no significa que sea menos grave. Ocurren otras cosas. Para mí, ver los resultados de estas encuestras, significó comprender hasta que punto las mujeres trans y travestis sufrían también misoginia. Las experiencias entre mujeres y hombres trans no son las mismas. No es sólo la transfobia. La misoginia siempre se mete muy hondo en nuestras relaciones. Ver los resultados de una encuesta a la comunidad en tablas ya desglosadas me ayudó mucho a la hora de investigar, a buscar las experiencias.

Lohana Berkins no habla de abolicionismo de la prostitución por casualidad: representaba el único ingreso posible para gran parte de la comunidad por la que luchaba, lo que, como expone al principio, las condenaba aún a más exclusivos y las dejaba expuestas a los abusos policiales. (De hecho, en mi lista de lecturas sobre Sexualidad y Capitalismo viene un trabajo suyo). Se aborda el tema en La gesta del nombre propio porque el 79% de las encuestadas vivía en ese momento en condiciones de prostitución. Muchos de los temas en el libro se abordan desde este eje porque para aquellas que se dedican a la prostitución, los abusos policiales empeoran, existe una presión para modificar sus cuerpos en condiciones insalubres o no seguras, etc. Lo pueden checar en el libro. Viene con gráficas y todo, acá el ejemplo:


Las estadísticas son números, finalmente, nada más. Fríos y sin historias. Pero, tal como escribe Diana Maffia en el prólogo sobre los resultados:
Estos resultados le ponen cifras al daño irreparable de la discriminación, del sufrimiento innecesario, de las barreras absurdas para el ejercicio de los derechos elementales que se levantan para algunos sujetos por el mero hecho de su identidad sexual.
La intolerancia y la agresividad contra las travestis, la humillación y la marginación son la respuesta reluctante al revisar la construcción de todas las sexualidades; entonces aparecen el temor a la interpelación de aquello que se cree un destino biológico, la prepotencia del dogma impuesto por la ciencia, el derecho y la religión que trasladan su poder a la policía.

No olviden que detrás de los números HAY HISTORIAS. Conozcan este libro. Es una pequeña imagen de las condiciones que viven travestis y personas trans en América Latina. No es el único, por supuesto. Lo pueden encontrar en mi drive en este link. Cumbia, Copeteo y Lágrimas lo encuentran en este otro link. Se los recomiendo, son muy interesantes. Y casi que quiero terminar la entrada, pero tengo dos anexos.

ANEXO 1: Aunque en otros lugares hispanohablantes la etiqueta travesti no es común, en Argentina sí lo es y muchxs lo han reclamado como su identidad. Lohana habla de la reapropiación y resignificación del término:
En la década de 1990, cuando las travestis comenzamos a alzar nuestra voz en público y a organizarnos, decidimos que una de las primeras cuestiones en las que teníamos que concentrar nuestros esfuerzos colectivos era en resignificar el término “travesti”, que hasta el momento tenía connotaciones negativas para las y los otros y para nosotras mismas. El término “travesti” ha sido y sigue siendo utilizado como sinónimo de sidosa, ladrona, escandalosa, infectada, marginal. Nosotras decidimos darle nuevos sentidos a la palabra travesti y vincularla con la lucha, la resistencia, la dignidad y la felicidad.
Pueden leer del tema en el ensayo Travestis: una identidad política.  

ANEXO 2: Mi postura (porque no me preguntan y luego asumen). Para definir a las mujeres siempre me he remitido a cosas que escribió Alexandra Kollontai sobre la historia de las mujeres (en La mujer en el desarrollo social tiene todo un análisis de la historia de las mujeres y aborda lo que significaba ser mujer en diferentes periodos de la historia y durante distintos sistemas económicos como el esclavismo, el feudalismo, etc.) y a la definición que usa Claudie Broyelle en La mitad del cielo
Más allá de todo el discurso sobre la "esencia" de la mujer, ser mujer en un régimen capitalista es estar implicada en cinco relaciones sociales principales: es vivir en una cierta relación con
                             el trabajo social, 
                             el trabajo doméstico,
                             los hijos,
                             la familia,
                             la sexualidad.
 El papel de la mujer en los sistemas productivos ha cambiado, no se mantiene estático. Lo que hoy se asume como una característica innerente del papel de las mujeres quizá no lo era antes. No le veo el caso a entrarle al determinismo biológico. Soy marxista, no feminista. Sobre eso, hace poco leí un texto que suscribo completamente y que me parece un buen agregado a esta entrada: Sobre género, familia y personas trans. Suscribo varias cosas que dice, pero resalto lo siguiente:
Y una de las funciones principales de la familia es la reproducción literal de la especie humana. Como fábrica de seres humanos, tiene también su propia división del trabajo, ocupando el lugar subordinado el individuo productor. Las personas trans, al igual que, en distintos grados, las personas homosexuales o las mujeres que rechazan la maternidad, no encajan en este esquema tan estrecho. No hablo de un determinismo biológico: tener útero o pene no implica ser inmediatamente mujer u hombre, en el sentido de una psicología inevitable y determinada al margen de cuestiones sociales, pero sí es uno de los criterios fisiológicos que exige la familia para satisfacer esta función suya. Y, por ejemplo, en el caso de las mujeres, derivada de la capacidad de gestar, aparece una serie de requisitos que se espera que tenga, comportamientos y aptitudes, como es la feminidad. A nadie debería sorprender que la sociedad de clases aún tenga este tipo de criterios reaccionarios, biológicos.
(Énfasis en criterios reaccionarios y biológicos). Bueno, espero que mi postura en todo esto quede cubierta y nadie me mire raro la próxima vez que diga que podría rebatirle todo a la Jotacá Rowling aunque me gane la hueva, porque es una señora del primer mundo y lo que diga me vela madres porque me preocupa más el contexto de latinoamerica. LEAN A LOHANA BERKINS, se los digo con amor.

7 de junio de 2020

Leí Inuyasha completo en el 2020

Sinopsis: Todo inicia en el periodo Sengoku, cuando Inuyasha, un hanyo (mitad yokai, mitad humano) persigue la esfera Shikon no Tama a fin de lograr convertirse por entero en un yokai. Pero Kikyo, la sacerdotisa guardiana de la poderosa esfera, le dispara con sus últimas fuerzas una flecha capaz de sellarlo. Ella muere y es incinerada junto con la esfera, mientras que Inuyasha duerme sellado durante 50 años, hasta que un buen día Kagome, una adolescente de la época actual, increíblemente viaja al pasado y lo despierta. Con esto inicia la búsqueda de los pedazos de la Shikon no Tama, ¡y las aventuras de Kagome e Inuyasha!

Cuando me pregunten qué hice durante la cuarentena en los tiempos del COVID-19, voy a decir que leí Inuyasha completo. Es verdad. Más o menos. Empecé a leer Inuyasha el 27 de febrero, me encerré el 16 de marzo, justo después del estreno de Heroes Rising y La Mole, y terminé de leer el 15 de Mayo. 56 tomos enteros. (En Panini se están publicando dobles para que no salgan tantos, si es que les interesa). Desde leer los dos primeros en espejo porque aparentemente así se publicaron algunos en Estados Unidos (o sea, leídos de izquierda a derecha, al revés de lo que es común en el manga), cambios de traducciones porque lo leí en fantraducciones al inglés, escaneos muy buenos (la mayor parte del manga estaba muy muy bien escaneada), escaneos muy malos (recuerdo que había un tomo especialmente infame) y todo lo que involucra leer manga en internet. Leí todo Inuyasha. Esperen, voy a buscar cuántas páginas son. *Una búsqueda infructuosa de Google después* No lo encontré, pero bueno, leí 558 capítulos de usualmente 15-18 páginas así que se puede hacer el cálculo.


Nunca había leído un manga tan largo (y miren que leo shonens eternos que a saber si terminen un día) y este fue todo un ejercicio de paciencia y constancia. Rumiko Takahashi hubiera podido seguir escribiendo Inuyasha por siempre. No tengo pruebas, pero tampoco dudas. En fin, lo leí y eso. 

Ahora, ¿por qué Inuyasha? La respuesta 100% sincera es que me gusta una cosplayer a la que conocí por hacer a Sesshoumaru. La respuesta larga también incluye que quería conocer el trabajo de Rumiko Takahashi, que es una mangaka muy aclamada porque así como me ven, nunca había leído algo de ella. A esa respuesta le pueden agregar que en mi vida las mujeres tiene la ventaja a la hora de que yo elija cualquier lectura (lo digo sin pena: sí me fijo en el género porque creo que comparto muchas perspectivas con las mujeres). 


Ahora bien, vamos a poner a Inuyasha un poco en contexto: el manga se publicó de 1996 a 2008. Eso son doce años. La influencia noventera es clarísima en todos sus tomos. Creo que, a pesar de los años, es una obra de ficción que envejeció bastante bien, dadas las circunstancias. Podríamos creer que ya es el siglo XXI, pero el otro día estaba hablando con la esposa de cómo han evolucionado las lecturas románticas. Crepúsculo tiene apenas quince años (con sus celos y su panfletada mormona de que no hay que tener sexo antes de casarse que fueron los dos últimos libros y esa obvia relación de poder entre un tipo de más de 100 años que cree saber todo lo que es bueno para una adolescente sin escucharla). 50 sombras y After menos aún (wow, que romántico el abuso). Hace diez años, los fanfics que leía veían románticas un montón de cosas que no lo son. Dormiens, de Dryadeh, uno de los míticos en español, tiene un aviso al principio: "esto nos parecía romántico antes, no lo es". Al final, son un montón de historias donde las mujeres no tiene agencia (narradas por ellas y escritas por ellas, pero no deja de ser ese ideal romántico dañino). Así pues, a la hora de mirar hacia Inuyasha y el romance que trae todo el manga entre as aventuras, no queda más que aceptar que sí, no envejeció tan mal. Pero antes de meterme en eso, voy a hablar un poco más en general.


Inuyasha es un manga cuya protagonista es una jovencita, Kagome/Aome (porque vaya que no suena bien en español y estoy acostumbrada a leerlo como Kagome, por leer en inglés, pero a oirlo Aome, porque la serie la veo en español) que viaja en el tiempo a través de un pozo que se encuentra en los terrenos de su hogar. Retrocede hasta el periodo Sengoku. En español, en el anime, dice el periodo de las guerras civiles. Y sí. El periodo Sengoku en Japón sólo puede resumirse en CAOS TOTAL Y ABSOLUTO. Abarca del 1467 hasta 1568. Cien años de caos total. (Aunque la paz no llegó hasta 1615 con el periodo Edo). Por supuesto, ese es el escenario perfecto para Inuyasha: un mundo donde todos están en guerra y, en el manga, los monstruos están a la orden del día.

El manga rescata muchísimos elementos del folclore japonés (digo, esto es común en sus obras, pero si no se han sumergido tanto luego no lo conocen). Inuyasha es un hanyu: mitad demonio-perro (yokai), mitad humano. Busca la perla de Shikon (o Shikon no Tama, depende de que traducción lean) para convertirse en un yokai completo (pero pasan cosas y acaba muerto/dormido clavado a un árbol de la mano de su amada, porque si a Rumiko le gusta algo, es el drama). Kagome lo despierta muchos años después, la perla se rompe en pedazos y tienen que recomponerla. Como dije: un caos. Entre todo esto, un demonio (aka Naraku) los busca porque un asunto tiene con ellos. Jé.


Ese es el escenario en el que se desarrolla la historia. Hay quien dice que es muy repetitiva y sí. Los personajes suelen volver a caer en errores similares al pasado, se vuelven a enredar de mil maneras diferentes en las mismas situaciones. Al principio no lo vi tan claro, pero una de las cosas de las que me di cuenta es que su desarrollo era lento (no malo) e iban saliendo cambiados cada vez. Quizá no lo suficiente para no volver a tropezarse contra sí mismos, pero sí es algo que se va haciendo cada vez más notorio conforme avanzan los capítulos. El desarrollo es lento y les cuesta, lo que lo hace más satisfactorio. Cada personaje está construido con muy buenas bases y es posible ver su evolución. Creo que el caso más obvio es Inuyasha, que aprender a ser más templado conforme el manga avanza (aunque, claro, con su toque). Mi favorita absoluta es Kagome/Aome: qué heroína. Me encanta su vulnerabilidad, cómo le exige responsabilidad emocional a Inuyasha, como explora sus sentimientos, como es valiente. Me encanta. Sobre eso, más adelante.


Sobre más personajes, Kohaku es de mis favoritos, con toda la historia trágica que carga detrás; Kagura, ambiciosa por excelencia; Sesshoumaru, que es típico hermano mayor con ganas de joder y tiene un rango sentimental que va de 0 a 1000 en menos un segundo (si me siguen en tuiter y tuvieron que sufrir mis Sesshoumaru appreciatin posts mientras leí Inuyasha, ojalá todavía no me odien). Para un manga tan largo, el cast es también igual de largo y si me paro con cada personaje no acabaré nunc y la entrada ya está larguísima, así que voy a las cosas que me interesa rescatar.

Kagome como heroína: me gusta porque no es un personaje perfecto. No sigue este prototipo de las "chicas fuertes" como lo es Katniss Everdeen (que entiendo por qué gusta y es importante, pero no es lo que busco), pero no deja de ser una heroína en todo su derecho. Tiene muy buenos momentos en los que salva a sus amigos o a Inuyasha o así misma que son maravillosos. Muchas veces me quejo de que en el shonen, los señoros mangakas no saben escribir mujeres o les cuesta más (hay excepciones a las que miro con reserva, tipo quiero ver qué más desarollo les da Horikoshi a las de My Hero Academia, porque potencial tienen, sólo les falta algo), pero lAs mangakas siempre lo bordan. Un ejemplo perfecto de ello es Hiromu Arakawa con Fullmetal Alchemist y todo ese cast de personajas como Winry, Olivier, Lust... Rumiko Takahashi también tiene grandes personajas. Ya no solo las heroínas. Sango es magnífica. Kikyo, con todo lo que me desespera y me cae mal, está bien construida para representar el estancamiento de la muerte (que no sé si eso pretendía Rumiko, pero eso le salió y yo en esta vida apoyo como nadie la muerte del autor: una vez que tu obra está en el mundo, es de los lectores). Kagura es impresionante. Rin es una niña maravillosa. Kaede me gusta mucho también. Incluso lo poco que sale la mamá de Kagome me encanta.


La relación entre Kagome e Inuyasha (e, indirectamente, Kikyo): creo que es El Drama de Inuyasha. No hay otro. Me gusta mucho la relación entre ambos y cómo se construye, pero, ojo, no porque sea perfecta. Inuyasha es celoso, no tiene responsabilidad emocional, está inmerso en un círculo vicioso con Kikyo que afecta todo lo que está a su alrededor. A pesar de eso me gusta que Kagome pone los puntos sobre las íes: le exige más responsabilidad emocional (cosa que tiene desde resultados catastróficos hasta decentes), busca entender a Inuyasha pero también a sí misma (es decir, tiene agencia) y le da importancia a sus sentimientos. Hay unos capítulos que me gustan mucho donde piensa mucho en lo que ELLA quiere. Al final, me gusta no porque sea un ideal romántico o porque sea una relación perfecta, sino porque cambia, evoluciona y Kagome siempre hace muy claros sus deseos y respeta lo que ELLA quiere antes que nada. (Así que sí, no es perfecta, peca de muchos ideales románticos de la época, pero la heroína tiene voz y voto).


El arco de los siete guerreros. Miren yo no quiero hacerles spoilers, pero si saben de que hablo, sólo digo que mi opinión es que es uno de los mejores arcos del manga y anime que existen. También me encantan el desarrollo over-all de Kohaku, el uso del folclore japonés, y los momentos que ocurren en el presente (siempre usados para hablar de la relación entre Kagome e Inuyasha, que pasan de no soportarse a soportarse, a ser amigos, a estar enamorados y ser amigos, etc).

Quiero detenerme aquí porque la entrada ya es muy larga, pero sí les recomiendo conocer la obra de Rumiko Takahashi. Es una mangaka de la que tenía muy pendiente hablar en el blog. Como nota aparte, si quieren saber dónde leerla, no se olviden de pasar por el canal de Telegram. También, no suelo hace esto, pero recuerden que tengo un ko-fi linkeado y donde me pueden donar. Las donaciones siempre se usan para pagar el dominio del blog.

1 de junio de 2020

Nuestro mundo muerto, Liliana Colanzi | Librosb4Tipos

Sinopsis: Una mujer en una misión de colonización en Marte, un joven poseído por el impulso asesino de un indio mataco, un chico que dice comunicarse con gente del espacio, una nana ayorea a la que le gusta comerse los piojos y asegura que los muertos nunca se van. En los bordes de la ciencia ficción, lo fantástico y lo pesadillesco, estos cuentos exploran, con una mirada alejada de todo exotismo, la idea de la muerte en las grietas del mestizaje, allí donde la idiosincrasia indígena y su historia de explotación chocan con la vida moderna y urbana.

Seguro que si están por este blog ya conocen a Libros b4 Tipos porque hablo mucho de nosotras. Resumen rápido: somos una colectiva de trece morras mexicanas que nos dedicamos a leer y promocionar literatura escrita única y exclusivamente por mujeres. Esa es una de las razones por las que en el blog las mujeres siempre tienen preferencia (aunque curiosamente leo muy 50/50 sin fijarme en el género de los autores, siempre con las mujeres por arriba, pero bueno, conozco a quien no lee ni una sola mujer escudándose en el "no me fijo en el género). Aquí en el blog, dejando de lado mis lecturas, son las más reseñadas, las más promocionadas y las más todo. Además, en Libros b4 Tipos este años estamos explorando distintos géneros y corrientes de la literatura del imaginario (la ficción) en países como América Latina y en mayo leímos fantasía. O sea, leímos Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi.

Al principio esta reseña iba a salir antes de que lo comentáramos en vivo, pero luego se acercó la fecha y preferí esperar. Platicar los libros siempre me da otra perspectiva sobre ellos y las charlas con las beforas siempre son super interesantes. Por eso la espera.

Quiero empezar la reseña haciendo un paréntesis (apenas al principio y yo ya me estoy yendo por la tangente): por qué leer a las latinas. ¿Saben? Me ocurrió algo muy curioso ayer. Pedí recomendaciones de escritoras de fantasía (cualquier subgénero dentro de) haciéndo énfasis en que era mejor si eran latinas (porque es algo que estoy buscando activamente). Sí me hicieron varias recomendaciones, entre ellas autoras que ya leí y que no he leído (ya anotadas), pero fueron pocos los que recordaron a escritoras latinas y mayoría los que recomendaron a gringas y europeas (eso sin contar a los que directamente no leyeron el tuit principal y me dejaron escritorOs). ¿No conocemos más? ¿Se publican tan poco las escritoras en los márgenes que no las vemos? (No sólo hablamos de latam, sino de África, Asia). Este párrafo es un llamado a que veamos más allá. Europa tiene tradiciones fantásticas increíbles (no todo es la tradición inglesa, que ya de por sí es muy vasta y maravillosa) a las que prácticamente no se mira (Europa del Este, por ejemplo). Y si a esas no las vemos, pues Latinoamérica, con una tradición fantástica enorme, acaba en el olvido

(Como quien dice DESCOLONICEN SUS LECTURAS, LÉANOS A NOSOTROS Y SOBRE TODO, A NOSOTRAS).
  

Ahora sí, vamos ha hablar de Liliana Colanzi. Esa introducción era necesaria para mí porque creo muy puntual decir que si vienen buscando la fantasía urbana clásica (de épica hablamos luego, en marzo fue que leímos a Liliana Bodoc) de los libros de moda, aquí no la van a encontrar. Los cuentos de Liliana Bodoc son cuentos basados en el propio folclore de Bolivia, en su cotidianidad, en sus experiencias. De nuestras experiencias, en las que se mezcla el ser "el otro" (que fue colonizado y todavía vive con las consecuencias de ello, por lo cual resulta insensible decir "superen la conquista"), las propias estructuras de poder en América Latina (que son parecidas de país a país, pero no iguales), el género (ser mujer en nuestros contextos, muchos y variados, muchas veces en la misma periferia), la raza (latino no es una raza, aclarando, pero sí nos define mucho el color de piel, especialmente en convivencia con la clase) y, por supuesto, la clase.

Hace dos años ya (creo, puede ser más) publiqué un ensayo en un libro llamado Infiltradas (que pueden comprar en lektu en digital o siempre pueden escribirme si no tienen posibilidades de comprarlo; está apenas a 77 pesos y Palabaristas es una editorial independiente que se portó muy bien con nosotros) en el que hablaba como la literatura de género (fantasía, ciencia ficción, terror) en la mano de las escritoras latinas tendía a reflejar nuestras realidades. Hable, por ejemplo, de Liliana Bodoc retratando la violencia conquistadora en La saga de los confines (en el área de la fantasía), de Mariana Enríquez con su cuento de Las cosas que perdimos en el fuego y las mujeres quemadas de Agentina y de Martha Riva Palacio y la crisis de feminicidios retratada en Frecuencia Júpiter. Fueron sólo tres ejemplos pero sigo muriendo en la colina de que leer a las escritoras de este lado del charco nos mueve muchas perspectivas. 

Con Liliana Colanzi me pasó lo mismo. El primer cuento, El ojo, me voló la cabeza. La relación madre/hija, sin ser algo que yo haya experimentado, si es algo con lo que vi a muchas identificarse. La culpa narrada. Nuestro mundo muerto (el cuento) me recordó a la desesperación con la que se persigue el sueño de irse al extranjero, en ese caso, el espacio (además que abre un debate muy cañón sobre la idea de la posibilidad de colonizar el espacio). Pero no es sólo eso. Alfredito fue uno de los cuentos que más gustaron colectivamente porque a todas nos recordó a los funerales que nos ha tocado vivir (lamentablemente, para quienes nos ha tocado). Las leyendas e historias de Bolivia, las tradiciones, las creencias acompañan los cuentos de Liliana Colanzi, del primero al último (en menor o mayor medida). El colonialismo y los temas de género están allí, presentes, en las historias.

Suele ser calificado como un libro raro y difícil de entender (aunque creo que el propósito no es entender de pé a pá cada cuento, sino disfrutar de la atmósfera que deja la escritora con sus palabras). Es algo que he visto repetido y repetido cuando se trata de escritoras de este lado del charco (y luego lo dice gente que igual leyó a Cortázar que no se queda detrás siendo raro y les mama, en fin la hipotenusa) pero con esta reseña les quiero pedir que no se asusten ante lo raro o lo diferente. Exploren dentro de la literatura, es vasta, hay de todo. Uno de los más grandes placeres que me ha dado leer es conocer un chingo de cosas y visiones del mundo.

¿Les recomiendo los cuentos de Liliana Colanzi? Sí, mil mil veces. Especialmente si les gustan las cosas raras o los híbridos entre la fantasía, la ciencia ficción y el terror, si quieren conocer qué cosas escribimos en América Latina, si quieren conocer a una autora Boliviana (en mi caso es la primera dentro de la ficción que leo, aunque ya antes leí el testimonio hablado de Domitila Barrios de Chúngara). ¿Dónde lo pueden conseguir? En México lo publica Almadía, en Argentina lo publica Eterna Cadencia, en Perú, Santuario Editorial (si no me equivoco) y en Colombia, El Cuervo. No sé más. Si no son de alguno de esos países e igual quieren conseguirlo pueden escribirme y vemos alguna manera (hablando del acceso a los libros...). 

Para acabar la entrada, les dejo la transmisión en vivo de Librosb4Tipos sobre el libro. Dura una hora y media así que pueden ponerla de fondo mientras hacen algo más.
   

11 de mayo de 2020

Olor a menta, Myriam M. Lejardi | Reseña


Sinopsis: A Alexis le gusta ligar con cualquier persona que se esté quieta el tiempo suficiente, entrar en una habitación y que todos lo miren, los caramelos de menta y las chaquetas de cuero. Por eso, cuando muere y su egocéntrico ectoplasma queda ligado a Valeria, la única capaz de verlo y oírlo, se cabrea un montón. En una historia de últimas y primeras veces, descubre cómo dos caminos pueden cruzarse para siempre sin llegar a tocarse jamás.

Yo casi nunca reseño novedades, pero a veces, cuando lo hago, es porque las autoras son mis amigas. Jé. Hablemos Myriam, mi larga relación con ella y cómo pasamos de que yo leyera secretamente su fanfic a gritarle por Telegram. Les prometo que es una historia graciosa. Corte a Andrea a los quince años. Dieciséis, quizá diecisiete. Era tan edgy y tan emo por dentro que yo mi personalidad apenas me soportaba y leer un fanfic de una tal Metanfetamina, titulado Mortífago, de los adolescentes más edgys que había conocido jamás me llenaba el alma.

Mortífago es un recuento de la saga Harry Potter desde el punto de vista de los Slytherin. Draco Malfoy y sus amigos, más o menos. Lo narra un tal Theodore Nott que en la saga original aparece como tres veces, tiene un par de datos interesantes y nos presenta a un cast de personajes de los que a duras penas conocemos los nombres y unos cuantos rasgos de la personalidad. Cuando yo me puse a leerlo en serio, iba en el baile de navidad de cuarto año y la cosa era como Skins pero con magia. (Siempre fue como Skins pero con magia, sólo que después se le añadieron cosas turbias, sangre y muerte). En ese entonces la primera temporada Skins era mi vida porque siempre era reconfortante pensar en adolescentes que lo pasaban peor que tú (y ver que estaban guapos, para alegrar la vista). En fin, después de años de leer y comentar acabas buscando a los autores en tuiter y hablando con ellos (veo gente que se sorprende de eso, pero para mí es cualquier cosa, perdón lol) y te haces su amiga y comentas tus ideas y acabas extremadamente emocionada cuando publican su primer libro. Ese es el resumen más o menos de por qué leí Olor a menta tan rápido. La otra razón es que me gustan los fantasmas.


Como se trata el tema fantasmal en la literatura siempre me llama la atención. (No en vano reseñé El fantasma de la casa del lago de Ana Romero hace muy poco, que curiosamente trata temas parecidos, pero no tiene ni punto de comparación porque maneja todo de una manera diferente..., lo cual es lógico, considerando las diferencias culturales de sus autoras). Myriam presenta una propuesta interesante con Alexis y con Valeria. Alexis muere y se queda atado a ella, una bebe que sólo berrea y no habla. Sólo ella puede verlo (digamos, es su vínculo con el mundo), hablar con él y él, como buen adolescente inmaduro que acaba de morir, no está muy encantado con la perspectiva hasta que Valeria empieza a crecer.

¿Por dónde empezamos con la novela? Los personajes son divertidos. Valeria y Alexis son muy entretenidos de leer (genuinamente caen bien, especialmente ella), hay una hermana, un youtuber gamer que nunca usa pantalones y un gato llamado Miau Tse Tung (exijo que tenga un hermano llamado Cat Marx, aunque también aceptaría Stalingato/Leningato...; por favor no pongan detalles de comunistas en sus libros, esto es lo que pasa). Son dinámicos, bien perfilados..., o sea, son esa clase de personajes que no están planos como hoja de papel. Tienen sus motivaciones, su propósito en la historia..., todo. La premisa es relativamente sencilla (es de lo que yo llamo libros sandwich: lo que me leo entre una lectura pesada y otra; consideren que digo esto porque Engels me parece entretenidísimo y Lenin un paseo por la pradera), fantasma está atado a chica, chica le gusta fantasmas, fantasma le gusta chica, uy, no pueden tocarse.

¿Creían que no pondría una imagen de un gato comunista?

La novela es divertida, ligera, tranquila, no me sorprendió mucho porque conozco a Myriam. Me entretuvo, me hizo reír. Me hizo querer mucho a Valeria. Su rareza es encantadora (toda ella es encantadora). No es lo mejor que le he leído, pero consideren que he leído básicamente todo lo conseguible de Myriam y su versión de escritora en este libro es mucho más moderada, tranquila y con no tanto espacio para meter tanta movida (como dice ella). Pero si esto les pareció buenísimo (los estoy viendo en sus reseñas, en sus reviús de goodreads y en sus hilos-reacción de tuiter) pues lo único que tengo que hacer es señalarles el resto de su trabajo y decirles que en mi opinión es incluso mejor y maravilloso y todo es increíble. Porque Olor a Menta es bueno, eso sí. Podrá no ser mi obra favorita (pocas cosas van a superar mis ataques de risa leyendo Futuro Perfecto), pero de todos modos lo recomiendo con ganas.

Mi parte favorita de la novela es todo el rollo de que Alexis, como fantasma, olvide cosas. (No es novedad, ya pasa en Dos velas para el diablo y seguro en cuarenta libros más, pero).  ES TAN SATISFACTORIO VERLO COMO LECTOR. Es un detalle que en las historias de fantasmas me encanta: el que poco a poco pierdan su esencia (con plus points si además al principio o en alguna parte de la historia se les va el pedo y no entienden que son fantasmas). Y miren que si fuera por mí les contaría poco a poco el libro para explicarles por qué me gustó pero no es el punto. El punto es que lo lean.

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¿Y dónde lo voy a leer? Bueno, lo publica la editorial Grupo Amanecer. Si son de latinoamérica (o cualquier parte del mundo que no sea España), lo pueden comprar en digital (que sé que ustedes son la mayoría de mi público, veo los analytics, háganme señales de humo aunque sea) y si son de España, pues con la editorial lo consiguen en físico. Es una novela pequeñita, es perfecta como lectura ligera entre dos libros de esos que te machucan el cerebro (Marx, te estoy mirando a ti) y si les gusta el romance paranormal, pues es una buena apuesta por él (supongo, no es de mis géneros más atendidos últimamente). Myriam tiene una prosa muy divertida aquí incluso cuando te está contando cosas que probablemente te hagan llorar (no sé, soy una piedra, es complicado hacerme chillar).

No sé para que demográfico esté planeado este libro (lo siento, no me fijo en eso, me vale tres pitos generalmente), pero me pareció que puede encajar bastante bien en juvenil, cosas de adolescentes (estaba hablando con Myriam de que muchas veces la LIJ de Latam me parecía más escandolosa que dos adolescentes, uno de ellos fantasma, que querían coger y no podían..., pero es que bueno, tenemos Orfeo o Frecuencia Júpiter, por ejemplo, que son más crudos en otros aspectos, pero otro día les hablo de eso porque creo sinceramente que nuestro entorno permea mucho sobre nuestra industria editorial y yo estoy haciendo una reseña, no un ensayo). Pero si quieren el libro para adolescentes, pues de mi parte es un gran SÍ. Además aprovechen que por fin nos publicaron a Myriam, yo estoy así:


Y bueno, antes de que esto se haga eterno: les recomiendo leer a Myriam. Así, en general. No sólo esto, sino todo su trabajo. Que para algo gran parte está en fanfiction.net. Tiene propuestas interesantes, cosas padres, lágrimas, tragedia y, en el caso de este libro, dos personajes divertidos que probablemente les van a caer bien.

8 de mayo de 2020

Crítica a Acoso de Marta Lamas

Sinopsis: Ante la urgencia ética para enfrentar el acoso, Marta Lamas realiza una profunda reflexión de las diferentes corrientes teóricas del feminismo, así como de las actitudes sociales en relación a éste. La autora busca, para ello, abrir el debate para definir aquellos actos que pueden ser considerados como acoso, de otros que no lo son y que encaminan, por otro lado, a la persecución y la difamación. En este proceso de crear una sociedad más justa e igualitaria, es necesario reflexionar críticamente entorno a aquellas prácticas que resultan emancipadoras, así como aquellas otras que son más bien, un tropiezo.

Sí, bueno, esto no es una reseña. Si eso es lo que vienen buscando, quizá esta no sea la entrada. Está es más bien una crítica donde voy a hacer papilla este libro porque me pareció penoso y tendencioso. No se preocupen, tengo argumentos para sostener todo mi desmadre. Empecemos con un poco de contexto. Lo leí porque el FCE lo puso gratis durante quince días (calculo que lo van a poner encontrar gratis todavía esta semana acá) y siempre había tenido una curiosidad que rayaba en el morbo por leerlo. El libro se escribió en al calor del movimiento mediático que fue el #MeToo en Estados Unidos y que aquí se replicó de distintas maneras. Es muy obvio, el propio libro lo menciona y de ahí obtiene sus ejemplos.

El siguiente contexto que necesitan: yo tengo desacuerdos teóricos muy cañones con Marta Lamas. Dejémoslo en que considero que no existe emancipación posible allá donde la sexualidad es una mercancía y quienes son explotadas por ello (en su gran mayoría) son mujeres proletarias. No nos hagamos: la sexualidad es una mercancía cuando no debería serlo. No hay libertad allá donde todo se puede convertir en una operación mercantil. En fin, sobre el tema tengo una lista de lecturas en Sexualidad y capitalismo por si gustan checarla.


Ahora sí, ¿por dónde empezar con este libro? Creo que es un intento de Marta Lamas de que nos hagamos la pregunta ¿todo es acoso? y de abogar por un debate matizado. Excelentes intenciones de no ser porque este libro metió el acelerador a fondo y se despeñó por la barranca (cosa que, sinceramente, no me extraña en lo más mínimo). Muy bien, para hablar de acoso, de misoginia y de machismo en México (o en cualquier parte) se me hace súper importante tener un contexto y hablar dentro de él. La realidad del oriente medio no es la misma a la de Europa y la de Europa no es la misma a la de América Latina y en América Latina en cada país varía todo y en México una cosa es el contexto urbano y otra el rural y una cosa es el contexto de la periferia y otra el del centro de la ciudad. Por eso, cuando al principio del libro menciona que, aunque el contexto violento y machista de México es escandaloso, quiere dejarlo de lado, no pude evitar alzar una ceja. Porque sí, podemos analizar el #MeToo mil veces, analizar qué mujeres son las que tienen más posibilidades de denunciar públicamente (que no legal) a sus agresores, pero eso no quiere decir que estemos hablando de algo que repercute en nuestra realidad. Las actrices de Hollywood, fuera de tener la posibilidad de volver sus denuncias mediáticas (para bien y para mal: se vuelven más visibles, pero el escrutinio público es mucho mayor), no influyen realmente en la realidad de las mujeres trabajadoras que sufren, también, acoso diariamente. Es más mediático, sí. Puede, en muchos casos, poner el tema del acoso sexual en el centro de la mesa. ¿Ofrece soluciones? No realmente. ¿Por qué no contextualizar en México y centrarnos en la lucha contra el acoso y el machismo aquí?

Pero bueno, también da la impresión que Marta Lamas habla sólo de mujeres de una clase muy particular, pero sobre eso más adelante.

Lamas hace una crítica a McKinnon y Dworkin, ambas feministas radicales abolicionistas (McKinnon además, abogada, aunque tengo pendiente leerla) y aunque si entiendo a done van las críticas, se me hacen mal enfocadas. Preferiría ejecutar una crítica desde el marxismo (pero eso cuando hablemos de ellas en el blog), pero bueno, lo que tenemos es la de Lamas, que insiste, como muchas personas en este mundo, en hablar de abolicionismo como puritanismo o prohibicionismo. Usualmente para clarificar diferencias en torno a lo que distintos movimientos por la liberación de la mujer tienen como visión respecto a la prostitución suelo usar las explicaciones del informe Cumbia, Copeteo y Lágrimas, de Lohana Berkins (argentina, comunista). Son explicaciones super accesibles que se encuentran en el libro que encuentran acá.

Además me gusta ese material porque hace notar que es un debate mucho más grande que la típica dicotomía liberación vs. puritanismo; de verdad, si tienen oportunidad, chéquenlo. Además que el abolicionismo y los temas en torno a la sexualidad no son abordados de la misma manera dentro del feminismo radical y del marxismo. En fin, yo sólo dejo la pregunta de: ¿de verdad es posible la liberación sexual en el capitalismo que la explota y la tiene como mercancía? Porque digo, muchos y muchas parecen creer que sí (y, una pista: quienes aseguran que sí con más vehemencia suelen ser aquellos y aquellas que se benefician de esa explotación).

Bueno, pasando a otro punto: me parece lamentable que el libro esté lleno de obviedades. En los capítulos introductorios hay demasiado énfasis en demostrar que no todas las mujeres son víctimas de acoso (sí, okey, al definir acoso según lo legal o según una serie de actitudes de una persona hacia otra, es obvio que no todas en el mismo momento van a ser víctimas de acoso) y también en reconocer que existen hombres que son víctimas (creo que nunca nadie lo ha dudado) y que existen mujeres victimarias (de nuevo, las mujeres no son tiernas y angelicales por ser mujeres y creerlo me resulta bastante misógino). Sí, todas las mujeres (y todos los hombres, si es que por algún milagro del señor en el que no creo necesito recalcarlo) vivimos en el machismo de una sociedad de clases. Y sí, hay acoso. Mi pregunta aquí sería, ¿por qué la necesidad de recalcar que NO TODOS LOS HOMBRES? Además de que me parece que muchas personas son capaces de entender una generalización, ¿cuál es el punto?


Porque para empezar me suena a esas cosas que dicen los libros y textos y la gente que no quiere que otra gente que no sabe ni de feminismo ni de otros movimientos de emancipación de la mujer se asuste, pero este libro no parece estar dirigido a esas personas. En fin, eso son conjeturas. ¿Saben que sería interesante? Contextualizar esas afirmaciones. Sí, sabemos que hay hombres víctimas: ¿cuántos?, ¿en qué contextos?; lo mismo para las mujeres que son victimarias. Pero si las estadísticas son complicadas para lo que es más evidente (mujeres que son acosadas por hombres) y está de manera insultante enfrente de nosotros, pues... bueno..., ya me imagino para lo demás. Pero contextualizar eso se me hace tremendamente necesario. No son fenómenos que se den de la misma manera. Y si el acoso ya varía de una región a otra..., pues no podemos pretender de hablar de la experiencia de hombres y mujeres de manera universal. (Digo, ya sólo empezando porque si el genero nos une, la clase bien que nos separa).

Hay un capítulo dedicado al tema en Estados Unidos y en las universidades donde entre otras cosas aboga por el debate matizado (sí, buena idea, ajá) para después condenar al escrache "y otras acciones terroristas". No me lo inventé, está en el libro. ¿NO HABLÁBAMOS DE MATIZAR EL DEBATE? Ningún comentario más. Mi realidad no es EU y a mí me interesa este tema en México. (Bueno, quizá que aunque es obvio que un comentario machista al aire no es lo mismo que tocar a alguien sin consentimiento, no son acciones que existan en contextos separados, todos son producto de las mismas relaciones sociales).


Entonces, ¡por fin!, entramos a México. Sin son de México y son tuiteros, seguro les suena el caso de Tamara de Anda (aka plaqueta). Lejos de mis opiniones personajes sobre el caso (un taxista le grito guapa y creo que todos entendemos que pa' qué chingados te gritan en la calle sin ir a cuento), me sorprende que en una nota al pie de página Marta Lamas se pregunte si hubiera sido diferente si hubiera sido blanco y güerito. El mismo argumento de los machos del tuiter. Felicidades. (Y es que lejos de que a mí el sistema legal de la burguesía me valga pitos con toda su larga historia de servirle a una sola clase, qué son esas maneras de conjeturar sobre la incomodidad de las mujeres). El segundo caso que menciona acaba peor. Con el contexto del MeToo gringo y Karla Souza hablando de cómo fue acosada, habla de una denuncia pública de Sofía Niño de Rivera hacia Ricardo Rocha. Dejando de lado mi opinión personal sobre semejantes personajes (nada bueno, se los aseguro), Marta Lamas añade que en la grabación se podía ver que era un gesto amistoso (¿quién chingados juzga eso con objetividad? La idea de matizar un debate también pasa por admitir que las mujeres se pueden sentir incómodas cuando otras personas invaden su espacio personal sin venir al caso) y que, en todo caso, lo más productivo hubiera sido que la acusaran de difamación para esclarecer las cosas (WTF, en qué chingados ayuda la justicia aquí). Bueno, son los dos grandes casos de los que habla. Mediáticos a más no poder, el último que involucraba a gente de una muy específica esfera social... ¿Saben algo? México no es ni el mundo del espectáculo, ni los tuiteros. Hablamos de acoso, pero sin hablar de lo que ocurre, ya sin salirnos mucho de la CDMX, en la periferia (hablo del edomex porque de aquí soy), hablando de mujeres con poder mediático, ignorando que hay otras 40000 voces que no se escuchan. ¿Para qué o qué hacerlo así?

Además, mil veces se ha dicho cuando se trata de exponer casos públicamente (y no hay denuncias legales que en muchos casos no proceden) que lo que se busca es hacer visible el problema; muchas veces se hace incluso de manera anónima para todas las partes (otras no). Mil veces va a haber alguien que insista que la única manera de arreglarlo es acudiendo a la justicia del Estado. Miren, no juzgo a quienes creen en ella. Qué bueno. ¿Cuándo chingados le ha ayudado la justicia del Estado a las mujeres del proletariado? ¡¿No es obvio por qué no se acude a ella en estos casos?! ¡¿No podemos tener un sólo debate que no acabe como única solución en reformar el sistema existente?! Bueno, ya me adelante. Sigo.


Marta Lamas también pregunta que, si en un puesto de trabajo, es acoso cuando un jefe pide favores sexuales a cambio de un ascenso, la mujer lo rechaza y ahí queda la cosa (utópico lo último, considerando que lo que suele pasar después es que hacen un infierno la vida de las mujeres hasta que renuncian o las despiden, pero vamos a seguir en el escenario de Lamas). Sí, siguiente pregunte. Bueno, matizando: si es o no es acoso sexual en términos legales no quita que sea una acción de mierda que no DEBERÍA (insisto, debería, pero ocurre) ocurrir. ¿Listo? Sigue Lamas: si la mujer acepta, ¿es acoso? Sí, siguiente pregunta. Súbitamente el hecho de que haya mujeres que hagan cosas que nos parecen mal en nuestra ética para vivir (sobrevivir) en el capitalismo parece que hace válido que los hombres sean una mierda. "¡PERO ES QUE HAY CONSENTIMIENTO!" ¿Y ESO BORRA EL CHANTAJE? (Por eso, además de hablar de consentimiento, es muy buena idea hablar de deseo y de que es un poco mierda que el sexo sea una mercancía en el capitalismo y que no debería de ser, pero... oh... boy... así estamos). (Más tarde Lamas insiste en que el quid pro quo en que las mujeres cambian su sexualidad por "ventajas" es algo legítimo; no sé si crea que es una ventaja, pero no se queda lejos de afirmarlo).


Pasando a otro tema, por ahí Lamas cita a dos hombres con el argumento de demostrar que no sólo las mujeres están interesadas en esos temas. Sí, ya lo sabíamos (o sea, existe Engels y El origen de la familia, la propiedad privada y el estado nada más por poner un ejemplo que acabo de releer), ¿algún aporte nuevo? El "aporte" que menciona Lamas se limita a decir que "los hombres también sufren desventajas". ¿Suena ridículo? Es que lo es. No puedo agregar nada. Para esos aportes (y sin tener un enfoque de clase), mejor nada.

En el epílogo, además, pone la tablita de los homicidios violentos en México y afirma: "a los hombres los matan más que a las mujeres". Sí, cómo explico yo esto: es obvio para cualquier persona con ojos que vea la tabla. Lo que no es obvio es el contexto: ¿quiénes son los asesinos? (si se sabe), ¿en qué circunstancias mueren unas y otros? (En México la delincuencia organizada tiene mucho que ver con esto, la guerra fallida contra el narco, pero también la violencia intrafamiliar, sexual, etc.). Porque afirmarlo así nada más pues... qué chido. Y luego decir que la sociedad no se escandaliza por la muerte de los hombres... ¿hablamos de la burbuja de Marta Lamas o de qué? ¿De qué sector? ¿En qué país vive? ¿En cuál burbuja? (Porque resulta una fantasía que a muchos les gusta la de que las mujeres sólo nos preocupamos por el feminicidio, pero no sé a dónde están volteando, en serio, respóndanme; a la gente que una cosa le vale madres, la otra también; y quienes protestan por los feminicidios también se indignan con las olas de violencia).


En fin, el único punto medio interesante (y medio interesante es un halago) es que Marta Lamas sí intenta hacer ver como el neoliberalismo usa sectores del feminismo para justificar el punitivismo. No es una crítica que aterrice muy bien (una lástima, porque ese sí es un tema interesante) y yo la hubiera agarrado desde una perspectiva, qué se yo, marxista *shocking* pero bueno. Un intento fue hecho (no funcionó).

En conclusión, me parece un libro simplista, lleno de obviedades estúpidas para el público al que "parece" estar dirigido, sin contextualización de nada (pero eso sí, una tendencia tremenda a hablar de matizar el debate porque falta la congruencia) y que parece hablar de mujeres y ejemplos que no son de mi clase. Hay otros textos mejores que abordan la violencia y el acoso mucho mejor. Diría que este parece hecho para calmar a los hombres, pero para qué hacer conjeturas cuando tengo argumentos más sólidos (¡¿EN DÓNDE METIERON EL CONTEXTO?! LOS ACTOS DE VIOLENCIA NO OCURREN ASÍ NADA MÁS AISLADOS DE LA SOCIEDAD). En fin, al final incluye un texto como anexo y... voy a dejar que hable por sí sólo. Ni vale la pena que yo hable mal de esto:


Ahí la dejamos, ya ni para qué seguir. Sí les recomiendo ahorrarse este libro.

4 de mayo de 2020

20 manga tag

¡Hola! May The Fourth Be With You. Hoy traigo un tag porque quería descansar de las reseñas (siempre son un poco más cansadas porque hay que estructurarlas y todas esas cosas) y quería hablar de una de mis aficiones: el manga. (En general casi cualquier forma de narrativa visual me gusta: el webcomic, cómic, etc). Me encontré este tag por ahí, asi que dije, pues vamos a llenarlo. Además que ando más fresca en recordar qué series he leído últimamente que hace varios meses (en serio, tiendo a olvidar algunas cosas que leo, sobre todo si no me producen gran cosa). 

De hecho, este no es el primer tag en el que hablo de manga. Si quieren algunas otras recomendaciones, hace como un año (poco menos) grabé uno con Raquel que les dejaré aquí abajo por si tienen curiosidad:


Ahora sí, vamos a empezar con las consignas de este otro tag (algunas de las cuales se repiten y quizá mis respuestas hayan cambiado o no).

1. Manga favorito



Este no es extraño para nadie: es Tsubasa Reservoir Chronicles de CLAMP. A mí me encanta casi cualquier cosa que hable del multiverso, así que el proyecto más ambicioso de las CLAMP, centrado en un lugar donde los personajes van saltando de universo en universo me vuelve loca. Me encanta. Además los cuatro personajes protagonistas me gustan bastante y la historia, con todo y los quebraderos de cabeza, me fascina. Fue uno de los primeros mangas que busqué con desesperación en el internet y no me acuerdo ni cómo me las arreglé para leerlo, pero lo logré. A la fecha es mi favorito y daría todo en el mundo por él. (Si les interesa en físico en Español y residen en México, Kamite es el encargado). 

2. Manga que odias



El manga de Battle Royale de Koshoun Takami y Masayuki Taguchi. Hasta se me había olvidado que había leído unos cuantos tomos. Había borrado de mi memoria lo horribles que me parecían las ilustraciones y lo horrible que me parecía la afición del autor de meter violencia sexual hasta por donde no cabía. Y es que ya sé que nadie le Battle Royale por la trama, pero me acuerdo que cuando leí el libro (que sí acabé), lejos de mi interés por el gore, nunca me aprendí los nombres de ninguna chica (salvo de la que estaba como una cabra y Noriko, la prota) porque todas, todas, todas, en su tiempo libre se dedicaban a la prostitución. Los chicos tenían unas backstorys que te cagabas (había uno que era el mejor deportista de no sé qué, sabía hacer bombas, hackear cosas, se hizo una computadora con un celular y una batería de carro) y las chicas, prostitutas. Listo, no había más. Obviamente, todo ese desmadre sumado a que el gore del manga me parecía cero atractivo, pues odio el manga. Hasta olvido que existe, pero alguien desbloqueó mis recuerdos).

3. Personaje favorito


¡Tengo muchos! Fay D. Flourite de Tsubasa Reservoir Chronicles (CLAMP) es un personaje trágico que adoro y me encanta. Además como lo dibujaban las CLAMP me fascinaba.

También me encanta Atsuhi Nakajima de Bungo Stray Dogs (Kafka Asagiri y Sango Harukawa), daría mi vida por él. Se me hace un personaje precioso (y además el escritor real que descubrí gracias al manga es un escritor japones increíble).

Por supuesto, estoy obligada a mencionar a Katsuki Bakugo de My Hero Academia (Kohei Horikoshi), porque es la razón de que yo me picara tanto con ese manga (empecé a leerla porque Shouto Todoroki parecía alguien que iba a llamar mi atención, pero acabé enamorada de otro). Su santo desarrollo de personaje es muy bueno hasta donde va el manga y estoy esperando ver que sigue.


4. ¿Qué manga creías que no te iba a gustar y te encantó?



My Hero Academia de Kohei Horikoshi. No se veía tanto como mi tipo de historia y de hecho me tomó una eternidad picarme. No me empezó el interés tan grande hasta el tomo cuatro y no me piqué realmente hasta el cinco. Aunque lo que realmente cimentó mi amor por este manga fue el arco de Kamino (que quienes ya lo leyeron sabrán qué tantas cosas pasan) y de ahí para adelante me seguí picadísima con todo. Ahora espero los viernes (día que salen las traducciones no oficiales) con muchas ganas para leer los capítulos y temo por básicamente todos los personajes (menos el que odio y el que finjo que no existe).  

5. ¿Qué adaptación te gusta más que el manga?


¡No sé! Por ejemplo, Fullmetal Alchemist (el manga de Hiromu Arakawa) y Fullmetal Alchemist: Brotherhood se me hace que es la mejor adaptación de la historia y me gustan mucho a ambas cosas (al mismo nivel, me atrevo a decir). Las dos cosas son de una calidad impresionante y me encantan.


Otro manga con el que me pasa lo mismo es con Given de Natsuki Kizu, que creo que es el adecuado para responder esta pregunta pues siento que el anime aporta muchísimas cosas al manga. Ya nada más, la canción de Mafuyu. Leer el manga al mismo tiempo que ves el anirme es algo muy recomendable.

Y creo que me gusta un poco más Banana Fish en anime que en el manga de Akimi Yoshida, pero igual que los anteriores, me parece que ambos productos están bastante a la altura y no me puedo decidir. ¿Alguna vez podré responder estas consignas bien, con una sola cosa? Lo dudo, sinceramente.

6. ¿Qué manga te gustaría protagonizar?


¿Sailor Moon de Naoko Takeguchi? Probablemente. No sé, la verdad. Todos los que me gustan son muy riesgosos.


7. Tu primer manga


¿Completo? Creo que Death Note (Tsugumi Oba & Takeshi Obata), lo leí muy lento y con muchos trabajos cuando estaba en secundaria. Incompleto, creo que fue Sakura Card Captor de CLAMP. Nunca lo leí completo aunque sí solía ver la caricatura.

8. ¿Con qué personaje tuviste un crush?


¡No empezó en manga pero... C.C. de Code Geass! Con Code Geass el anime fue primero y luego se hicieron varias adaptaciones al manga (que no he leído por temer que no me gusten tanto como el anime, que es mi anime favorito de todos los tiempos). 

Pasándonos estrictamente a los mangas, mi crush más reciente son Inuyasha y Sesshoumaru (de Inuyasha de Rumiko Takahashi), sí, ambos, dos. La historia es curiosa porque yo nunca había visto o leído Inuyasha y sentía que le debía eso a mi adolescencia, pero lo largo del anime y los cincuenta y seis tomos que son del manga me echaban para atrás. No me decidí hasta que mi crush hizo cosplay de Sesshoumaru como mil veces y pues... nada..., a leer (por razones, como comprenderán ustedes, totalmente adolescentes). La historia me ha fascinado tanto que ya llevo como treinta y cinco tomos al día de hoy.
Por supuesto, tengo un crush grande con Katsuki Bakugo de My Hero Academia (Kohei Horikoshi). Y con Miruko. Miruko es mi crush supremo más reciente. Y miren, la verdad ya me voy a callar porque si no vamos a estar aquí hablando de cómo a mí me gustan pixeles.

9. ¿Has puesto de fondo de pantalla personajes de algún manga?


 ¡Sí! Mi lockscreen del celular es un fanart de My Hero Academia (Kohei Horikoshi) donde salen Deku y Bakugo (porque la OTP que nunca jamás será canon). Les dejo aquí el post original:


También en mi pantalla principal del celular tengo otro fanart de Ash Lynx y Eiji Okimura de Banana Fish (Akimi Yoshida). Lo encuentran en este tumblr. Y en mi computadora está C.C. de Code Geass y en Telegram otro Bakugo y en Whatsapp Lio Fotia (Promare). Vamos, lo friki se huele.

10. Serie que abandonaste tras leer algunos tomos/capítulos



Abandoné Vampire Knight de Matsuri Hino. No me acuerdo hasta que tomo leí (unos seis, siete, chance pocos más). Le tenía muy poca paciencia al triángulo amoroso entre los protagonistas y me parecía que tenía unas dinámicas muy misóginas y terribles. Acabé abandonándolo de puro aburrimiento, porque ni la presencia de Zero (que más o menos me gustaba) me hacían soportable la historia.

11. ¿Has forrado una carpeta con fotos de manga?


No exactamente pero... Les dejo las fotos de mi carpeta en la prepa y en la universidad para que se den una idea de la clase de persona que soy. 


 

12. Mayor locura echa por un manga


¿Hacer cosplay? O sea, no se me ocurre ninguna otra y el cosplay ya me parece una suficientemente grande. Para prueba, el hecho de que he pasado horas intentando verme bien como Katsuki Bakugo.

13.Villano favorito


Tomura Shigaraki, últimamente, es el favorito de calle. Probablemente ahora mismo es el villano principal de My Hero Academia (Kohei Horikoshi) y a mi me fascina que sea presentado como un agente del caos que sueña con destruirlo todo. ¿Motivaciones? Todo le caga. Fin. Es mi favorito, todo el arco de los villanos en el manga me encantó (sobre todo sus escenas) y su backstory me hicieron apreciarlo con ganas. Pero no es el único, claro.


Father, de Fullmetal Alchemist (Hiromu Arakawa) también es de mis villanos favoritos. Prácitcamente todo el cast allí (menos Sloth, Sloth me cae mal). Envy también me gustaba mucho y sentí mucho el fin de Lust


14. Manga que le gusta a todo el mundo y a ti no


¡No sé! Lo único que considero cercano al asunto es Jojo's Bizarre Adventure (Hirohiko Araki) pero es que no me atrae para nada. No les puedo decir que no me gusta porque no me he acercado mucho como para averiguarlo.


15. Peor y mejor comienzo de un manga


No creo que haya uno que yo califique de peor todavía. Sólo hay inicios lentos en mi haber, así que dejaré esa categoría vacía. Mejor, voy a decir que el primer tomo enterito (y ya sólo el primer capítulo) de The Promised Neverland de Kaiu Shirai y Posuka Demizu. Después de ese primer capítulo, no hay manera de soltar el tomo hasta terminarlo. Y después de ese inicio, no queda otra más que leer todo el manga. 


16. Peor y mejor final de un manga


En mejor final, no hay otro que no sea Fullmetal Alchemist de Hiromu Arakawa. Es una historia redonda, perfectamente contada, todos los personajes cumplen sus ciclos... vamos, que me encanta todo. No tengo una sola queja sobre este final.


Y peor... bueno. A ver. No está terminado exactamente pero Attack on Titan de Hajime Isayama tiene crimen. Para mí termina donde llegan y ven el mar por primera vez, es lo único que acepto. Todo lo que va después me parece un despropósito que no entiendo a donde va. Quiero zapear a Eren, sólo sigo leyendo porque consigo migajas de Levi Ackerman cada tanto. Es la verdad. (Y vamos, que lo militarista le brota a Isayama todavía con más ganas últimamente).

17. Manga que leíste muchas veces


Creo que ninguno completo. Aunque hay tomos y escenas a las que regreso una y otra vez. Pero ninguno completo. Así que dejaré esto vacío por lo mientras. En diez años que quizá vuelva a llenar este tag, hablamos.

18. Mangas pendientes



¡Muchísimos! Si vieran nada más la lista que tengo en la app donde leo manga. Pero bueno, les menciono algunos. Hace mucho que vi el anime y quiero leer el manga: Saikano de Shin Takahashi. Es una historia super triste. Witch Hat Atelier de Kamome Shirahama lo empecé hace tiempo pero por unas o por otras no he podido seguirlo. También tengo super pendiente Demon Slayer de Koyoharu Gotouge (y el anime igualmente). Y hace mucho tiempo leí como tres light novels de No. 6 y pues por no dejar quiero leer el manga de Atsuko Asano. Y esos son nada más cuatro ejemplos.

19. Pareja perfecta de un manga




Deku y Bakugo o Bakugo y Kirishima o... No, ya en serio. Bueno, no, lo anterior lo dije completamente en serio también. Me encanta Mafuyu Sato y Ritsuka Uenoyama de Given (Natsuki Kizu) aunque no sé todavía si definirlos como pareja perfecta. Apenas tienen un romance en desarrollo, entonces pues sigo atenta a ver qué ocurre. 


Inuyasha y Kagome/Aome (Inuyasha, Rumiko Takahashi) me encantan, pero es más que nada gracias a la actitud de ella, que me parece una heroína increíble (Inuyasha es muy menso, pero así lo queremos). También, por supuesto, Roy Mustang y Riza Hawkeye (Fullmetal Alchemist, Himoru Arakawa). Parejas que me hacen creer en el romance. 


20. Cita favorita de un manga.


«Nada es perfecto; el mundo no es perfecto, pero está ahí para nosotros, haciéndolo lo mejor que puede. Eso es lo que hace que sea tan condenadamente hermoso». Fullmetal Alchemist, Hiromu Arakawa.

No suelo etiquetar gente pero a ver si es chicle y pega: me encantaría ver las respuestas de Los libros del gato negro, El guardián de las palabras y Hitzuji (que todos saben que de no haber sido por la pandemia, lo habría hecho con ella).